Durante el inicio de 2026, el mercado cambiario de Costa Rica ha registrado una apreciación acelerada del colón, con el tipo de cambio de referencia para la venta alcanzando niveles no observados desde 2005. Esta tendencia ha modificado significativamente las condiciones del mercado y plantea desafíos para la estabilidad cambiaria y la competitividad internacional, según un análisis difundido por el Observatorio Económico y Social de la Universidad Nacional.
El tipo de cambio de referencia para la venta, calculado diariamente por el Banco Central de Costa Rica (BCCR), descendió a ¢476.4 por dólar estadounidense al 23 de febrero de 2026. Desde el 1º de enero, el dólar se depreció ¢25.01, pasando de ¢501.4 a ¢476.4; la variación acumulada implica una apreciación del colón cercana al 5%. La última vez que se observó un tipo de cambio similar fue en junio de 2005.
En ajuste interanual, la magnitud de la corrección reciente también se hace evidente. Entre el 1º de enero y el 23 de febrero de 2025, el tipo de cambio se redujo apenas ¢3.83 (alrededor de 0.7%). En contraste, en el mismo período de 2026, la disminución fue de ¢25.01, casi 5%. Desde el máximo anterior, registrado el 23 de junio de 2022 en ¢698.4 por dólar, el tipo de cambio descendió ¢222, mostrando una reducción acumulada cercana al 32% en menos de cuatro años.
Un mercado cambiario más dinámico: MONEX y superávit en ventanilla
En el MONEX (Mercado de Monedas Extranjeras), donde operan los principales actores bajo supervisión del BCCR, se observó una mayor actividad. Entre el 1º de enero y el 20 de febrero de 2026, el tipo de cambio promedio ponderado cayó ¢22.5, al pasar de ¢497.1 a ¢474.6. El año anterior, el descenso apenas fue de ¢2.1.
El aumento en los montos negociados acompañó este comportamiento: en 2026, el intercambio de divisas ascendió a USD 1,265 millones, frente a USD 1,191 millones en igual período de 2025. Esto representa un incremento de USD 74 millones, o 6.2%.
Respecto a las operaciones de contado en ventanilla, las transacciones realizadas por intermediarios autorizados con el público no financiero, el saldo neto superavitario persistió en ambos años, aunque se redujo de USD 911 millones en 2025 a USD 792 millones en 2026. Pese a la reducción del superávit, la apreciación del colón se intensificó en el último año, lo que indica que otros factores además del saldo neto influyeron de manera decisiva en la evolución cambiaria reciente.
Intervenciones y fortalecimiento de reservas internacionales
Para enfrentar las presiones a la baja sobre el tipo de cambio durante 2026, el BCCR incrementó su intervención en el MONEX mediante dos tipos de operaciones: acumulación ordinaria de reservas internacionales y compras de divisas para estabilización, buscando evitar fluctuaciones abruptas.
En los primeros 35 días hábiles de 2026, el BCCR realizó compras propias de divisas por USD 634.8 millones, muy por encima de los USD 115.6 millones adquiridos en el mismo período del año anterior. Esta estrategia contribuyó tanto a fortalecer las reservas internacionales como a absorber parte del excedente de dólares, moderando la caída del tipo de cambio.
Durante el año transcurrido entre el 19 de febrero de 2025 y el 19 de febrero de 2026, las reservas internacionales netas aumentaron en USD 4,486 millones (+31%), al pasar de USD 14,428 millones (14% del PIB) a USD 18,914 millones (16,7% del PIB). Esto refuerza la posición externa del país y amplía el margen de maniobra ante posibles choques externos.
Adicionalmente, el Banco Central optó por intervenciones de estabilización para contener movimientos atípicos. Los días 19 y 20 de febrero de 2026 se adquirieron USD 57.4 millones para impedir caídas desordenadas del tipo de cambio. La última intervención de este tipo había ocurrido en diciembre de 2015, y apenas alcanzó USD 1.1 millones, subrayando la excepcionalidad de la medida. No obstante, el tipo de cambio promedio ponderado en el MONEX cayó alrededor de ¢5 en solo dos días, lo que ilustra la intensidad de las presiones bajistas.
Factores estructurales y coyunturales impulsan la apreciación
La evolución responde a una combinación de factores estructurales y coyunturales. Un mayor dinamismo en las exportaciones, especialmente las de zonas francas, el crecimiento del turismo, el aumento de la inversión extranjera directa y la reducción del déficit comercial incrementaron sostenidamente la oferta de divisas.
La menor factura petrolera ha sido determinante: en 2025, las importaciones de combustibles fueron USD 519 millones inferiores a las de 2022 y USD 302 millones más bajas que en 2024, contribuyendo a reducir la demanda de dólares.
En el corto plazo, la temporada alta turística elevó los ingresos en divisas. Simultáneamente, varias empresas con obligaciones en colones, como planillas, impuestos o liquidaciones, debieron convertir dólares a moneda local. Además, al anticipar la continuidad de la tendencia bajista en el tipo de cambio, los agentes adelantaron la venta de divisas, lo que amplificó la presión a la baja.
Estos factores, al combinarse, generaron un entorno de alta liquidez en dólares, clave para entender la apreciación sostenida del colón a inicios de 2026.
Quienes ganan y pierden con un colón fuerte
La apreciación del colón redistribuye beneficios y costos entre distintos sectores de la economía costarricense. Los consumidores disfrutan de precios más bajos en bienes importados y productos con alto contenido externo. Empresas que dependen de insumos importados experimentan una reducción de costos en moneda local, y el Gobierno mejora su perfil de deuda externa, al requerir menos colones para pagar intereses o principal en dólares. Los deudores en dólares con ingresos en colones también se benefician, pues disminuye el costo efectivo de sus obligaciones.
Por otra parte, el fortalecimiento de la moneda nacional ayuda a moderar la inflación al reducir la presión sobre los precios de los bienes comercializables internacionalmente.
En contraposición, exportadores y el sector turístico resultan perjudicados, ya que sus ingresos en dólares se traducen en menos colones, afectando su rentabilidad y competitividad si sus gastos principales son en moneda local. Los hogares que reciben remesas o ingresos en dólares también se ven afectados, pues el poder de compra de estos recursos disminuye. Asimismo, las empresas que compiten con productos importados enfrentan mayor presión al abaratarse los bienes extranjeros en el mercado interno.