Tras haber aceptado cargos por el delito de fraude procesal, Juliana Guerrero, que admitió haber tramitado títulos falsos para aspirar a un cargo público, se refirió a las distintas acusaciones y señalamientos que surgieron en su contra debido a su cercanía con el gobierno del expresidente Gustavo Petro y las irregularidades en las que resultó salpicada.
De acuerdo con la joven, que quiso llegar a ser viceministra de Juventudes del Ministerio de Igualdad presentando certificaciones de grado falsas, en medio del escándalo, tanto ella como su familia fueron blanco de acusaciones que carecen de sustento. Sin hacer una mención específica, se refirió a declaraciones que dio Angie Rodríguez, exdirectora del Departamento Administrativo de Presidencia de la República (Dapre).
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“Durante este tiempo se han dicho muchas cosas sobre mí. Me han llamado de todo en todos lados y lo peor es que se metieron con mi familia. Acusaron a mi mamá de ser comandante de un grupo ilegal cuando ella es el ser más noble que hay sobre la Tierra. Dijeron que yo era guerrillera y los medios replicaron eso sin ninguna prueba, dándole voz a una persona cuya salud mental está muy en duda”, aseveró.
De igual manera, Guerrero se desligó de los chismes y especulaciones que surgieron por su cercanía con algunos políticos poderosos. Negó que su paso por la administración Petro y otros logros estén supeditados a la ayuda de un hombre. En su momento, incluso, se afirmó que la joven había tenido una relación sentimental con el exmandatario, algo que él mismo negó.
“Yo no tuve que seducir a ningún hombre para llegar a donde llegué. Y yo todo esto lo cuento porque yo no quiero promover el odio. Yo creo que ya guardé bastante silencio. Resistí todas las calumnias que inventaron sobre mí y yo no pago con la misma moneda, pero yo creo que ya es suficiente para todos, para mí, para ustedes. Creo que ya la gente está aburrida de verme la cara a mí en todos lados”, dijo Guerrero.
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Asimismo, cuestionó a algunos congresistas que, en su momento, se valieron de su “privacidad” para conseguir votos. Según indicó, esas personas “ahora brillan por su ausencia” y ahora parece no interesarles la juventud, como indicaron en un inicio.
También criticó a la prensa por no pronunciarse frente a señalamientos de los que fue víctima, que constituyen actos de violencia basados en género. “Que periodistas que ahora rechazan el acoso y la violencia de género guardaron silencio conmigo cuando me trataron de moza, puta, prostituta y quién sabe cuántas cosas más. Conmigo la legitimaron, justificaron y amplificaron esa violencia”, indicó.
Entre las acusaciones en su contra también hay algunas relacionadas con el presunto desvío de recursos. Sin embargo, Guerrero aseguró que las personas que la señalan de ser “una ladrona” no presentaron ninguna evidencia que soporte sus declaraciones. Además, aseguró que en ningún momento fue escuchada su versión y los señalamientos fueron suficientes para condenarla socialmente.
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La joven afirmó que todas estas situaciones que se presentaron afectaron su salud mental y también generaron un impacto en su familia. Afirmó sentirse avergonzada de ver su rostro en las redes sociales y en las noticias, así como de decir su nombre cuando debe presentarse.
Su diario vivir cambió por completo y, según indicó, muchas veces optó por abstenerse de salir para no ser blanco de escrutinio público. “Tengo el corazón roto y mi autoestima un poco destruida (...). A mí me humillaron, me hicieron sentir vergüenza de mí misma, me hicieron sentir que yo no tenía derecho a vivir, a salir, a sonreír. Muchas veces me cohibí de salir a la calle, de disfrutar como una persona que a mi edad tiene todo el derecho a hacerlo. Debilitaron mi círculo de cuidado y llegué a sentirme sola cuando no era así (...). Yo llegué a creer que era normal pasar horas y horas llorando en la iglesia”, confesó.
Así las cosas, Guerrero reconoció que cometió un “error” y que asumirá las consecuencias de ello. Sin embargo, advirtió que no se esconderá. “Yo quiero cerrar este capítulo. Yo creo que ya es suficiente (...). No quiero que me sigan crucificando por este error. Creo que el único que tiene derecho a juzgarnos es Dios”, dijo.
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