Natalia Segura, la influenciadora caleña conocida como La Segura, lleva dos noches sin conciliar el sueño desde que el terremoto que sacudió a Colombia el 10 de agosto.
En la madrugada del 13 de agosto publicó una historia en su cuenta de Instagram que describía, con una franqueza poco común, el estado de alerta permanente en que vive desde el sismo.
“No sé a quién más le está pasando, pero llevo 2 noches sin dormir bien, siento que se mueve la cama como si estuviera temblando, me despierto con el sonido del viento y los árboles moviéndose”, escribió la vallecaucana, acompañada de una fotografía con sus ojos rojos por las lágrimas.
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El pánico nocturno que describe la creadora de contenido
La sensación de movimiento constante después de un sismo fuerte es una respuesta fisiológica y psicológica reconocida. El sistema nervioso permanece en estado de alerta tras la experiencia del temblor, lo que provoca que el cerebro interprete estímulos cotidianos como señales de peligro.
Pero en el caso de La Segura, ese estado de alerta tiene una dimensión adicional. Cada noche planea mentalmente rutas de escape para poner a salvo a su hijo, y en ninguna de ellas se incluye a sí misma: sabe que la espasticidad —una rigidez muscular involuntaria, secuela de un trauma raquimedular que sufrió tras un ataque con arma de fuego en su juventud— se apoderaría de su cuerpo ante el pánico y no le permitiría moverse.
Casi cinco años de dolor crónico sin solución
El contexto de salud de La Segura es el de alguien que lleva casi cinco años buscando una salida a un dolor que los médicos ya declararon permanente.
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El 30 de julio, apenas diez días antes del terremoto, publicó un video de más de diez minutos en el que relataba entre lágrimas el último diagnóstico recibido: “Han hecho absolutamente todo y nada ha servido. Básicamente, me choqué con el muro de la realidad de lo que está pasando y va a pasar con mi cuerpo”.
El origen del cuadro es un ataque con arma de fuego que sufrió años atrás y que le provocó daños severos en la médula espinal. Aunque la rehabilitación le devolvió la movilidad, las secuelas neurológicas —entre ellas la espasticidad y el dolor muscular crónico— nunca desaparecieron.
Una cirugía que agravó el cuadro
Ante el agravamiento del dolor en la espalda y la rigidez en las piernas, La Segura se sometió a la implantación de un neuroestimulador, un dispositivo diseñado para mitigar el dolor crónico. La operación no solo no redujo las molestias: las intensificó y le provocó neuropatía.
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El fracaso del procedimiento generó un desgaste emocional profundo. “Después de ese proceso, yo me descompuse emocionalmente, mentalmente, y obviamente ha sido detrás de la pantalla”, reconoció en julio.
A ese historial se sumó una hospitalización de urgencia el 10 de julio, cuando un cuadro de vómito persistente la obligó a buscar atención médica pasada la medianoche. Recibió medicamentos por vía intravenosa y obtuvo el alta pocas horas después, aunque con dolores abdominales que continuaron durante el día.
El nuevo enfoque ante un diagnóstico sin retorno
Sin una solución médica definitiva, La Segura adoptó un giro en su tratamiento: la terapia psicológica como hábito permanente, junto con alternativas como el yoga y las terapias bioenergéticas.
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“Yo voy a coger esto como un estilo de vida, algo necesario y obligatorio para mi cuerpo”, explicó. Y añadió que su mayor herramienta ha sido siempre la mente: “Soy humana y no es fácil”.
El terremoto del 10 de agosto llegó en medio de ese proceso de reajuste. La historia publicada a la madrugada del 13 condensa en pocas líneas lo que La Segura viene procesando desde hace años: la distancia entre lo que muestra en pantalla y lo que enfrenta fuera de ella, ahora agudizada por el miedo a un nuevo sismo.