Cuatro meses después del accidente de un avión Hércules de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, Blanca Cecilia habló por primera vez sobre la muerte de su hijo, el soldado José Esteban Marín, uno de los militares que perdió la vida en el siniestro.
La mujer recordó al joven de 21 años como un hijo amoroso, disciplinado y comprometido con su familia. Para ella, José Esteban no era solo un militar que había decidido servir al país, sino un muchacho que tenía claro su mayor propósito: ayudar a su mamá y cambiar las condiciones de vida de su hogar.
De acuerdo con la información publicada por Blu Radio, Blanca Cecilia es madre de diez hijos y sostiene una pequeña microempresa de empanadas en Bogotá. José Esteban era el octavo de sus hijos y desde joven había mostrado vocación por la vida militar.
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Antes de iniciar su servicio, el soldado le repetía una promesa que hoy su madre conserva como uno de los recuerdos más dolorosos y valiosos: “Mami, lo que más sueño es dejarle su casa, que mi mami viva dignamente, que nadie la moleste”.
La última llamada antes del accidente
La última conversación entre madre e hijo ocurrió un domingo. José Esteban le habló de su rutina en el batallón donde se encontraba, en el departamento del Meta, sin imaginar que esa sería la última vez que compartirían una llamada.
Al día siguiente, la familia recibió una noticia que cambió todo. Les informaron que el avión militar en el que el joven viajaba hacia Bogotá se había accidentado. Desde ese momento comenzó una búsqueda angustiosa por hospitales y clínicas de la capital.
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La esperanza de encontrarlo con vida acompañó a la familia durante esas primeras horas. Sin embargo, después llegó la confirmación que nunca quisieron recibir: José Esteban Marín había fallecido.
El accidente del avión Hércules cobró la vida de casi 70 militares, según el reporte, y dejó a decenas de familias enfrentadas a una pérdida que todavía intentan procesar. En el caso de Blanca Cecilia, la ausencia de su hijo sigue presente en cada rincón de su casa y en los recuerdos que conserva de él.
Aun así, la mujer asegura que ha encontrado fuerza en su fe, en sus hijos y en su nieta. “He dejado de llorarlo, sí, pero me toca levantarme todos los días. Uno no pierde un hijo; Dios me lo prestó por 21 años y aprendí a valorar a mis hijos por más difícil que sea”, expresó durante una conversación con el Ejército.
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Un legado que sigue en la familia
La muerte de José Esteban no apagó el vínculo de su familia con las Fuerzas Militares. Durante el sepelio, Iván, uno de sus hermanos, prometió que seguiría sus pasos. Hoy adelanta su formación en la Armada Nacional, en Coveñas.
La menor de la familia, Sarita, también quiere ingresar al Ejército cuando termine el bachillerato. Para Blanca Cecilia, esas decisiones muestran que el ejemplo de José Esteban sigue vivo y que su vocación dejó una huella profunda en sus hermanos.
Mientras continúa al frente de su negocio familiar, rodeada de fotografías y recuerdos, la madre del soldado mantiene viva su memoria. El uniforme que alguna vez vistió su hijo representa para ella mucho más que una carrera militar: simboliza el amor de un joven que soñaba con darle estabilidad a su familia.
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La historia de José Esteban Marín quedó marcada por una promesa que no alcanzó a cumplir, pero también por el legado que dejó en su casa. Su madre lo recuerda como el hijo que quería verla vivir dignamente y que, pese a su partida, sigue siendo motivo de orgullo para quienes lo amaron.