El jefe criminal Freyner Ramírez, conocido como “Carlos Pesebre”, decidió hablar abiertamente sobre el controvertido tarimazo de La Alpujarra, en Medellín, y el rumbo de los diálogos de paz en esa ciudad. Sus declaraciones trazan un duro balance sobre la manera en que el Gobierno nacional y local han gestionado este proceso, en el que participaron incluso el presidente Gustavo Petro y numerosos jefes de grupos ilegales.
Ramírez, que ha sido durante años una de las voces más críticas en la mesa Socio-Jurídica, aseguró en Caracol Radio que el evento del 21 de junio de 2025 fue presentado ante ellos como un “evento de paz”, pero se distorsionó por completo.
“Para nosotros era un evento de paz, un evento donde se iban a presentar unos programas como era el programa piloto antiextorsión, el programa este de los barrios Sin Tusi y un programa muy importante que se estuvo ideando aquí con Bienestar Familiar (...) eso se iba a lanzar ese día y se lanzó, la directora del instituto lo dijo, pero nadie lo escuchó porque eso se volvió un problema político”, explicó el jefe de Los Pesebreros.
PUBLICIDAD
Según sus palabras, el acto terminó “siendo una plataforma política donde empezaron a hablar de reelección y un poco de cosas que no tenían nada que ver con nosotros”.
El llamado Tarimazo de La Alpujarra, que reunió a miembros del gobierno nacional y a 23 líderes de grupos ilegales, fue anunciado como una oportunidad para mostrar avances y nuevos programas de paz. Sin embargo, el evento derivó en una confrontación política, lo que generó malestar en varios de los asistentes y desvió la atención de sus objetivos originales.
Críticas a la conducción de la mesa Socio-Jurídica
La gestión del diálogo, encabezada por la senadora Isabel Zuleta, también recibió severos cuestionamientos por parte de Ramírez. Según el líder, desde que Zuleta asumió la coordinación, la construcción metodológica de la mesa y los protocolos nunca se socializaron públicamente, causando errores de comunicación y concreción.
PUBLICIDAD
“Quedó la doctora de coordinadora, entonces desde ahí empezamos a trabajar el tema metodológico, a construir los protocolos, construimos una agenda que nunca se hizo pública, entonces para mí hubo muchos errores de conducción, de concreción y de comunicación”, advirtió.
En un momento clave del proceso, Ramírez tomó la decisión de renunciar al espacio de diálogo. El motivo, según explicó, fue el profundo malestar por la falta de avances reales y la sensación de que la mesa se utilizaba con fines políticos ajenos a la búsqueda de soluciones para la ciudad.
Durante la entrevista, el líder de Los Pesebreros también cuestionó la falta de continuidad y compromiso por parte de los comisionados de paz, mencionando tanto a Danilo Rueda como a Otty Patiño.
PUBLICIDAD
“Cuando estaba el doctor Danilo Rueda en la mesa empezó con muy buenas intenciones pero no estaba avanzando políticamente no se veía ninguna voluntad, luego vino el doctor Otty Patiño y nosotros como él fue combatiente en un proceso de paz nos llenamos de mucha expectativa, vino la primera vez aquí, nos conocimos y después en ocho meses no volvió a aparecer”, detalló.
Ramírez lamentó que la mesa de conversaciones haya terminado convertida en un escenario de lucha política entre el gobierno nacional y la alcaldía encabezada por Federico Gutiérrez. A su juicio, la postura de la administración municipal perjudicó gravemente el “ambiente” de trabajo y restó seriedad al proceso.
Pese a los constantes tropiezos, el vocero de las estructuras ilegales destacó lo que considera el mayor avance de la mesa: la preservación de vidas en Medellín. “En la mesa indudablemente el trabajo más visible que hizo fue salvar vidas. Como bien sabemos, desde que estamos reunidos aquí los voceros, no líderes de bandas, porque nosotros no somos líderes de bandas desde hace muchos años”, sostuvo.
PUBLICIDAD
A lo largo de la entrevista, quedó claro que el proceso de paz en Medellín enfrenta grandes desafíos por la disputa de intereses, la improvisación metodológica y la falta de comunicación efectiva. La mesa de diálogo sigue siendo un escenario en disputa, donde las expectativas de los líderes ilegales contrastan con la utilización política que, según denuncian, domina el espacio.