El 20 de mayo, el alcalde de Medellín, Federico “Fico” Gutiérrez, celebró en su cuenta de X que había sido ratificada la extinción de dominio de una propiedad en la que durante varios años funcionó una casa museo sobre la vida de Pablo Escobar, el mayor criminal en la historia de Colombia.
Un día después, la Sociedad de Activos Especiales emitió un comunicado en el que confirmó que el predio que fue entregado a la SAE, que lo dispuso para un proyecto social enfocado en la atención y protección de niños, niñas y adolescentes en la capital antioqueña.
Se trata de una propiedad ubicada en el sector de La Asomadera, en Las Palmas, estrato cinco, avaluada en más de 6.000 millones de pesos.
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La SAE recordó que, a pesar de las medidas cautelares por procesos de extinción de dominio que estaban abiertos, el inmueble permaneció en poder de Roberto Escobar Gaviria, hermano mayor de Pablo Escobar, “permitiendo que continuara operando como un espacio de exaltación del narcotráfico y de ‘narcoturismo’ en la ciudad”.
La entrega de la vivienda fue confirmada por el vicepresidente de Activos Muebles e Inmuebles de la SAE, Andrés Salazar, que habló de lo que representará el cambio que se registrará en este lugar.
“Ahora que el bien se encuentra extinto, desde la SAE tomamos la decisión de transformar este bien, que durante años estuvo ligado a la exaltación del narcotráfico, en un espacio útil para la sociedad y especialmente para la niñez. La instrucción ha sido clara: los bienes provenientes de economías ilícitas deben ponerse al servicio de las comunidades”.
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La entrega será parte de una estrategia llamada “Bienes que Transforman”, en la que donará este inmueble a una fundación enfocada en el bienestar y desarrollo integral de niños, niñas y adolescentes, seleccionada mediante la invitación pública. Allí se proyectarán actividades orientadas a la protección, formación y generación de oportunidades para menores de edad.
“Con esta decisión, la SAE avanza en la transformación de bienes que durante décadas estuvieron vinculados a economías ilícitas y hoy comienzan a convertirse en espacios con función social, orientados al fortalecimiento comunitario y a la construcción de nuevas oportunidades para las futuras generaciones”.
La historia de la vivienda que fue un museo sobre Pablo Escobar durante varios años
La propietaria inicial de la vivienda fue Gilma Aidée Urdinola Ospina, familiar de Iván Urdinola, cabecilla del extinto cartel del Norte del Valle, Pablo Escobar lo adquirió con dinero del narcotráfico y tras la muerte del capo la propiedad fue entregada por su esposa, Victoria Henao, a Marina Escobar y Gloria Escobar, hermanas del criminal. Esta escritura fue radicada en 1996.
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En el documento se confirma que las hermanas de Pablo Escobar no vivieron en el inmueble, sino que este fue administrado desde entonces por un tercero, Roberto Escobar, “El Osito”.
Durante varios años el hermano mayor del capo administró un museo en el que exponía elementos que según él pertenecieron al cartel de Medellín, compartía charlas con los turistas y vendió presuntas obras de arte que había pintado en prisión (después se confirmó que estas eran falsas).
En su cuenta de X, Federico Gutiérrez celebró que la propiedad no será más utilizada para recordar la vida del fundador del cartel de Medellín y los daños que provocó su guerra contra el Estado.
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“La mafia ha dejado infinitas heridas y cicatrices en nuestras familias: camas vacías, huérfanos y viudas. Entre 1983 y 1994 perdieron la vida de manera violenta 46.612 personas en Medellín por culpa del narcotráfico. Esta propiedad, que hoy pasa a manos del Estado, fue obtenida producto de dineros del narcotráfico, secuestros, asesinatos y toda clase de atrocidades”.