Mauricio Lizcano, exministro y actual candidato presidencial, planteó una visión crítica sobre el rumbo actual de la contienda política en el país de cara a las elecciones del próximo 31 de mayo de 2026.
En una entrevista concedida a El Tiempo, el aspirante a la Casa de Nariño señaló que las campañas electorales actuales giran en torno a quién puede vencer a su adversario en segunda vuelta, más que a proyectos concretos para la ciudadanía.
Según explicó, las fuerzas representadas por Paloma Valencia e Iván Cepeda concentran sus esfuerzos en estrategias de poder, dejando de lado propuestas de transformación social.
PUBLICIDAD
El exfuncionario cuestionó la lógica de una confrontación entre “maquinarias electorales”, identificando al petrismo y al uribismo como los ejes principales de la disputa. “El poder para qué”, preguntó Lizcano, citando a Maquiavelo para ilustrar la dinámica de acumulación de poder como un fin en sí mismo.
En sus declaraciones a El Tiempo, Mauricio Lizcano se distanció de la lógica de bloques tradicionales y centró su discurso en la necesidad de propuestas. “El poder para transformar la vida, para acabar la pobreza, para acabar con la corrupción, para luchar por tener una mejor infraestructura”, sostuvo.
El exministro afirmó que su campaña ha buscado diferenciarse a través de ideas y proyectos, en contraste con el enfoque de polarización que atribuye a los principales contendientes.
PUBLICIDAD
Durante la entrevista, Lizcano presentó como eje central de su propuesta el plan denominado Colombia Real, cuya meta es atender las necesidades cotidianas de la población.
En sus palabras, “hay una Colombia que es la Colombia de los políticos, donde lo único que están es de derecha a izquierda jugando con el poder. Pero hay otra Colombia, que es la Colombia donde la derecha y la izquierda no le dice nada”.
Según el candidato, existe una desconexión profunda entre la clase política y la vida diaria de los ciudadanos. El planteamiento de Colombia Real busca reflejar la realidad de quienes enfrentan dificultades para acceder a servicios básicos.
PUBLICIDAD
Lizcano describió la situación de “el ciudadano que se levanta a las cuatro de la mañana a hacer fila y no le entregan los medicamentos y va a un hospital y no lo atienden, el que sale a la calle y lo roban, el joven que va a buscar un primer empleo y no se lo dan porque dicen que no tiene experiencia”.
Estas situaciones, afirmó, constituyen la verdadera preocupación de la mayoría de los colombianos, más allá de las divisiones ideológicas.
El aspirante presidencial insistió, en que “la mayoría de los colombianos, la izquierda y la derecha no le dice nada. Igual le toca levantarse a trabajar”.
PUBLICIDAD
Lizcano subrayó que la cotidianidad de millones de personas se mantiene al margen de los debates políticos entre los principales bandos. En su visión, la ciudadanía enfrenta retos comunes independientemente de quién ocupe la presidencia.
La entrevista también abordó la percepción de las campañas rivales. Lizcano indicó que, según sus análisis, “cuando a usted se le pregunta que cuál es la mayor virtud de Paloma Valencia hoy es que le puede ganar a Cepeda en segunda vuelta. Y cuando usted le pregunta a Abelardo de la Espriella cuál es su mayor virtud en la campaña, es que le puede ganar a Paloma. ¿Y cuál es la mayor virtud de Cepeda? Es que puede lograr que Uribe no vuelva al poder”.
Así, resumió que la estrategia dominante consiste en definir la virtud de cada candidato por su capacidad de vencer al otro, en lugar de articular un programa de gobierno.
PUBLICIDAD
Lizcano hizo hincapié en que ese enfoque reduce el debate a una competencia de poder. “La mecánica electoral de dos maquinarias, petrismo y uribismo, ganados para ver quién tiene más poder y quién demuestra más poder en las próximas elecciones”, manifestó.
Frente a ese panorama, el dirigente propuso “una campaña de ideas, de propuestas, tratando de entender que el poder todavía tiene un propósito diferente a ganar elecciones”.
Por último, destacó que la clave para conectar con la sociedad radica en abordar los problemas reales y cotidianos, en lugar de priorizar la confrontación política.
PUBLICIDAD