La arepa, uno de los alimentos más representativos de la gastronomía colombiana, está cada vez más cerca de recibir un reconocimiento histórico en el país.
La Comisión Sexta de la Cámara de Representantes aprobó en primer debate un proyecto de ley que busca declarar este tradicional producto como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación y reconocer oficialmente a Ramiriquí, Boyacá, como la capital cacional de la arepa.
La iniciativa, impulsada por la representante boyacense Ingrid Sogamoso, pretende ir mucho más allá de un homenaje simbólico, pues el proyecto busca fortalecer la economía popular alrededor de este alimento, proteger las tradiciones culinarias ligadas al maíz y abrir espacios de apoyo para miles de familias que viven de la producción y comercialización de arepas en distintas regiones del país.
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La congresista aseguró durante la discusión del proyecto que la propuesta nace como una apuesta por la identidad cultural colombiana y por el reconocimiento de uno de los alimentos más consumidos en el territorio nacional.
“La arepa no es solamente un alimento; es tradición, es cultura y es, sobre todo, economía popular”, afirmó Sogamoso durante el debate legislativo, defendiendo la importancia de crear herramientas que permitan apoyar a productores y cocineras tradicionales.
Uno de los puntos que más ha llamado la atención es que el municipio de Ramiriquí sería reconocido oficialmente como epicentro cultural y gastronómico de la arepa en Colombia. La propuesta busca además fortalecer el Festival Internacional del Maíz, el Sorbo y la Arepa, un evento que se ha convertido en una vitrina cultural y turística para la región boyacense.
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La iniciativa también contempla la creación de un registro único de productores de arepa, herramienta que permitiría identificar a quienes hacen parte de esta cadena productiva en diferentes departamentos del país.
El objetivo es que pequeños negocios, agricultores, transformadores y comerciantes puedan acceder a programas de fortalecimiento económico, promoción comercial e incentivos institucionales.
Según explicó la representante, el registro incluiría “a personas de todo el país, de todos los tipos de arepas”, con el fin de impulsar estrategias de comercialización y apoyo para quienes dependen de este producto tradicional.
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El proyecto reconoce además la enorme diversidad gastronómica que existe alrededor de la arepa en Colombia. Desde las preparaciones boyacenses y santandereanas hasta las versiones antioqueñas, costeñas y cundiboyacenses, la iniciativa busca proteger los saberes ancestrales ligados al maíz y a la cocina típica del país.
Otro de los aspectos que contempla el articulado es la creación oficial del Día Nacional de la Arepa, fecha que coincidiría con la celebración del Festival Internacional del Maíz, el Sorbo y la Arepa en Ramiriquí. La intención es institucionalizar una celebración nacional que permita potenciar el turismo gastronómico y reforzar la identidad cultural en torno a este alimento.
Aunque el componente cultural ha sido uno de los ejes principales de la propuesta, el impacto económico también ocupa un lugar clave dentro del proyecto. Los impulsores de la iniciativa consideran que detrás de la arepa existe una amplia red de economía popular que involucra agricultores, cocineras tradicionales, negocios familiares y pequeños productores que sostienen buena parte de la actividad gastronómica local en diferentes regiones.
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Durante el debate legislativo también se aclaró que el reconocimiento de Ramiriquí como capital nacional no busca excluir a otras regiones del país donde la arepa forma parte esencial de la identidad culinaria. Por el contrario, la propuesta pretende que productores de distintas zonas puedan beneficiarse de estrategias de promoción y fortalecimiento derivadas de la eventual ley.
Ahora, el proyecto deberá superar tres debates más en el Congreso de la República antes de convertirse oficialmente en ley. Tras su aprobación en la Comisión Sexta, la iniciativa avanzará hacia la plenaria de la Cámara de Representantes, donde continuará la discusión sobre los alcances culturales, turísticos y económicos que tendría este reconocimiento para uno de los productos más emblemáticos de la cocina colombiana.