El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible elevaron la probabilidad de desarrollo del fenómeno de El Niño en Colombia, proyectando que para septiembre de 2026 la probabilidad supere el 90%.
Según los boletines técnicos más recientes, entre mayo y julio del 2026 el riesgo de consolidación de El Niño ya es del 61%, con un incremento progresivo durante el segundo semestre. Las autoridades nacionales advierten sobre impactos climáticos inminentes, entre los que se destacan riesgo de incendios forestales, olas de calor, estrés hídrico y afectaciones en la producción de alimentos.
La ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible (e), Irene Vélez Torres, alertó que “este es un momento para anticiparnos, y por eso hacemos un llamado a las autoridades y a los sectores a prepararse desde ya. Cuidar el agua y tomar medidas preventivas es proteger la vida. Desde el Gobierno nacional continuaremos monitoreando la situación y orientando acciones oportunas para enfrentar este escenario”.
El Ideam, por su parte, señaló que aunque El Niño no afecta de igual manera a todo el territorio nacional, la mayor parte del país experimentará disminución de precipitaciones y aumento de temperaturas, lo que podría derivar en sequías severas y presión sobre los recursos hídricos.
CAR emite alerta y llama a activar planes de contingencia ante inminente El Niño
La advertencia más contundente la realizó la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), que identificó a la cuenca del río Bogotá como la más vulnerable ante la inminencia de El Niño. El director de la CAR, Alfred Ignacio Ballesteros, explicó que de cumplirse los pronósticos y extenderse el fenómeno por cerca de seis meses, la cuenca del río Bogotá, que abastece a 12 millones de personas, enfrenta el mayor riesgo de desabastecimiento hídrico en el país.
Ballesteros hizo un llamado urgente a las autoridades territoriales, empresas de servicios públicos, industrias, sectores productivos y comunidad en general para anticiparse y prepararse con planes de contingencia, tanto para la disponibilidad de agua como para la gestión de incendios forestales. “Con dos meses de anticipación invitamos a los sectores productivos a implementar los Planes de Uso Eficiente y Ahorro de Agua (Pueaa) y a las empresas de servicios públicos a poner en marcha planes alternos de abastecimiento de agua potable para evitar una situación como la vivida en 2024”, afirmó.
El funcionario señaló que tanto el Ideam como la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (Noaa) prevén un fenómeno de El Niño con intensidad superior a la de 2024 y prolongación hasta finales de 2026. Esta situación requiere activar los mecanismos preventivos y no esperar a que la crisis esté en pleno desarrollo.
Ballesteros fue enfático en señalar que: “Hoy sería irresponsable decir que estamos ante un inminente racionamiento, pues cada vez es más difícil que las autoridades climáticas puedan predecir con exactitud el comportamiento del clima por su variabilidad, pero también sería irresponsable ignorar lo que se viene”.
Estrategias de la CAR y acciones preventivas
La CAR viene trabajando en articulación con la Gobernación de Cundinamarca y entidades internacionales como la ONU, Másbosques y WWF, en proyectos de exploración de pozos profundos, ampliación del embalse del Neusa, recuperación de 330 microcuencas abastecedoras y la ejecución de proyectos de pago por servicios ambientales (PSA).
El director Ballesteros subrayó que la cuenca del río Bogotá es la de mayor presión poblacional del país y que ya se observan señales de tensión en otras cuencas y ecosistemas cada vez más frágiles. “Esta no es una alerta más, es una oportunidad para hacer las cosas bien: Monitorear nuestras fuentes hídricas, proteger las coberturas vegetales, activar planes de contingencia y sobre todo articularnos y coordinar decisiones. Si no lo hacemos, el costo lo pagamos todos”, puntualizó.
Impactos previstos por El Niño en Colombia
Entre los principales efectos esperados destacan la disminución de precipitaciones, aumento de temperaturas, sequías, caída en los niveles de embalses y riesgo de desabastecimiento de agua potable. Además, se incrementa la probabilidad de incendios forestales y pérdida de biodiversidad, mientras que los sectores agrícola y de la salud anticipan afectaciones a pequeños productores y un posible aumento de enfermedades respiratorias asociadas a condiciones extremas.
Finalmente, el Ideam continuará el monitoreo permanente de la evolución de El Niño y emitirá actualizaciones técnicas para la toma de decisiones y la prevención de riesgos.