La revelación de una relación de juventud entre Alberto Mejía, padre de Tatán Mejía, y la actriz Amparo Grisales generó sorpresa en redes sociales. La diseñadora Natalia Mejía Uribe, conocida como Tatana Mejía, publicó un video en el que aparece junto a su padre conversando sobre los detalles del noviazgo que él mantuvo con Grisales hace más de 40 años en Manizales.
El dato más llamativo es que ambos coincidieron como deportistas en la selección Caldas de voleibol cuando apenas tenían 16 años. La noticia cobró relevancia tras la grabación en la que la hermana de Tatán contó que descubrió la historia al comenzar un trabajo con la actriz, lo que permitió que padre e hija reconstruyeran los recuerdos de esa relación.
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La anécdota se remonta a hace 12 años, justo cuando Mejía Uribe fue convocada para colaborar con Grisales en el área de vestuario de un programa de televisión.
Comentó que, al mencionarle a su padre que compartiría set con la artista, él admitió que “Amparo Grisales fue novia mía”, declaración que en un primer momento creyó una broma hasta que lo corroboró directamente con la actriz.
El reencuentro telefónico entre los antiguos novios ocurrió después de que Grisales identificara de inmediato el nombre y preguntara por “uno de los gemelos”, una expresión que confirmó la autenticidad del relato familiar. La actriz expresó su interés en restablecer contacto con Alberto Mejía después de varias décadas sin saber de él.
El noviazgo adolescente de Amparo Grisales y Alberto Mejía en el voleibol de Caldas
El papá del deportista relató cómo se inició el vínculo sentimental con la diva manizaleña durante la adolescencia: “Jugaba voleibol en la Selección Caldas y ella jugaba también voleibol en la Selección Caldas”.
Añadió que ambos tenían “por ahí dieciséis años, dieciséis, diecisiete años. Ella era muy buena, era la mejor jugadora, y le fue echando el ojo a este, a este bobito. Y yo tampoco era bobito, tampoco”.
Según la reconstrucción de Mejía, el noviazgo respondía a la época y se limitaba a gestos de cariño reservados. Mencionó: “No, piquitos por ahí de la mano, pero no más”.
Recordó además la partida de Grisales a Bogotá para iniciar su carrera como bailarina, lo que supuso un punto de inflexión en el vínculo. “Ella bailaba atrás de los cantantes”, agregó al referirse a los comienzos artísticos de la actriz.
La narración incorpora detalles específicos y visuales del reencuentro posterior en Manizales. Mejía describió cómo Grisales, al volver a su ciudad natal, fue a buscarlo con “una faldita rosada y unas medias como en malla”, y lo llevó a presentarse ante Doña Raquel, su madre, para plantear sus intenciones: “Vea, señora Doña Raquel, es que yo vengo por su hijo, porque yo me lo voy a llevar pa Bogotá”.
La decisión materna y el rumbo de la relación
La madre de Alberto Mejía respondió con firmeza y rechazó que la relación avanzara:“No, no, no, a mi muchacho no se me lo lleva por allá. No, no, no, no”, rememoró Mejía sobre la negativa de Doña Raquel a permitir que su hijo se fuera a Bogotá con la joven actriz.
En tono humorístico, Natalia Mejía comentó la posibilidad alternativa que abría ese pasado: “O sea, yo podría ser hija de Amparo Grisales”. La diseñadora destacó el trato recibido años más tarde: “O sea, ella conmigo se portó demasiado bien. Yo tengo muy buenos recuerdos de Amparo Grisales”.
El episodio fue difundido en redes sociales por Natalia Mejía Uribe y tuvo amplia circulación en medios locales por la relevancia de Amparo Grisales en la televisión colombiana y el interés del público por relatos poco conocidos de su juventud.