Las consultas del 8 de marzo no resolvieron la elección presidencial, pero sí despejaron varias incógnitas. Y, sobre todo, dejaron una conclusión clara: el centro se desplazó, la izquierda no se movió y la derecha encontró candidata.
El primer dato llamativo es el fracaso de la consulta de la izquierda. La capacidad de movilización de Roy Barreras fue sobreestimada y la explicación es menos enigmática de lo que parece. Muchos de los barones electorales que debían aportar votos concentraron sus maquinarias en una tarea más urgente para ellos: asegurar sus propios resultados para el Congreso.
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A ello se sumó la disciplina del petrismo. El llamado a boicotear la consulta funcionó y redujo aún más la participación. El desenlace confirma algo que se intuía desde hace meses y es que el liderazgo de Iván Cepeda en la izquierda no enfrenta hoy una competencia real. Lejos de abrir una disputa interna, la consulta terminó ratificando que el candidato del oficialismo llegará a la primera vuelta con su base cohesionada, sin fracturas relevantes.
En el centro, la consulta tampoco cumplió las expectativas. La victoria de Claudia López fue al mismo tiempo clara en términos porcentuales y débil en términos cuantitativos. Ganó con holgura frente a su competidor, pero muy lejos del millón de sufragios. El golpe se agrava con otro dato: la derrota de Angélica Lozano en la elección al Senado que deja a López sin uno de sus principales anclajes políticos.
La pregunta inevitable es, entonces, hacia dónde se reorientarán esos votantes de centro tras el revés de López y el desgaste acumulado de Sergio Fajardo.
La pista más clara está en la consulta que sí fue exitosa: la de la centroderecha. La llamada Gran Consulta por Colombia concentró la inmensa mayoría de los sufragios de la jornada y se aproximó a los seis millones de votos. En ese escenario emergieron dos fenómenos distintos, pero complementarios.
El primero es la victoria contundente de Paloma Valencia. La senadora uribista obtuvo más de tres millones de votos y se consolidó como candidata relevante para la primera vuelta. Su colectividad, además, tuvo un desempeño sólido en las legislativas: aunque el Pacto Histórico se mantuvo como la mayor fuerza del Senado, el Centro Democrático fortaleció su presencia y alcanzó resultados importantes en la Cámara.
El segundo fenómeno lleva nombre propio: Juan Daniel Oviedo. El exdirector del Dane terminó como el segundo candidato más votado de todas las consultas y superó ampliamente a figuras del centro como Claudia López. Este resultado abre un escenario político sugestivo porque una fracción del electorado que tradicionalmente se ha ubicado en el centro ya votó dentro de la consulta de la centroderecha.
Mientras tanto, el otro aspirante fuerte de ese espectro, Abelardo de la Espriella, estuvo ausente. Apostó por una estrategia paralela que, al menos en esta jornada, no le entregó los resultados esperados: sus listas no tuvieron un desempeño sobresaliente y no logró debilitar La Gran Consulta. Salvación Nacional superó el umbral, un dato relevante para la supervivencia del movimiento, pero insuficiente frente a las expectativas de la campaña abelardista porque quedó muy lejos de los porcentajes que las encuestas le atribuyen a De la Espriella en la contienda presidencial.
Las próximas decisiones estratégicas serán las fórmulas vicepresidenciales. Si Valencia opta por Oviedo podría intentar una jugada clásica: atraer al electorado de centro en primera vuelta y dejar que la derecha más dura se sume después, en segunda vuelta, cuando el objetivo sea derrotar a Cepeda. Pero Oviedo ya ha insinuado su preferencia por la Alcaldía de Bogotá, una aspiración que ya intentó en la ciudad que lo llevó a superar el millón de votos.
Lo que está claro es que la única consulta exitosa, liderada por Paloma Valencia, creó una coalición que podría atraer votantes de centro a pesar del uribismo confeso de la candidata. Esa nueva situación debe tener pensando tanto a Cepeda como a De la Espriella.