Un testimonio judicial ha mostrado vínculos directos entre excombatientes de las exFarc y el Cartel Jalisco Nueva Generación. Se señala que al menos cuatro colombianos llegaron a México para entrenar a sicarios y mercenarios en tácticas de asesinato y fabricación de explosivos.
La reciente muerte de Nemesio Oseguera, alias El Mencho, líder del cartel, ocurrió el 22 de febrero de 2026 tras ser herido en un operativo de las fuerzas federales mexicanas en Tapalpa, Jalisco. Este evento provocó una ola de violencia en México y reavivó la preocupación por la red de conexiones internacionales de este cartel.
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El relato principal proviene de Óscar Orlando Nava Valencia, alias El Lobo, exjefe del Cartel de Los Valencia. Sus declaraciones, recogidas en expedientes oficiales de Estados Unidos y citadas por El Tiempo, describen cómo Abigael González Valencia, alias El Cuini y cuñado de El Mencho, aprovechó su relación con las exFarc para llevar al menos cuatro miembros de este grupo desmovilizado a México.
“González Valencia tenía conexiones con las Farc y se aprovechó de ellas para traer al menos cuatro combatientes de las Farc para entrenar a los miembros del Cartel de Jalisco Nueva Generación y Los Cuinis en técnicas de fabricación de bombas y asesinatos”, dijo ‘El Lobo’. Dos de los exFarc reclutados murieron en un enfrentamiento con la Policía mexicana.
Operaciones criminales entre Colombia y México
Según el testimonio de Nava Valencia, la colaboración entre cárteles mexicanos y actores colombianos se formó en torno al tráfico internacional de drogas. González Valencia coordinaba envíos de entre 1.000 y 2.500 kilogramos de cocaína desde Colombia hacia México cada dos o tres meses, abastecidos en Cali por ‘Diego Rastrojo’, cuyo nombre real es Diego Pérez Henao y exsocio del Cartel del Norte del Valle, Colombia.
El transporte se realizaba en portacontenedores hacia Panamá y Costa Rica, antes de enviarse a territorio mexicano.
En 2008, ambos realizaron vuelos ilícitos hacia Guatemala, con cargamentos que variaban entre 300 y 1.200 kilogramos de cocaína cada uno.
‘El Cuini’ asumía el financiamiento de las operaciones, mientras Nava Valencia se encargaba de recibir la droga. Poco antes de ser capturados, planearon transportar un cargamento de 3 toneladas de cocaína en una aeronave registrada en Estados Unidos.
Mercenarios colombianos y exFarc en la estructura del cartel
Las investigaciones de las autoridades mexicanas, han determinado que parte de la red de seguridad de El Mencho incluía mercenarios y excombatientes de Colombia, posiblemente militares, disidentes guerrilleros y miembros de gurpos criminales organizados, guerrillas y paramilitares.
Informes mencionados por el medio indican que el aparato ilegal del cartel podría haber superado los 20.000 hombres dedicados a funciones de protección y combate, en parte formados por exFarc y efectivos recién retirados del Ejército colombiano.
Estos miembros actuaban como instructores y elementos de combate, aportando técnicas militares aprendidas en el conflicto colombiano.
Durante la operación militar mexicana contra alias el Mencho y Jalisco Nueva Generación, ocurtrió tras el despliegue militar que involucró unidades terrestres y aéreas que incautaron vehículos blindados, armas de alto poder y lanzacohetes.
En las 48 horas posteriores al operativo, se registraron bloqueos, ataques y más de 50 homicidios en varios estados mexicanos.
Las repercusiones también llegan a Colombia, donde socios y estructuras aliadas están bajo vigilancia de agencias estadounidenses como la DEA, el FBI y la CIA. Tras la captura de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán en 2017, El Mencho se convirtió en el principal objetivo de las autoridades, con una recompensa sobre él de USD 15 millones, (A día de hoy, 24 de febrero de 2026, 15 millones de dólares equivalen aproximadamente a $55.405.816.200 pesos colombianos).
Las autoridades federales mexicanas monitorean los movimientos y cambios de poder tras el vacío dejado por El Mencho. Se observa un posible reacomodo del negocio ilegal en ambos países.
El alcance de la estructura de seguridad de Oseguera mostró que una parte significativa de ese aparato armado estaba formada por reclutas colombianos, tanto de las antiguas exFarc como de filas militares desmovilizadas. Esto confirmó un modelo binacional de crimen organizado poco documentado.