El consumo de tusi adulterado, una mezcla sintética también conocida como “cocaína rosa”, ha escalado a niveles preocupantes en Medellín.
Las autoridades locales informaron recientemente la captura de 19 personas y la incautación de 16 kilos de sustancias, incluidos 2.000 gramos de tusi y 40 frascos de ketamina veterinaria.
Ahora puede seguirnos en Facebook y en nuestro WhatsApp Channel
Este suceso expuso la magnitud de un problema que crece entre los jóvenes: la producción casera y la combinación de múltiples compuestos peligrosos.
La tendencia actual entre los traficantes es mezclar tusi con ketamina destinada al uso animal y hasta con desparasitantes y otros productos veterinarios.
Según el toxicólogo Hugo Gallego Rojas, citado por El Colombiano, el objetivo es intensificar los efectos en quienes consumen y, al mismo tiempo, abaratar costos para quienes producen.
“La ketamina se utiliza porque es más económica y, en su presentación veterinaria, es más concentrada que la de uso humano”, explicó Gallego. Esta mezcla no se detiene ahí: a la fórmula suelen añadirse anfetaminas, metanfetaminas, LSD, clonazepam, midazolam, cocaína y otros compuestos destinados originalmente a animales.
En el afán de hacer sus productos más atractivos, los fabricantes han logrado que el tusi deje de ser únicamente rosado, y ahora se comercializa en tonos amarillo, verde, morado y otros colores.
Cada variante se vende con promesas de efectos distintos: “este dura más, este lo eleva más”, afirman los vendedores. Pero de fondo, lo que ocurre es la venta de combinaciones potencialmente letales. “Están vendiendo combinaciones que pueden generar toxicidades graves”, advirtió el especialista.
Las consecuencias para la salud pueden ser devastadoras. El consumo de tusi adulterado ha provocado casos de daño renal agudo, arritmias, taquicardias, infartos, aumento de la presión intracraneana y accidentes cerebrovasculares.
En el sistema nervioso central, los efectos son igual de alarmantes: “Puede generar psicosis agudas, alucinaciones, paranoia, ideas delirantes y despersonalización”, detalló Gallego.
Estas reacciones, conocidas como psicosis exotóxicas, no distinguen entre quienes tienen antecedentes psiquiátricos y quienes no. Una mezcla muy potente o una sobredosis pueden desencadenar un cuadro grave incluso en personas sin historial previo de enfermedades mentales.
El panorama empeora con la proliferación de “mini laboratorios” caseros. Tras el cierre de laboratorios clandestinos, la fabricación de drogas sintéticas pasó de la producción en pastillas a la preparación en polvo, muchas veces en casas, garajes y hasta parqueaderos.
Estas elaboraciones artesanales carecen de cualquier control de calidad. “Hoy cada grupo hace su propia preparación”, explicó el toxicólogo. Esto implica un riesgo mayor, tanto por la variedad de las sustancias utilizadas como por la ausencia total de medidas de seguridad.
El tusi se ha convertido en un símbolo de estatus, especialmente en fiestas electrónicas, conciertos y eventos masivos. En conciertos recientes realizados en Medellín, se hallaron numerosas bolsitas de tusi en accesos y salidas. La sustancia, antes exclusiva de ciertos sectores sociales, hoy está presente en todas las comunas de la ciudad.
El precio varía considerablemente: mientras un gramo de alta calidad puede costar entre 90 mil y 120 mil pesos colombianos, los traficantes ofrecen dosis fraccionadas desde 10 mil. Esto ha facilitado el acceso a personas de menor poder adquisitivo y ha favorecido la expansión del consumo.
Las autoridades han insistido en la importancia de informarse a través de organismos como el Observatorio de Drogas de Colombia, el Ministerio de Salud y plataformas internacionales como el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA) de Estados Unidos. “El problema es que la gente cree que está consumiendo algo controlado, cuando en realidad está jugando con una mezcla que puede dejar secuelas irreversibles o costarle la vida”, concluyó Gallego.
Las redes sociales, especialmente TikTok, han amplificado este fenómeno. Se difunden retos de consumo, competencias y videos que normalizan y hasta promueven el uso de tusi, incluso entre menores de edad.
Padres de familia han denunciado la presencia de grabaciones donde adolescentes de 12 o 13 años muestran cómo consumen y describen los efectos de la droga como parte de desafíos virales.