La candidata presidencial Paloma Valencia arremetió contra el presidente Gustavo Petro luego de sus recientes declaraciones sobre Jesús de Nazareth y su discípula María Magdalena, calificándolas de “blasfemia” y señalando que constituyen un irrespeto hacia la fe católica y cristiana en Colombia.
Las afirmaciones del mandatario, realizadas durante un discurso en el hospital San Juan de Dios de Bogotá, generaron una ola de críticas por parte de líderes religiosos, políticos y la ciudadanía, que cuestionaron la forma en la que el jefe de Estado abordó un tema sagrado y de alta sensibilidad.
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Durante su intervención, Petro compartió una opinión netamente persona, y aseguró que Jesús supuestamente “hizo el amor, quizá con María Magdalena, porque un hombre así, sin amor, no podía existir” y agregó que María Magdalena “lo apoyó hasta el último momento”.
Además, el Presidente comparó la muerte de Jesucristo, figura fundamental en la historia de la humanidad y del cristianismo, con la de Simón Bolívar, aludiendo a traiciones y a la relación de los hombres importantes con las mujeres.
Sus comentarios incluyeron reflexiones sobre su propia vida privada y su visión de la figura de Jesús como “un hombre de luz, verdadero y revolucionario”, provocando gran indignación en diversos sectores religiosos.
Frente a estas afirmaciones, Valencia declaró: “Rechazamos que el presidente ataque la religión, ataque las creencias que claramente él no comparte, pero que tiene que tener un respeto por nuestra Iglesia, por las tradiciones religiosas y por la libertad de culto. Y respetar a Jesús, tratarlo de tú a tú, no solamente es un irrespeto con nuestras creencias, sino una blasfemia. Que usted no crea en ella no le da derecho a faltar el respeto a quienes sí creemos”.
Valencia subrayó que la libertad de pensamiento de un gobernante no puede convertirse en un ataque a la fe de los ciudadanos y enfatizó la importancia de mantener respeto hacia las instituciones religiosas y las tradiciones que hacen parte de la historia de Colombia.
La candidata insistió en que los gobernantes deben ser conscientes de que sus declaraciones públicas tienen un impacto directo sobre la percepción de la fe y los valores en la sociedad.
La controversia no se limitó a las críticas de la candidata presidencial. La Conferencia Episcopal de Colombia también se pronunció mediante un comunicado en el que pidió a los funcionarios públicos abstenerse de emitir opiniones teológicas que puedan afectar las creencias de los fieles.
En su declaración, los obispos recordaron que la Constitución de 1991 y la ley estatutaria de libertad religiosa garantizan la protección de todas las confesiones y la libertad individual de creencias en Colombia.
“Para quienes seguimos las enseñanzas del hijo de Dios, con fundamento en las sagradas escrituras y en la tradición de la Iglesia, su nombre es santo y su persona reviste no solo la importancia del personaje histórico, sino que reclama el respeto y la adoración con la que se trata al Dios verdadero”, señaló el comunicado, firmado por el arzobispo de Cartagena, Francisco Javier Múnera, el arzobispo de Tunja, Gabriel Ángel Villa, y el obispo de Engativá, Germán Medina Acosta.
Los obispos insistieron en que ningún funcionario está llamado a emitir conceptos de orden teológico sobre las convicciones religiosas de los ciudadanos, y recordaron que el poder público tiene la obligación de proteger a las personas en sus creencias y mantener relaciones armónicas con las confesiones religiosas.
Además, invitaron a los fieles a leer los evangelios y el catecismo de la Iglesia católica para reforzar la comprensión de la figura de Jesús y evitar confusiones sobre su vida y enseñanzas.
El discurso del presidente Petro, pronunciado fuera de un contexto religioso y en un evento público, puso en entredicho la tradicional visión del Señor Jesús, al afirmar: “Yo no lo llamo Jesucristo, porque ‘Cristo’ es un término de origen griego, y desde ahí comenzaron a difundirse mensajes que lo presentaron como poder y rey, cuando nunca lo fue”.
A lo largo de su intervención, el presidente presentó su interpretación de Jesús como un hombre revolucionario y con un mensaje vigente que, según él, justificaba sus acciones y su muerte.