El incremento del salario mínimo en Colombia para 2026 volvió a encender el debate sobre su impacto en las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPymes), responsables de cerca del 80% del empleo formal del país.
Aunque el ajuste busca proteger el poder adquisitivo de los trabajadores en un contexto de inflación acumulada y mayores costos de vida, para miles de empresarios representa un desafío que va más allá de la nómina: la sostenibilidad misma de sus modelos de negocio.
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El aumento, superior al promedio de años anteriores, llega en un momento particularmente sensible para las MiPymes. A los mayores costos laborales se suman incrementos en insumos, servicios, arriendos y logística, en un entorno donde los consumidores son cada vez más sensibles al precio y los márgenes operativos se han venido reduciendo de forma sostenida.
“Sí es un problema, porque es un aumento mayor al que veníamos acostumbrados y porque ejerce presión inmediata sobre la caja de las empresas”, explica Nicolás Villa, experto en finanzas empresariales de Platam. Según el analista, el impacto no se limita al salario en sí, sino al efecto cascada que puede tener sobre otros costos indexados o influenciados por el mínimo legal.
El problema de no responder de forma adecuada al aumento del salario mínimo
Sin embargo, Villa advierte que el principal riesgo para las MiPymes no es únicamente el aumento del salario mínimo, sino la forma en la que reaccionan ante él. En su experiencia, muchas empresas tienden a responder de manera automática, trasladando el incremento a los precios finales sin un análisis riguroso detrás.
“No es normal que si el salario mínimo sube un 20%, una empresa aumente sus precios en ese mismo porcentaje. El salario no representa el 100% de los costos ni afecta de manera directa todos los ingresos”, señala.
El punto central, según el experto, está en el análisis de la llamada economía unitaria: entender con precisión cuánto cuesta producir y vender cada producto o servicio, y cuánto margen real deja.
La preocupación no es menor. En muchos casos, las MiPymes logran seguir operando y cumplir con pagos básicos, pero sin una rentabilidad suficiente para sostenerse en el tiempo. “Una empresa puede funcionar durante meses sin ser verdaderamente rentable. El riesgo es normalizar márgenes mínimos y posponer decisiones estructurales hasta que el problema se vuelve inmanejable”, advierte Villa.
Otro de los efectos que genera inquietud es el impacto sobre la demanda. Subir precios de forma reactiva puede reducir el volumen de ventas, lo que termina afectando más el modelo de negocio que el aumento de costos inicial. “Si la demanda cae, se castigan los costos variables y la viabilidad del negocio se pone en riesgo. Por eso es clave no tomar decisiones desde el miedo, sino desde la data”, afirma el experto.
El difícil panorama para los pequeños y medianos empresarios en Colombia para 2026
En este contexto, 2026 se perfila como un año de definiciones para las MiPymes colombianas. Más que resistir un aumento puntual del salario mínimo, el reto es evaluar si el modelo actual sigue siendo viable bajo las nuevas condiciones del mercado. Esto incluye revisar estructuras de costos, estrategias de precios, eficiencia operativa y propuesta de valor frente a un consumidor más cuidadoso con su gasto.
No todo el panorama es negativo. Villa destaca que, en paralelo a estas presiones, se ha fortalecido un discurso social de apoyo al emprendimiento nacional.
En redes sociales y en el comportamiento de algunos consumidores se observa una mayor disposición a comprar productos hechos en Colombia y a respaldar a pequeños empresarios. “Hay más empatía con lo difícil que es crear y sostener una empresa. Eso también es una oportunidad que las MiPymes deben saber aprovechar”, señala.