Albeiro Vargas, el niño que se inmortalizó en los 80 por cuidar ancianos vulnerables en Santander

Ahora tiene 45 años y atiende a más de 500 ancianos en su fundación Albeiro Vargas y sus Ángeles custodios

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Albeiro Vargas tiene hoy 45 años y cuenta con una fundación que atiende a más de 500 ancianos vulnerables en Bucaramanga - crédito Fundación Albeiro Vargas y sus Ángeles custodios / Facebook
Albeiro Vargas tiene hoy 45 años y cuenta con una fundación que atiende a más de 500 ancianos vulnerables en Bucaramanga - crédito Fundación Albeiro Vargas y sus Ángeles custodios / Facebook

En los años 80, cuando algunos ancianos eran despreciados, humillados y abandonados en Bucaramanga (Santander), se les apareció un ángel en el cuerpo de un niño, de nombre Albeiro Vargas.

Bautizado como El ángel del norte, a sus escasos 8 años, Vargas apoyaba a más de 20 ancianos desamparados. Les enseñaba a leer, a escribir, les daba comida y compartía con ellos.

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Su vocación no se dio de la nada, pues esto surgió debido al cáncer que padeció su abuelo paterno, quien debido a la enfermedad recibía los cuidados por parte de su mamá.

“Él trabajaba hasta que le diagnosticaron un cáncer. En ese entonces no había la posibilidad de ir a un hospital. La seguridad social era muy difícil (...) Entonces, mi mamá lo atendía con los remedios caseros de la época, a su suegro, y con qué amor lo hacía, con qué compasión lo bañaba, lo vestía, le daba un cafecito mientras yo veía”, expresó Vargas a la BBC.

Albeiro Vargas comenzó a ayudar ancianos desde sus escasos ocho años - crédito Web Fundación Albeiro Vargas y sus Ángeles custodios
Albeiro Vargas comenzó a ayudar ancianos desde sus escasos ocho años - crédito Web Fundación Albeiro Vargas y sus Ángeles custodios

Por ello, el ángel comenzó a hacer lo propio, con lo que estaba a su alcance, comenzó a enseñarle los números a su abuelito, entre otras atenciones. “Le enseñé los números del uno al diez, y las vocales. Me convertí en su profesor, porque todo lo que me enseñaban en la escuelita a los 7 años, yo se lo enseñaba a mi abuelo. ¡Y le exigía como alumno y lo regañaba cuando no hacía las tareas!”, complementó al medio citado.

Albeiro Vargas no tuvo una vida fácil, ya que debido a la violencia por parte de grupos armados ilegales, su familia emigró de Puerto Wilches a Bucaramanga, a una de las laderas de la ciudad. Llegaron a vivir en un ranchito construido improvisadamente y con las necesidades propias de una desplazamiento forzado de la época:

“Junto con mi papá, mi mamá decide huir y salir corriendo para proteger a mis hermanos mayores con tal de cuidar su vida, que no se fueran a ir a los grupos armados. Y así llegan ellos a una zona de invasión en el norte de Bucaramanga”, dijo Vargas al medio citado, quien ahora tiene 45 años.

Pese a las pésimas condiciones en que vivían en aquella invasión, donde primaba la droga, la basura y la prostitución, su familia nunca dejó de brindarle amor, pan y protección:

“Fue una infancia difícil, en una zona difícil: todos los días se escuchaban gritos de maltrato de papás a sus hijos y esposos a sus esposas (...)Pero también pudimos ver en mi casa una mamá protectora, una mamá que todos los días nos daba un pan para cada uno, y que nos enseñaba a tener que decir ‘gracias’. Esos valores tan importantes que se inculcan en la familia y que no son cuestión de dinero: dentro de la riqueza o de la pobreza, son cuestión de actitud”, complementó Vargas al medio reseñado.

Albeiro Vargas comenzó a enseñarle los números a su abuelito enfermo. Ahí comenzó su vocación - crédito Portal web Fundación Albeiro Vargas y sus Ángeles custodios
Albeiro Vargas comenzó a enseñarle los números a su abuelito enfermo. Ahí comenzó su vocación - crédito Portal web Fundación Albeiro Vargas y sus Ángeles custodios

Pese a las carencias y a la falta de amigos de su edad, el niño se hizo amigo de los ancianos del barrio con el pretexto de rezar el rosario. Fue así como empezó a tener reconocimiento en el peligroso sector, hasta que fue descubierto por un periodista local, quien le hizo una nota periodística y lo bautizó como el Ángel del norte.

Esa nota llevó lo reconocimiento nacional e internacional, especialmente en Francia, donde los ciudadanos conmovidos comenzaron a enviar donaciones al pequeño joven.

“Yo estaba en la peluquería. Vi su historia en el diario El Tiempo, pensé que sería una historia positiva, algo que ayudaría a motivar a las personas”, dijo el periodista francés que catapultó la labor del pequeño niño internacionalmente, a la BBC.

Este apoyo económico le sirvió para que Vargas inaugurara su propia fundación a sus 14 años, a la que llamó Fundación Albeiro Vargas y Ángeles custodios, la cual apoya a más de 500 ancianos en Bucaramanga.

“Si hay algo para decir de mí, es que soy terco, pero es una terquedad justa, por defender los derechos de las personas de la tercera edad. Creo que es lo que me mantiene hoy, 39 años después, diciendo sí se puede, sí se puede cambiar el mundo. Sí se puede hacer cosas diferentes, porque definitivamente querer es poder”, concluyó Vargas al medio citado.