Fernando Botero también hizo parte de la saga ‘Rápido y Furioso’

En una de las películas de la saga de autos más importante de la historia del cine, una obra del pintor paisa apareció en una lujosa casa de Miami

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En la segunda película de la saga tuvo un cameo una de las pinturas de Fernando Botero - crédito Jesús Avilés / Infobae
En la segunda película de la saga tuvo un cameo una de las pinturas de Fernando Botero - crédito Jesús Avilés / Infobae

La mañana del 15 de septiembre de 2023 Colombia conoció la noticia de la muerte del pintor y escultor Fernando Botero, uno de los artistas más relevantes en la historia de Colombia, pero un detalle que ha pasado desapercibido es que una de sus obras tiene un cameo en la saga Rápido y Furioso.

Y es que en las 10 películas de carros ha pasado de todo, desde correr en las calles de Los Ángeles hasta estrellar dos helicópteros o salir ilesos solo con la frase “tuve fe”. Pero, en una de las primeras aventuras, cuando las películas aún no eran tan conocidas, una obra de Fernando Botero apareció en una lujosa casa de Miami.

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En 2Rápidos 2Furiosos, segunda entrega de la saga, Brian O’Conner, personificado por Paul Walker, es solicitado por el FBI para que se infiltre en la organización del narcotraficante Carter Verone, por lo que junto a Roman Pearce (Tyrese Gibson) comienzan una aventura que los lleva a capturar al capo.

Luego de aceptar volver el trabajo como agentes encubiertos, O’Conner y Pearce deben presentarse en la mansión del capo para una carrera, con el fin de demostrar que pueden llevar a cabo la encomienda de Carter Verone. En ese momento, les piden sus documentos para revisar que no estén vinculados con las autoridades y es ahí, mientras revisan los antecedentes, que aparece la pintura Banderillas de Fernando Botero.

En la segunda película de Rápido y Furioso tiene un cameo la puntura Banderillas de 1987 - crédito Película Rápido y Furioso
En la segunda película de Rápido y Furioso tiene un cameo la puntura Banderillas de 1987 - crédito Película Rápido y Furioso

En 1987 el pintor paisa expresó su amor por la tauromaquia con el cuadro que bautizó Banderillas, pues su vida estuvo marcada por los toros y su amor por el espectáculo que estos animales de cientos de kilos podían dar. Ese cariño llegó primero que su amor por la pintura, pues intentó ser torero, pero no lo logró, eso hizo que se dedicara al arte y que en muchos de sus cuadros retratara su pasión.

A los 16 años, cuando su corazón aún le pedía entrar a la arena y disfrutar de la adrenalina de tener una bestia inmensa al frente, Botero pintó una de sus primeras acuarelas de un torero, de ahí en adelante, este sería uno de los temas recurrentes en la obra del pintor paisa.

Con el paso de los años, el amor por los toros no se fue, sino que aumentó hasta el punto de que en 2014 en Nueva York presentó el libro Bullfight: Paintings and Works on Paper, una obra que recopila más de 100 óleos y 35 dibujos que están relacionados con la tauromaquia.

Ese día, frente a los asistentes a la ceremonia de lanzamiento del libro, Fernando Botero volvió a ser sincero sobre el amor que sentía por estos animales y sus corridas, pues afirmó que: “Con esta publicación, solo puedo demostrar mi amor puro hacia los toros”.

Fernando Botero en la plaza la Santamaría siendo homenajeado por el torero César Rincón - crédito Colprensa
Fernando Botero en la plaza la Santamaría siendo homenajeado por el torero César Rincón - crédito Colprensa

Para Botero, las faenas entre toro y torero le daban elementos importantes para su arte, pues podía plasmar con mucho color lo que pasaba al interior de la arena y le brindaba la materia prima del drama en el momento del encuentro que tenía el hombre con el animal.

“Las corridas me han fascinado toda la vida. Primero, porque tienen todos los elementos para realizar una pintura llamativa como el color, las formas, la composición y el espacio. Pero, además, por las implicaciones del drama que encarna la lucha entre el hombre y el toro”, comentó Fernando Botero en una de sus entrevistas.

Pero el gusto por los toros no era solo en sus obras, pues el pintor nacido en Medellín asistía de manera constante a las temporadas taurinas en las mejores plazas en Colombia, por lo que llegó a ser amigo y a recibir obsequios de toreros de renombre, como, por ejemplo, cuando el torero retirado y ganadero Enrique Ponce le obsequió el traje que usó en una de sus faenas como regalo de cumpleaños para el pintor.