Ciudad del Cabo, la urbe donde el 70% de la vivienda del centro es para turistas

Reportajes Especiales - Business

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En una esquina de Ciudad del Cabo, a dos cuadras de las olas del océano Atlántico, cerca de tiendas de comestibles de alta gama, hamburgueserías y cafés especializados en matcha, se encuentra el Sage, un moderno edificio residencial de mediana altura en el que muchos habitantes estarían encantados de vivir.

Sin embargo, gran parte del edificio está diseñado para atraer a turistas, no a residentes locales. Más de un tercio de sus viviendas están reservadas para alquileres a corto plazo en Airbnb.

Los apartamentos de dos dormitorios del edificio llegan a costar unos 350 dólares por noche, casi el 40 por ciento de lo que gana una familia con ingresos medios en Ciudad del Cabo en un mes. El precio medio de la vivienda en la ciudad es de unos 200.000 dólares. En Clifton, una de las comunidades playeras más exclusivas de la ciudad, la vivienda media cuesta unos 2,5 millones de dólares.

En esta metrópoli sudafricana, propiedades como las del Sage protagonizan un intenso debate sobre la vivienda asequible, el turismo y la persistencia de la segregación del apartheid.

Desde los jóvenes profesionales hasta los trabajadores pobres, muchos habitantes de Ciudad del Cabo se quejan de que los precios descontrolados de la vivienda los han obligado a vivir lejos de los puestos de trabajo, las escuelas de clase acomodada y los supermercados saludables disponibles en el centro de la ciudad. Culpan a los turistas con mucho dinero de ocupar viviendas en lugares privilegiados y a los promotores inmobiliarios de establecer precios prohibitivos.

Alrededor del 70 por ciento de las viviendas residenciales del centro de la ciudad están dedicadas a habitaciones de hotel o alquileres de corta duración, según un informe publicado por el ayuntamiento en 2025.

"En realidad, la ciudad se está mejorando para los turistas", dijo Lizanne Domingo, teleoperadora. Domingo se desplaza diariamente al trabajo durante dos horas en cada sentido porque no puede permitirse vivir cerca de la ciudad, dijo. "No es para los nuestros, porque el costo de la vida es ridículamente caro".

Los problemas de Ciudad del Cabo pueden parecer similares a los del turismo excesivo en ciudades europeas como Barcelona y Venecia, o a los de la gentrificación en Nueva York y San Francisco. Pero Ciudad del Cabo destaca por sus casas costeras multimillonarias ubicadas a poca distancia de extensos asentamientos informales, donde las familias han vivido durante generaciones en pequeñas chozas construidas con chapa metálica y madera.

Las autoridades municipales sostienen que frenar el turismo o prohibir Airbnb no resolverá el problema. Afirman que, para crecer, la ciudad necesita los 210.000 puestos de trabajo y los 1700 millones de dólares anuales de ingresos que genera el turismo.

"Tenemos que encontrar maneras de gestionar esa presión", dijo Geordin Hill-Lewis, alcalde de Ciudad del Cabo. "Pero lo que no podemos hacer es darle la espalda a una de las únicas partes de toda la economía sudafricana que está creciendo lo suficientemente rápido como para de verdad sacar a la gente de la pobreza y darle empleo".

Según Hill-Lewis, los sudafricanos que emigran de otras partes del país son la mayor fuente de presión sobre el mercado de la vivienda de la ciudad. Vienen a Ciudad del Cabo con la esperanza de aprovechar sus servicios y oportunidades económicas.

Pero muchos habitantes de Ciudad del Cabo afirman que la crisis de la vivienda está afianzando la dinámica creada durante el apartheid, cuando el gobierno sudafricano de minoría blanca confinaba a la gente de color en comunidades lejanas y ruinosas.

Domingo, de 27 años, se crio cerca del centro de la ciudad, en uno de los muchos asentamientos informales de Ciudad del Cabo, zonas extensas que a menudo carecen de electricidad y donde los vecinos a veces se ven obligados a utilizar cubetas como retretes. Su familia y la mayoría de los demás habitantes del asentamiento eran de color, una clasificación multirracial creada por el gobierno del apartheid.

Ha pasado de una vivienda humilde a otra. Tras casarse y tener tres hijos, llegó un momento en el que dormía con su familia de cinco miembros en una habitación individual que alquilaban en una casa de tres habitaciones por 200 dólares al mes, solo para poder vivir cerca de la ciudad.

Desde entonces se han instalado en una casa ocupada de dos dormitorios localizada a más de 50 kilómetros del centro de la ciudad. Domingo piensa en que su hijo de 1 año ni siquiera ha visto la playa.

"Solo hay un supermercado en nuestra zona", dijo. "No hay comisaría de policía. No hay bomberos. No hay hospital. En lo que respecta a mis hijos, tengo miedo de que piensen que esto es todo lo que hay en la vida".

Alrededor del 20 por ciento de la población de Ciudad del Cabo vive en asentamientos informales, dijo Francois Viruly, economista inmobiliario de Ciudad del Cabo. La tasa de desempleo también ronda el 20 por ciento. Nueve de cada 10 familias que buscan vivienda no pueden permitirse vivir en el centro.

Enclavada entre una montaña y una costa rocosa, Ciudad del Cabo dispone de inmuebles mucho más baratos que ciudades comparables en el extranjero. Un alquiler de una habitación en San Francisco suele costar unos 3000 dólares al mes; en la pintoresca costa de Ciudad del Cabo ronda los 1300.

Pero los precios de la vivienda en la ciudad han subido un 38 por ciento en los últimos seis años.

Hill-Lewis, el alcalde, ha introducido cambios que, según dijo, podrían aumentar la oferta de viviendas, como acelerar la liberación de terrenos de propiedad municipal y eliminar trámites burocráticos para los promotores inmobiliarios.

En Ciudad del Cabo se han construido más viviendas subvencionadas por el gobierno que en ninguna otra área metropolitana de Sudáfrica desde 1994, cuando terminó el apartheid. Pero ninguna de esas unidades se ha construido en el centro.

Los funcionarios de la Provincia Occidental del Cabo, que incluye Ciudad del Cabo, han dado a conocer tres proyectos con los que está previsto que se construyan en los próximos años más de 1900 viviendas subvencionadas por el gobierno en el centro de la ciudad. Sin embargo, los residentes afirman que no se hacen muchas ilusiones.

Lucinda Jafthas y su familia vivieron durante años en un asentamiento informal cerca del centro de la ciudad. Después de que un incendio quemó esa zona, el gobierno ubicó a los residentes en viviendas provisionales cercanas en 2018. A la familia de Jafthas se le dijo que, con el tiempo, se les daría una vivienda de protección oficial, dijo. Todavía están esperando.

"¿Simplemente están echando a la gente aquí para poder conseguir el terreno y venderlo o hacer lo que sea?", dijo Jafthas, trabajadora de comercio minorista. "¿Piensan construir alguna vez casas para estas personas o tienen que morir aquí fuera?".

Muchos habitantes de Ciudad del Cabo dicen que temen que los residentes más vulnerables de la ciudad salgan perdiendo ante los intereses de los promotores inmobiliarios.

Según algunos vecinos, eso es lo que está ocurriendo en un barrio llamado Distrito Seis.

En 1966, el gobierno del apartheid declaró este distrito de Ciudad del Cabo como una zona exclusiva para blancos. Más de 60.000 personas, en su mayoría de color, fueron desplazadas. Pero algunas de esas familias pudieron quedarse en seis casas de campo contiguas que eran propiedad de una orden religiosa católica, que luchó contra los desalojos. Más recientemente, la orden le vendió esa propiedad a un promotor inmobiliario, quien obtuvo una orden judicial para desalojar a las familias restantes. Un abogado del promotor no respondió a una solicitud de comentarios.

"Es como David y Goliat", dijo Sean Savage, de 70 años, cuya familia vive en las casas del Distrito Seis desde 1928. "Esperamos y rezamos para que se haga justicia definitiva a esta locura".

Desde 2019, el número de anuncios de Airbnb en Ciudad del Cabo ha aumentado un 92 por ciento, hasta casi 27.000, según datos de Inside Airbnb, un grupo de defensa.

Una portavoz de Airbnb dijo que, en realidad, ha disminuido el número de anuncios activos en Ciudad del Cabo que pueden encontrarse con la herramienta de búsqueda del sitio. Añadió que las ciudades que han prohibido o restringido el alquiler a corto plazo no han registrado una disminución de los precios generales de los alquileres.

Las autoridades de Ciudad del Cabo han propuesto aumentar los impuestos sobre las viviendas que se utilizan principalmente para alquileres de corta duración. Los activistas de la vivienda piden más cambios, como exigir a los promotores que reserven unidades para viviendas asequibles.

Por ahora, los residentes hacen lo que pueden para encontrar lo que está disponible y dentro de sus posibilidades.

A través de un amigo, Zamo Tana se enteró de una nueva urbanización ubicada a unos 15 minutos en coche del centro de Ciudad del Cabo. Había un estudio disponible para alquilar por 400 dólares al mes, una ganga.

El nuevo edificio, con 241 unidades de alquiler asequible, ofrecía más espacio y comodidades, y un trayecto más corto al trabajo. Tana, de 26 años, dijo que enseguida se puso en contacto con el edificio y consiguió la vivienda.

Cuando su novia, Mamello Moeketsi, entró en el apartamento por primera vez en una tarde reciente, no pudo contener su alegría. Moeketsi, de 23 años, estaba delante del espejo del cuarto de baño con las manos juntas. La antigua vivienda de la pareja no tenía espejo en el cuarto de baño, dijo. Miró por la ventana y le encantó la idea de ver amaneceres y atardeceres desde su casa.

"Nos ha tocado la lotería", dijo.

Zimasa Matiwane colaboró con reportería desde Ciudad del Cabo y June Kim desde Nueva York.

John Eligon es el jefe del buró del Times en Johannesburgo y cubre una amplia gama de eventos y tendencias que influyen y dan forma a las vidas de la gente común en todo el sur de África.

Joao Silva es un fotógrafo del Times afincado en Sudáfrica.

Zimasa Matiwane colaboró con reportería desde Ciudad del Cabo y June Kim desde Nueva York.