
El Pentágono está en conversaciones con Dinamarca para obtener acceso a tres zonas más de la isla ártica con base en un pacto de defensa danés-estadounidense de 1951.
El ejército estadounidense intensifica sus esfuerzos para obtener un mayor acceso a Groenlandia, una clara señal de que el interés del presidente Donald Trump por la enorme isla ártica no ha disminuido.
Estados Unidos está negociando con Dinamarca el acceso a tres bases adicionales en Groenlandia --incluidas dos previamente abandonadas por los estadounidenses--, lo que supondría la primera expansión estadounidense allí en décadas, según un alto mando del Pentágono, el general Gregory Guillot.
Guillot, jefe del Comando Norte de Estados Unidos, declaró ante los legisladores en una audiencia del Congreso a mediados de marzo que el ejército quería "un mayor acceso a diferentes bases en toda Groenlandia, dada la creciente amenaza y la importancia estratégica de Groenlandia".
"Estoy trabajando con nuestro departamento y con otros para intentar desarrollar más puertos y más aeródromos, lo que proporcionará más opciones a nuestro secretario y al presidente, en caso de que los necesitemos en el Ártico", añadió Guillot.
La solicitud coloca a Dinamarca en una situación delicada. Groenlandia es un territorio semiautónomo que forma parte del reino danés desde hace más de 300 años. Trump, por su parte, se ha obsesionado con adquirir Groenlandia y, durante meses, amenazó con usar la fuerza antes de ceder en enero.
El Gobierno danés ha invocado un pacto de defensa danés-estadounidense de 1951 para hacer frente a las amenazas de Trump y ha señalado que Estados Unidos ya tiene un amplio acceso militar.
Los funcionarios estadounidenses ahora utilizan ese mismo acuerdo para trazar planes de expansión. Los expertos afirman que Dinamarca puede hacer poco para frenarlos, aunque la confianza entre Estados Unidos y Dinamarca se haya visto sacudida, si no es que rota.
La capitana de corbeta Teresa Meadows, portavoz del Comando Norte de Estados Unidos, afirmó que los planificadores militares tenían en el punto de mira las localidades de Narsarsuaq, en el sur de Groenlandia, que cuenta con un puerto de aguas profundas, y Kangerlussuaq, en el suroeste de Groenlandia, que ya dispone de una larga pista capaz de recibir aviones de gran tamaño.
Ambos lugares habían sido bases estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, pero fueron cedidos a las autoridades danesas y groenlandesas después de que los estadounidenses abandonaran Narsarsuaq en la década de 1950 y Kangerlussuaq en la de 1990. Gran parte de su infraestructura militar ha sido desmantelada, aunque ambos emplazamientos aún cuentan con pequeños aeropuertos en funcionamiento.
Los funcionarios del Pentágono no especificaron cuántas tropas se enviarían a la isla. Guillot indicó que el ejército necesita bases para soldados de operaciones especiales y "capacidades marítimas".
Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Dinamarca fue ocupada por los nazis, Estados Unidos ayudó a defender Groenlandia. Envió miles de soldados y abrió más de una decena de bases. Mantuvo muchas de ellas operativas durante la Guerra Fría. En la actualidad, solo queda una base activa: una remota instalación de defensa antimisiles con unos pocos cientos de soldados.
Trump parece decidido a cambiar eso. Sus amenazas del año pasado de "conseguir" Groenlandia, "de un modo u otro", desencadenaron una crisis en Europa. Esa crisis se ha calmado, por ahora, ya que el presidente se ha visto absorbido por la guerra en Irán. Pero muchos europeos, incluida la líder de Dinamarca, Mette Frederiksen, temen que Trump no haya renunciado a adquirir la gigantesca isla cubierta de hielo, lo que podría dejar a Dinamarca acorralada de nuevo.
Hasta ahora, las conversaciones sobre la ampliación de la base parecen ir sobre ruedas. Guillot citó el acuerdo de 1951 durante su testimonio ante el Congreso, y cuando los legisladores demócratas le preguntaron si Dinamarca o Groenlandia habían puesto algún obstáculo, respondió que no.
"Han sido socios muy, muy comprensivos", dijo el general.
A diferencia de lo que ha sugerido Trump, Guillot dijo: "En realidad no necesitamos un nuevo tratado. Es muy completo y, francamente, muy favorable para nuestras operaciones o posibles operaciones en Groenlandia".
El plan de expansión sigue envuelto en el secreto. El Departamento de Estado se negó a emitir comentarios, al igual que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Dinamarca y la oficina del primer ministro de Groenlandia.
No está claro cómo reaccionarán los groenlandeses, la mayoría de los cuales son indígenas inuits. El sentimiento antiestadounidense ha ido en aumento en la isla, que cuenta con menos de 60.000 habitantes. A principios de este año estallaron protestas contra Trump y varios groenlandeses entrevistados expresaron su preocupación por la llegada de más tropas estadounidenses.
"Mucha gente no quiere más militares en Groenlandia, pero si eso es lo que deciden, no hay nada que podamos hacer", dijo Anso Lauritzen, que dirige un centro de trineos tirados por perros en el oeste de Groenlandia.
Agnetha Mikka Petersen, una residente jubilada de Nuuk, la capital, dijo que la perspectiva de una mayor presencia estadounidense la hace sentir "inquieta".
"No me gusta nada", afirmó.
El acuerdo de defensa de 1951 y su actualización de 2004 otorgan a los estadounidenses una posición de fuerza. Antes de realizar cualquier cambio importante en su presencia militar, se supone que Estados Unidos debe "consultar e informar" a las autoridades de Dinamarca y Groenlandia. Los expertos afirman que eso significa que Estados Unidos puede hacer prácticamente lo que quiera y comunicárselo a los daneses y groenlandeses más tarde.
"Dinamarca y Groenlandia pueden, en principio, decir que no a Estados Unidos, pero en la práctica nunca se hace", afirmó Ulrik Pram Gad, investigador sénior del Instituto Danés de Estudios Internacionales. "Porque si lo hacen, Estados Unidos puede presentar el control de Dinamarca y Groenlandia sobre la isla como un riesgo para la seguridad y argumentar que él mismo debería asumir el control".
Jeffrey Gettleman es corresponsal internacional, radica en Londres y cubre sucesos mundiales. Ha trabajado para el Times por más de 20 años.
Eric Schmitt es corresponsal de seguridad nacional para el Times. Ha informado sobre asuntos militares y de antiterrorismo de Estados Unidos durante más de tres décadas.
Últimas Noticias
¿Amaneciste con dolor? Tal vez es hora de cambiar tu posición al dormir
Reportajes Especiales - Lifestyle

En Dakota del Sur, los vecinos sienten pena por el marido de Kristi Noem
Reportajes Especiales - News

El naranja es el nuevo color de moda en el espacio
Reportajes Especiales - Lifestyle

¿La víctima más reciente de la inflación en Islandia? Los perros calientes
Reportajes Especiales - Business

¿Cuándo florecerán los cerezos en Japón? La IA podría saberlo
Reportajes Especiales - Business



