En su libro de memorias, Britney Spears es más fuerte que nunca

“La mujer que soy” ofrece una historia conocida de estrellato vertiginoso y problemático, evidenciada con discos de platino y flashes. Pero aquí tiene la cadencia y la ambientación de una canción country: esforzada, valiente, plagada de traiciones y desgracias casi operísticas

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SAN JOSE, CA - DECEMBER 03:  Britney Spears performs at the NOW 99.7 Triple Ho Show 7.0 t SAP Center on December 3, 2016 in San Jose, California.  (Photo by Steve Jennings/WireImage)
SAN JOSE, CA - DECEMBER 03: Britney Spears performs at the NOW 99.7 Triple Ho Show 7.0 t SAP Center on December 3, 2016 in San Jose, California. (Photo by Steve Jennings/WireImage)

Es o una coincidencia o un homenaje que el nuevo libro de memorias de Britney Spears, “The Woman in Me” (“La mujer que soy”), comparta título con uno de los álbumes más vendidos de Shania Twain; después de todo, ella es una chica sureña y Twain ayudó a escribir uno de sus primeros éxitos, “Don’t Let Me Be the Last to Know”.

“La mujer que soy” ofrece una historia conocida de estrellato vertiginoso y problemático, evidenciada con discos de platino y flashes. Pero aquí tiene la cadencia y la ambientación de una canción country: esforzada, valiente, plagada de traiciones y desgracias casi operísticas. También es una historia de triunfo comprobado, aunque con su propio epílogo desafortunado (no hubo tiempo de incluir en la edición del libro, que The New York Times obtuvo antes de su publicación autorizada, el asunto pendiente de su divorcio de Sam Asghari, su tercer marido).

La frase “cuenta tu verdad” se ha convertido en un cliché ridículo desde hace tiempo, en una frase apta para confesiones autocomplacientes de TikTok y mercancía aspiracional de Etsy. Sin embargo, Spears tiene motivos reales para usarla: como es sabido, todavía está saliendo del agujero negro de un cautiverio extrañamente visible cuyas condiciones, reveladas en audiencias judiciales recientes, parecen escandalosas y francamente absurdas en el siglo XXI. Durante trece años, bajo una estricta tutela supervisada por su padre, Jamie Spears, no pudo ver a sus dos hijos sin autorización ni elegir sus propias comidas; se le prohibió conducir su auto, tomar café o quitarse el DIU. Y lo que es más atroz, la obligaban a mantener un riguroso calendario de presentaciones, que incluía una serie de espectáculos en Las Vegas que generaron decenas de millones de dólares, de los que solo podía disponer de un máximo de 2000 dólares semanales (su padre y algunos de sus socios, como era de esperarse, cobraban sueldos mucho más altos).

La mayoría de sus admiradores e incluso los seguidores ocasionales de noticias ya conocen los detalles de los hechos, en su mayoría exasperantes, o pueden encontrarlos fácilmente en internet. También es probable que conozcan a grandes rasgos la historia de la crianza de Spears en la zona rural de Kentwood, Luisiana, donde cultivó una afición temprana por el canto y el baile que la llevó, a los 11 años, a convertirse en miembro del elenco de la nueva versión de los años 90 de “El club de Mickey Mouse”, junto a un grupo de futuras estrellas que incluía a Christina Aguilera, Justin Timberlake, Keri Russell y Ryan Gosling. Lo que Spears cuenta, en una prosa parlanchina, confiada y a veces picante, es el constante zumbido de la disfunción familiar y el miedo que la llevaron a buscar refugio en la interpretación (su padre era un alcohólico con problemas económicos y su madre, Lynne Spears, solía enfurecerse por su forma de beber y sus desapariciones constantes).

Portada de 'The woman in me', la biografía de Britney Spears
Portada de 'The woman in me', la biografía de Britney Spears

De manera sorprendente, Spears revela que su madre empezó a darle alcohol a los 13 años, compartiendo daiquirís a los que llamaban “toddies” en viajes por carretera a la playa de Biloxi, Mississippi. Para cuando cursaba el noveno grado, ya fumaba con regularidad y había dejado de ser virgen. Hay otras revelaciones del tipo que hacen que los algoritmos de las páginas de chismes se disparen: la más notable es su relación con Timberlake, de quien estaba “patéticamente” enamorada, y el aborto que él más o menos le exigió que se hiciera cuando quedó embarazada, en una época en que el hecho de que eran sexualmente activos se seguía ocultando férreamente a la prensa. El libro también detalla una breve relación con el actor Colin Farrell, que ella describe con cariño como un tórrido romance de dos semanas (“no podíamos quitarnos las manos de encima; nuestros encuentros eran tan pasionales que parecían peleas callejeras”) y su afección al Adderall.

Aquí hay varios villanos manifiestos, un tenso paisaje de maltratadores y oportunistas en el que ocupa un lugar preponderante Jamie Spears, quien podía ser escurridizo, errático y a menudo cruel con el peso de su hija y sus peticiones de pequeños privilegios, como cambiar un paso de baile que ella consideraba peligroso. Es escalofriante la escena en la que le informa que tomó el control legal de su vida profesional y personal diciendo: “Ahora yo soy Britney Spears”. La cantante es más amable con Timberlake, pero a él también se le retrata como una especie de canalla ocasional: rompe con ella por mensaje de texto y luego la transforma sin más en una vampiresa infiel y un elemento narrativo para su gran álbum debut en solitario, “Justified”, de 2002.

Las anécdotas de medios de comunicación invasivos e inconscientes también son nocivas, como era de esperarse: Ed McMahon en “Star Search”, que bromeó con una Britney de 10 años sobre si él podría ser su novio; Diane Sawyer, que la reprendió en una entrevista en vivo tras la ruptura con Timberlake: “Hiciste algo que le causó mucho dolor, mucho sufrimiento. ¿Qué fue lo que hiciste?”. Más presentadores de los que puede recordar le preguntan por sus pechos y su dieta.

A lo largo del libro, Spears describe en varias ocasiones su relación con la creatividad como una especie de conexión pura con el alma, una comunión privada con la divinidad independiente de fuerzas y opiniones externas. Sin embargo, los detalles sobre el proceso real de la creación musical son escasos: una pequeña anécdota al principio sobre haber escuchado “Tainted Love” de Soft Cell la noche antes de grabar “...Baby One More Time”; grandes elogios a la amabilidad de colaboradores como Elton John y el productor sueco Max Martin.

Britney Spears en su show del MTV VMA Awards 2001 (Foto: Chris Polk/FilmMagic)
Britney Spears en su show del MTV VMA Awards 2001 (Foto: Chris Polk/FilmMagic)

La narrativa mayormente lineal de “La mujer que soy” tiende a tratar esos momentos y muchos otros puntos destacados de su carrera que han sido bien documentados como pasajeros o secundarios, como una cacofonía distante amortiguada por el ruido mucho más fuerte de sus luchas personales. Aun así, los hechos se presentan de forma tan limpia y sincera que el libro parece diseñado para leerse de una sentada. Es casi imposible que su lectura no inspire empatía y verdadera indignación por Spears, cuya amargura admitida por las terribles circunstancias de la última década de su vida —ya no habla con su familia y ha dicho que no tiene planes inmediatos de volver a hacer música— se ve atenuada por un optimismo perdurable e insistente.

Por muy confesional y a menudo furioso que sea, “La mujer que soy” no es el manifiesto feminista ardiente que algunos testigos de la historia habrían querido que Spears escribiera, ni tampoco el tipo de autobiografía detallada y completa que otros artistas nos han ofrecido diligentemente en el pasado. Sin embargo, se podría argumentar que Spears nunca dejó de decirnos quién era en sus locos videos caseros en Instagram y, naturalmente, en su vasto catálogo de canciones, con sus letras sobre la soledad y la emancipación, el deseo y el desafío. Al fin y al cabo, solo es pop, y Britney hizo más que la mayoría para engrandecerlo, volverlo más deslumbrante y hechizante: una supernova rubia bailando al borde de lo que, desde este punto de vista, parece el último suspiro de la monocultura. Ahora quizá podamos dejarla vivir en paz.

© The New York Times 2023

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