Apple acostumbra a lanzamientos de nuevas generaciones de su producto estrella, el elegante iPhone, cada vez más cercanas entre sí. La flamante versión 7, de reciente lanzamiento al mercado, fue recibida con enorme entusiasmo por los fieles de la marca, pero no contó con la misma suerte de parte de los medios especializados.

Es que seguir el camino de un producto que marcó un antes y un después en la industria de los teléfonos móviles, como fue el iPhone original, lanzado en 2007, no debe ser tarea sencilla para los ingenieros detrás de semejante desafío.

Blackberry, Motorola y Nokia eran considerados los reyes de la industria a mediados de la década pasada, verdaderos gigantes que en ese momento parecían intocables. Fue tal el impacto del iPhone que hoy han sido relegados a un lugar de espectadores en una industria que crece a pasos agigantados, alimentada por empresas de tecnología de consumo asiáticas, entre las que se encuentran Samsung Mobile, Huawei, HTC y Xiaomi.

Este contexto hipercompetitivo obliga a la todopoderosa Apple a presentar actualizaciones cada poco más de un año, todo con el objetivo final de mantenerse como un referente a nivel mundial.

En definitiva, el iPhone 7 no es más que la evolución de un modelo que, para julio del año en curso, lleva vendidos más mil millones de unidades, si se contemplan todas las versiones, desde la original hasta la SE, presentada en marzo último.

En este contexto, se entiende por qué la firma a cargo de Tim Cook no ha querido grandes cambios a la hora de encarar el rediseño.

Mejoras significativas en velocidad de procesamiento, cámara y autonomía de la batería se colocan entre los aspectos más destacables que no se pueden identificar a primera vista. Es que si uno se concentra en aspectos puramente estéticos, los únicos cambios que se notan en lo que respecta al hardware son un nuevo botón de inicio, que deja de ser un espacio físico para ser completamente touch, un nuevo color "Jet Black" negro satinado para las versiones de mayor capacidad, y doble cámara trasera en la versión "Plus" con pantalla de 5,5 pulgadas.

Probablemente uno de los aspectos en los que el iPhone quedaba más rezagado era en la protección contra elementos externos como el agua y el polvo, algo que su acérrimo rival, el Samsung Galaxy S7, ya ofrece desde su lanzamiento.

Ahora el modelo de Apple cuenta con certificación IP67, lo que le permite sobrevivir a la mayoría de los accidentes de rutina que puede sufrir un aparato que pasa la mayor parte del tiempo en nuestras manos y a la intemperie en muchos casos, con los riesgos que esto implica.

Pero si hay un aspecto que decididamente se ha convertido en el centro de atención de medios y consumidores por igual es el de la eliminación de la salida de audio de 3,5 milímetros para auriculares.

Probablemente el secreto peor guardado de la industria, la movida no sorprendió a nadie, pero de cualquier manera generó revuelo, sobre todo, cuando Apple dio a conocer sus nuevos auriculares inalámbricos: los AirPods, de curioso diseño, permiten hablar por teléfono e interactuar con la asistente virtual Siri sin recurrir al dispositivo móvil, pero costarán la suma de 159 dólares cuando se lancen al mercado el próximo mes de octubre.

Si uno se guía por la respuesta del mercado ante el lanzamiento, con acciones que se han disparado y llevaron a que la firma cotizara sus mejores resultados en la bolsa en cinco años, claramente la estrategia de tipo conservadora ha rendido sus frutos.

Con precios que arrancan en 649 dólares para la versión de 32 GB bajo contrato de prestadora telefónica, quedará por verse de qué manera la próxima edición puede representar una verdadera revolución ante la amenaza de competidores chinos que ganan maduración y mejoran su oferta a ritmo acelerado.