Crímenes de lesa humanidad: historia y presente

Hoy debemos pedir la libertad de cada preso político en la región, de cada torturado, de aquellos que están enterrados en vida en Venezuela

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Ernesto Sábato y el ex presidente Raúl Ricardo Alfonsín (AP)
Ernesto Sábato y el ex presidente Raúl Ricardo Alfonsín (AP)

La semana pasada Héctor Schamis me pasó su X con la foto de Ernesto Sábato, Presidente de la CONADEP, entregándole a Raúl Alfonsín el informe “Nunca Más” y una reflexión que me ha llevado a seguir en un tema que en realidad nunca me ha dejado, el de los crímenes de lesa humanidad en la región. En ese sentido, debo decir que fue inevitable releer “El Estado terrorista argentino” de Eduardo Luis Duhalde, una lectura que es asimismo devastadora.

El horror se expresa concepto tras concepto, como ser “a ello se suma -en muchos casos- la retención de familiares en calidad de rehenes, a menudo sometidos a presiones y atropellos”, “el ocultamiento de su accionar es la primera característica del estado terrorista. Por ello, los grupos operativos no se identifican, las autoridades niegan la acción o procedimiento y los detenidos no son reconocidos como tales”, cita un informe que señala “Dirigentes y activistas fueron muertos, presos, desaparecidos, exiliados. Las cifras, aunque imprecisas, tienen contornos siniestros y horrorosos: se cuentan no por individuos sino por centenares, por miles. Hubo ejecuciones en las fábricas y violencias físicas y psicológicas tendientes a aterrorizar a los obreros”, debajo de las fotos se pueden leer cosas como “Retiro del cadáver atado y amordazado de un joven”, “A los cuerpos de muchas víctimas se los mutiló y quemó para impedir su identificación”, “Víctimas de los allanamientos militares. Cientos de ellas fueron asesinadas mientras dormían”. Como ya he dicho, esto se hizo en el contexto de la “guerra fría” y con el apoyo de los Estados Unidos (salvo en el período del Presidente Jimmy Carter que retiró su apoyo a estas dictaduras), así como luego se juzgaron a los responsables con el apoyo de los Estados Unidos.

Esto debería de haber sido enseñanza suficiente para tener una región libre de crímenes de lesa humanidad. Lamentablemente, ello no es así y hoy podemos leer nuevas atrocidades.

“En Venezuela, la OEA reportó aproximadamente 18,000 ejecuciones extrajudiciales en un informe de 2020, la ONG Provea documentó más de 10,000 ejecutados por fuerzas de seguridad durante la década 2013-2023 y la ONU estimó cerca de 7,000 muertes en un solo año previo a 2019”, informe CASLA 2021 señala “Padres, madres, abuelos, hermanos, primos, niños, vecinos, amigos, novias, han sido secuestrados por funcionarios del SEBIN y DGCIM, trasladados a sedes de esos cuerpos policiales, en su mayoría esposados, sin importarles la edad, sexo o condición física”, “para la ejecución de la tortura, pueden conocer los límites que separan a las víctimas de la muerte, cuando son sometidos a largos períodos de tortura física que les provocan desfallecimientos continuos, dolores extremos que pueden ocasionarles infartos, o ruptura de miembros u órganos del cuerpo que ponen en peligro su vida, más cuando las víctimas siguen siendo sometidas a otras torturas después de esto”, “como distintos funcionarios del régimen han utilizado diversos mecanismos para devolverles el ritmo cardíaco y seguirlos” torturando.

Hoy debemos pedir la libertad de cada preso político en la región, de cada torturado, de aquellos que están enterrados en vida en el Fuerte Guaicaipuro en Venezuela, por ejemplo.

Héctor Schamis captura
Héctor Schamis.

Es el mismo sadismo, el mismo nivel de crueldad delictiva, las mismas psicopatías criminales graves, hayan sido argentinos o uruguayos o sean cubanos, venezolanos o nicaragüenses. Las estructuras de convicción irracional que pueden sostener un régimen como ser el fanatismo religioso respecto al cual me referí en una anterior columna.

Los Derechos Humanos, los crímenes de lesa humanidad trascienden la ideología, no es posible quedar empantanados en la misma cuando una sociedad o un sistema político necesita respuestas que rescaten a las personas de la tortura, el asesinato, la desaparición forzada, la violencia sexual. ¿Quieren saber sobre imperativos categóricos? Son estos: que haya justicia para todos, que tengamos un hemisferio libre de crímenes de lesa humanidad, que haya verdad, memoria, no repetición. No se pueden tener otros imperativos categóricos y saltearse estos. Una vez me le “escapé” a un Presidente para asumir estos principios antes de llegar a la OEA y cuando ya estaba en la OEA me le volví a escapar para volver a hacerlo.

campamentos y reclamos en Venezuela
Jóvenes reclamban atención de las autoridades, de la ONU, de la Iglesia mientras el régimen venezolano profundizaba la represión

La defensa de los Derechos Humanos debe poder cruzar la frontera de la ideología, nunca ha sido la idea que los testimonios y la argumentación jurídica de los mismos pertenezca a las lógicas políticos partidarias, pero con esa lógica no se asumen como son, una dimensión real de protección a los pueblos, sino que se los hace bajar a una instrumentalización que los lleva a ser nada más que un elemento más de la bajeza que puede tener la política. Los Estados terroristas argentino, uruguayo, chileno, brasileño y los Estados terroristas cubano, venezolano, nicaragüense tienen algunas diferencias entre ellos en lo que refiere a crímenes de lesa humanidad, una de ellas es la impunidad, la otra es que continúan perpetrándolos. No obstante, todavía no escuchamos la condena permanente y generalizada que se debería escuchar.

Las imperfecciones del Derecho generan dinámicas de injusticia como las disfuncionalidades sociales y económicas lo hacen. Latinoamérica es una región con demasiadas imperfecciones en todos los campos. Y también en el de los principios. Aún hoy existen en la región gobiernos que desconocen el concepto de «Estado de Derecho Democrático» debido a la exigencia profunda que la ideología y/o la corrupción les demanda en términos de lealtad, que definitivamente muestra cruelmente la falta de compromiso con los Derechos Humanos y la permanente indulgencia hacia las trampas autoritarias.

Si bien los liderazgos políticos quizás pueden percibir ciertos aspectos de la realidad, ignoran por completo el concepto específico del Estado de Derecho Democrático en una comprensión genuina. En consecuencia, este tema suele quedar relegado en muchos contextos políticos de nuestra región y la condena de los crímenes de lesa humanidad es tibia, inexistente y con permanentes retrocesos. El punto más alto de condena fue cuando 6 países de la región formalizaron la denuncia contra el régimen venezolano por sus crímenes de lesa humanidad basados en un informe que se hizo en la OEA (en un principio con 0 apoyo).

Secretario general de la OEA llegará a Perú. (Foto: Agencia Andina)
Logo de la OEA. (Foto: Agencia Andina)

“Cambio de régimen” se ha transformado en el leitmotiv de aquellos que defienden la perennidad de las dictaduras. El problema es que directamente no siempre se aplica la legitimidad objetiva de la democracia, por lo tanto, existe dejadez a la hora de reclamarla, defenderla y promoverla, las lealtades a la democracia son más débiles que las lealtades a asociados ideológicos y que comparten intereses, muchas veces de la peor naturaleza. Esto se hace aun frente a la evidencia de terrorismo de Estado, esto se hace aun frente a la evidencia de alteración del orden constitucional.

La prescindencia, la “neutralidad” tienen en la región vieja data, nuestros países esperaron el último de la Segunda Guerra Mundial para declarar la guerra al eje (salvo Brasil que lo hizo en 1942 luego le fueran hundidos 30 barcos), así como luego se dio refugio en el Cono Sur a lo peor del aparato de odio nazi. La región era neutral frente a los crímenes de odio del nazismo. Y quizás debemos mencionar también las vicisitudes de los pobres que tuvieron que apoyar al nazismo y su guerra al principio cuando el pacto Stalin-Von Ribbentrop, luego tuvieron que apoyar la campaña masiva de crímenes de lesa humanidad de Stalin y sucesores y después tuvieron que ver cómo todo se desmoronaba. Debo decir que no tengo muchos problemas en apoyar cambios de régimen cuando se trata de pasar de una dictadura a una democracia, por imperfectas que sean.

El significado de la realidad de los Derechos Humanos reside, natural y sencillamente, en sí misma en el proceso de justicia. Sobre esa base se afirma el significado de los derechos humanos pues la forma en que los mismos sean sostenibles tiene que ver con la creación de dinámicas sociales que tienden a consolidar las ideas sociales, económicas y jurídicas de justicia. Los derechos humanos son su propia recompensa. La realidad debe ser que no se actúe de acuerdo con los principios del Estado de Derecho con la esperanza de obtener algo más, sino que se lleven adelante determinadas acciones por el valor de las mismas en asegurar la vigencia de esos Derechos.

El Estado de Derecho no se limita al nivel institucional, está íntimamente ligado a la dinámica de las interacciones interpersonales, cuáles son los valores de la ciudadanía y cómo esos valores son puestos en práctica en el ejercicio diario de la democracia. No es solamente cuando el discurso político ignora este aspecto es que la realidad humana se distorsiona, ello simplemente despierta monstruosidades sociales y políticas subyacentes en nuestras sociedades y que una vez en acción alimentan y retroalimentan directamente el sistema político. Alcanza con ver los niveles de respuestas en redes sociales para comprender que el problema es más complejo y más extendido.

La legitimidad objetiva de la Democracia como sistema de Gobierno en las Américas no es algo que debería discutirse, pero lamentablemente es algo que todavía requiere de valentía para hacerlo, la defensa de la democracia se transforma en batalla ideológica, una vez sí y otra también.

Tampoco debería de haber matices para la defensa de los Derechos Humanos, así como para la condena de las violaciones de Derechos Humanos, pues los mismos pertenecen a una noción de aplicación universal. Al hablar de derechos humanos, el término se utiliza en su sentido más fundamental. Los Derechos Humanos no pertenecen ni a una ideología, ni a una suposición política, ni a una mera teoría; es una realidad vívida, una realidad que debe garantizarse y protegerse concretamente. Esto implica proteger la situación específica de cada persona para ayudarla a encontrar soluciones que respeten su humanidad y su conciencia. Por lo tanto, la implementación efectiva de políticas relacionadas con los Derechos Humanos fundamentales debe ser un requisito universal e ineludible, ya que todos los aspectos de la gobernanza política y administrativa están directamente vinculados a su vigencia y a su implementación práctica.

Cuando se habla de Derechos Humanos, debemos emplear el término en su sentido más fundamental, ellos son una realidad inmediatamente tangible que debe ser implementada y defendida en la práctica. Los derechos humanos enriquecen la vida de las personas, tienen que ver con la implementación de principios subyacentes de su naturaleza humana y que deben ser de carácter permanente; la salvaguarda de su existencia y de su valor no admite interrupción alguna en su protección, ni siquiera en ausencia de una observación directa de violaciones a los Derechos Humanos. Una verdadera comprensión de los Derechos Humanos solo puede alcanzarse en su sentido más integral.

Como podrán imaginar, la situación resulta compleja, habida cuenta de que la mayoría de los países en este ámbito tienden a operar conforme a un modelo flexible, en lugar de adherirse a metodologías científicas rigurosas que impedirían la aplicación de dobles raseros o la suspensión temporal de la plena implementación de estos derechos. Como es posible comprender, la situación es siempre políticamente delicada, porque la mayoría de los países operan dentro de un paradigma de flexibilidad al respecto de los Derechos Humanos. Los Gobiernos han demostrado más lealtad a la ideología y a intereses no siempre muy claros que a los Derechos Humanos, lo cual ha llevado a que la defensa no siempre se realice con un riguroso enfoque científico que no admite dobles estándares ni interrupciones coyunturales del pleno goce de los mismos.

El Estado de Derecho Democrático es esencial para la mejor defensa de los mismos, los abarca a todos incluido en las dinámicas más relativas de su goce. En el ejercicio de las libertades, en cierto sentido, la conciencia humana se expande, el proceso se vuelve tan holístico —y hay un número infinito de variaciones posibles— que ello mueve a los Derechos Humanos al centro mismo de la realidad social. Este enfoque ético es el único posible, lo cual nos lleva a una definición recursiva de los Derechos Humanos, en la medida en que el libre ejercicio de estos derechos es inherente a la propia definición de las personas. Sí, precisamente, esto no es por defecto, sino una característica fundamental.

La realidad es un proceso de interacciones infinito y es entonces en esta realidad que los Derechos Humanos deben ser, en el nivel absoluto y último, su propia fuente, su propio fin, su propio propósito y su propia razón de ser. Entonces, el significado de la realidad tiene que ver con cómo las personas interactúan y cómo al interactuar construyen redes sociales de Derechos que son respetados. Pues también lamentablemente se dan sociedades en que existen Derechos Humanos que eventualmente son relegados. Por ejemplo, un proceso político que implemente medidas de seguridad extremas en que no se respete el debido proceso puede estar basado en condiciones de inseguridad extremas que generaron una reacción a esa situación por la cual la sociedad admite y tolera la conculcación de Derechos para retomar la paz y la seguridad interna. Es un mecanismo que hemos llamado “comerse a los caníbales”.

Sin embargo, el Estado de Derecho Democrático comprende estos paradigmas de los Derechos Humanos en sí mismo, incluso en las dinámicas más relativas de su aplicación. En el proceso de ejercer la libertad, la conciencia se expande en más de un sentido. El proceso se vuelve tan inclusivo, y con infinitas variaciones, que es posible comprender los derechos humanos en el núcleo de la realidad social. Este es el único enfoque ético posible, y en cierto modo, se asemeja a una definición recursiva de los Derechos Humanos, porque el libre ejercicio de estos derechos es inherente a la propia definición de la existencia humana. De hecho, y en efecto lo es, esto no es una configuración determinada, sino una característica fundamental. Debemos tener siempre presente que este ejercicio de libertades fundamentales individuales se hace sobre la base de principios que son comunes, ello quiere decir que el ejercicio de la libertad que tiene una naturaleza colectiva y que a la vez que concedemos también recibimos la capacidad de acción social, jurídica, económica, cultural, política en forma de Derechos que pueden ser expresados, instrumentados y activados. La práctica de la libertad tiene un carácter colectivo pues de hecho es imposible que ocurra en nuestro propio cubículo. Es en este sentido colectivo que se fortalece.

Así, el significado de la realidad reside en cómo los individuos interactúan y, a través de dichas interacciones, construyen una red social de derechos, algunos de los cuales se mantienen y otros que, en última instancia, se suprimen. Un proceso político que impone medidas de seguridad extremas sin respetar el debido proceso puede tener su origen en una profunda inseguridad. Esta situación puede desencadenar una respuesta social en la que las violaciones de derechos se aceptan y toleran como medio para restablecer la paz y la seguridad interna. Los Derechos Humanos y el Estado de Derecho son sacrificados muchas veces para asegurar condiciones de vida mínimas, pero este error que lleva a importantes retrocesos tiene que ver con incompetencia e incapacidad para hacer las cosas como se deben, incapacidad para construir instituciones fuertes que den certeza de justicia.