
En 2018 y 2019, el antisemitismo se convirtió en una amenaza dominante en la sociedad estadounidense, con un aumento significativo de incidentes y la horrible masacre de judíos en una sinagoga en Pittsburgh. Desde la década de 1960, la Liga Antidifamación (ADL) ha realizado investigaciones sobre las actitudes antisemitas y, para comprender este momento, inició un nuevo estudio sobre las opiniones de los estadounidenses sobre los judíos.
Los resultados parecían contradictorios: solo el 11% de los estadounidenses albergaban amplias actitudes antisemitas, una de las cifras más bajas jamás registradas. Pero esto no era necesariamente contradictorio.
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En primer lugar, creíamos que aunque el pueblo estadounidense en general no se había vuelto más antisemita, el 11% que estaba de acuerdo con los motivos de odio representaba a unos 30 millones de adultos. En un país con unos 7,5 millones de judíos, esta era una conclusión aleccionadora en sí misma.
Lo que aparentemente había cambiado era la inclinación de algunos de esos 30 millones a actuar de acuerdo con esas creencias.
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Recordemos el entorno en ese momento: creciente polarización política, escalada del discurso de odio en las redes sociales y una preocupante retórica procedente de la Casa Blanca de Trump. Los estadounidenses per se no se estaban volviendo más antisemitas, pero parecía que los que ya estaban contaminados con esas creencias se sentían cada vez más envalentonados para actuar en consecuencia.
Desgraciadamente, la situación ha empeorado desde entonces: la nueva investigación de la ADL, realizada en septiembre y octubre del año pasado, ha revelado un deterioro sustancial de las opiniones de los estadounidenses no judíos respecto a sus vecinos judíos.
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La encuesta reveló que el 20% de las personas albergaba un amplio sentimiento antisemita, un drástico salto desde el 11% de la última encuesta y la cifra más alta en tres décadas. Hoy, 66 millones de adultos estadounidenses —una cifra abrumadora— creen en seis o más tropos antisemitas del Índice de la ADL, el nivel más alto desde 1992 y muy cercano al hallazgo más alto del 29% en 1969.
Esto sugiere un nivel de generalización que no habíamos visto en décadas. Se refleja en la cultura popular, en la explosión de incidentes antisemitas y en la creciente falta de vergüenza a la hora de manifestar públicamente el antisemitismo, una ausencia de vergüenza que también es nueva.
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Los que estamos en primera línea esperábamos estos resultados y, sin embargo, los datos siguen siendo sorprendentes y aleccionadores. Hay un alarmante aumento de las opiniones y el odio antisemitas en casi todos los indicadores, a niveles no vistos desde hace décadas.
Nos referimos a un gran número de personas que creen algunas de las ideas más peligrosas sobre los judíos —ideas que históricamente han conducido a la violencia. La idea del control judío del gobierno, por ejemplo, llevó a los horribles ataques antisemitas de Pittsburgh y Poway (California), así como a la crisis de los rehenes que tuvo lugar hace un año en Colleyville, Texas.
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Las redes sociales han actuado como un súper propagador de este virus. Han compartido sin límites tales toxinas por todos los rincones del mundo. Mientras tanto, funcionarios electos y candidatos políticos de ambos partidos han dado aceptación a la idea de que los judíos son “más leales” a Israel que a Estados Unidos.
Nuestra investigación ha descubierto asimismo que la retórica incendiaria contra Israel también contribuye al aumento de los incidentes antisemitas. No debería sorprendernos que demonizar al Estado judío lleve a la gente a demonizar a los judíos. De hecho, nuestra última encuesta reveló que el 39% de los encuestados cree que Israel trata a los palestinos “como los nazis trataron a los judíos”, una afirmación obviamente falsa y calumniosa.
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Y no olvidemos los horribles comentarios antisemitas expresados por varias celebridades el año pasado, entre ellas el rapero Kanye West, que censuró a los judíos por “controlar” la industria musical y aprovecharse de los artistas para obtener beneficios. Cuando un artista de renombre mundial como Kanye da voz a estos odiosos —y debo señalar, falsos— tropos antisemitas, sus palabras se amplifican a sus decenas de millones de seguidores y más allá, validando los sistemas de creencias de los ya previamente contaminados con opiniones antisemitas y atrayendo a otros en el proceso.
En un momento en que los incidentes antisemitas han alcanzado niveles históricos —en 2021, la ADL contabilizó el mayor número de incidentes en los más de 40 años que ha estado recopilando datos—, el preocupante aumento de las actitudes antisemitas en Estados Unidos debe servir como otro llamado de atención de que algo anda mal en la sociedad, que hemos llegado a un punto de inflexión peligroso.
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Como todas las formas de odio, el antisemitismo no proviene de una única fuente y no existe una varita mágica para detenerlo. Necesitamos que los líderes de todos los sectores de la sociedad se pronuncien contra él. Y, sobre todo, los líderes deben estar a la altura de las circunstancias y mostrar su voluntad de condenar no solo el papel de la otra parte en el aumento del antisemitismo, sino también el suyo propio.
Esta investigación debe servir de llamado de atención a todo Estados Unidos. Necesitamos estrategias proactivas para hacer frente al antisemitismo y, para muchos estadounidenses, ese proceso debe comenzar con una mirada al interior de sus propias comunidades y partidos políticos. No existe una solución milagrosa para luchar contra el antisemitismo: será necesario un enfoque multifacético para hacer frente a este complejo y ancestral odio.
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*Jonathan A. Greenblatt es Director Ejecutivo y Director Nacional de la Liga Antidifamación (@ADL_es) y autor de It Could Happen Here.
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