La elección del BID expuso las divisiones en América Latina: el desafío que enfrenta la región

El candidato de los Estados Unidos se impuso con el 66,8% de los votos


Mauricio Claver-Carone (EFE/JIM LO SCALZO)
Mauricio Claver-Carone (EFE/JIM LO SCALZO)

La elección de Claver-Carone dejó en claro las divisiones en América Latina y la pérdida de influencia de la Argentina en la región. El candidato de los Estados Unidos, conocedor de estos problemas, aprovechó la situación y las relaciones desarrolladas durante el tiempo que estuvo en el FMI y como asesor de la Casa Blanca para los Asuntos Hemisféricos. La candidatura encontró un apoyo mayoritario entre los países del continente.

El BID fue en sus inicios un organismo importante, pero ha perdido influencia por los cambios en el mercado financiero internacional y por la incapacidad de los países para aumentar sus contribuciones. El manejo de 12.000 millones de dólares no es insignificante, pero está muy lejos de lo que necesita la región en estos momentos para recuperarse del terremoto causado por el COVID-19. Y en vez de discutir cómo aunar esfuerzos y plantear un programa para fortalecer al organismo, la polémica se centró en el personaje o en su ciudadanía como si estuviera en juego la soberanía. La realidad indica que si fuera de los Estados Unidos no habría ninguna otra fuente para recapitalizar al organismo.

Los Estados Unidos están envueltos en una campaña electoral caracterizada por su agresividad y el tema del BID no está dentro de las prioridades de los candidatos. América Latina debería desarrollar una tarea conjunta para lograr el consenso de ambos partidos en favor de nuevos recursos. El Congreso aprobó programas excepcionales que superan el 10% del PBI de los Estados Unidos y quizás habría posibilidades para sensibilizar a los miembros sobre un aumento del capital; una acción de esta naturaleza requería del apoyo bipartidario. La Unión Europea ya sentó un ejemplo al incluir dentro de sus programas de reconstrucción ayuda para el Norte de África.

La posición argentina planteada en términos de confrontación con los Estados Unidos no encontró ningún eco en los gobiernos. Ni siquiera en México, cuyo presidente, AMLO, mantiene con Donald Trump una relación excepcional caracterizada por un intercambio de frondosos elogios. Este “antiimperialismo” es un residuo del pasado que si bien puede suscitar la simpatía de algunos grupos intelectuales no se concibe cuando en forma recurrente se golpea la puerta del secretario del Tesoro para lograr su apoyo en las negociaciones financieras. La Argentina jugó sola en contra de la opinión mayoritaria al todo o nada y en diplomacia las posiciones extremas siempre terminan mal. Esta situación se replica en el Grupo de Lima, en Prosur, OEA y en el Mercosur.

Claver-Carone ha dicho que sólo permanecerá en el BID durante un solo período, algo que lo diferencia de los anteriores presidentes, que estuvieron aferrados al cargo por 15 años consecutivos y sentaron un antecedente reñido con la ética. La presidencia juega un rol importante pero no define el rol del banco, que tiene a su vez otros cargos de relevancia y un directorio ejecutivo. Cinco años no es un tiempo excesivo y quizás a la Argentina le pueda servir para reflexionar y evitar la repetición de este papelón en la próxima elección.

El autor es Licenciado en Economía Política (UBA), Master in Economics (University of Boston) y fue embajador argentino en Tailandia. Es Miembro Consultor del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI)

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