Cuando en 2014 Leopoldo López, mi esposo y preso de conciencia, convocó a la protesta pacifica y constitucional en Venezuela, lo hizo para elevar su voz y la de toda la ciudadanía, para exigir respeto a nuestros derechos fundamentales. Leopoldo dijo: "Esta lucha, hermanas y hermanos, es por todo el pueblo de Venezuela que hoy está sufriendo; está sufriendo colas, está sufriendo escasez, los jóvenes no tienen empleo, no tienen futuro, por un modelo equivocado; por un modelo que nos han implementado que es importado de otros países, que no se parece al bravo pueblo de Venezuela".

La respuesta del régimen no se hizo esperar y en lugar de atender el sufrimiento de la población encarceló a mi esposo, en un intento, que no ha dado resultado, de silenciarlo. Hoy junto a él hay casi 400 ciudadanos presos por atreverse a elevar su voz para exigir respeto y garantías a nuestros derechos fundamentales, entre ellos un alcalde, varios diputados, activistas de derechos humanos, líderes políticos, estudiantes y madres de familia.

Ya en 2014 aparecían los primeros síntomas de la crisis humanitaria que hoy vivimos, la inflación estaba en 54%, los productos básicos como la harina, el azúcar y el aceite escaseaban, y la criminalidad alcanzaba niveles record. Hoy 4 años más tarde estamos ante una emergencia humanitaria sin precedentes en la región, que amenaza con forzar a emigrar a millones de venezolanos en busca de comida, medicinas y seguridad.

Estamos ante una emergencia humanitaria sin precedentes en la región, que amenaza con forzar a emigrar a millones de venezolanos en busca de comida, medicinas y seguridad

Cuando Leopoldo se entregó a la justicia injusta de Nicolás Maduro, lo hizo consciente de los riesgos que corría, que dejaría de ver a su familia por un tiempo incierto, que estaría sometido a los tratos inhumanos a los que estuvo sometido durante más de 3 años y medio, pero también estaba consciente que entregar su libertad sería su manera de llamar la atención sobre el drama que padecía Venezuela y que el mundo comenzaría a interesarse por el sufrimiento de los venezolanos para ayudarnos a encontrar soluciones a la crisis y asegurar el retorno de la democracia.
Tras su encarcelamiento y al tiempo que aumentaba la censura, dejé de lado mi vida de madre y esposa de un político, para dedicarme al activismo y defensa de los derechos humanos. Salimos a denunciar ante el mundo entero los abusos del régimen de Nicolás Maduro, el hambre, el colapso del sistema de salud, la persecución y la tortura a los disidentes, y el intento deliberado del régimen de someternos con unas bolsas de comida para intentar comprar voluntades políticas, a través del programa de bolsas de alimentación CLAP.

Al principio muchos dudaban de la gravedad de nuestra denuncia, creían que las violaciones eran mucho menos severas y urgentes de lo que en realidad eran. El régimen se había anotado una victoria temporal al ocultar la crisis con su maquinaria comunicacional.

Hoy tenemos una compleja emergencia humanitaria en el país, compleja porque la gente está pasando hambre, compleja porque la familia Zambrano en Caricuao para poder tener agua en su casa, va hasta una avería en la avenida principal para llenar tobos, porque tienen meses sin el servicio; compleja porque Martha Solórzano un día después de grabar un video para Codevida denunciando que había perdido el trasplante de su riñón y que su vida corría peligro, murió. Uno lee, escucha, ve, se entera de estos casos y te llena de indignación, y esa indignación debe ser el motor para seguir luchando y para cambiar esa realidad que hoy nos golpea.

Las estadísticas son alarmantes, la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida de la Población Venezolana (ENCOVI) 2017 encontró que 87% de los hogares venezolanos se encuentran en condición de pobreza y en 80% ingieren dos o menos comidas al día.

Hemos visto cómo la desnutrición infantil está avanzando, madres desnutridas dan a luz a niños desnutridos, estos no tienen cómo tomar leche materna y por la falta de insumos en los hospitales tampoco pueden tomar fórmula. La desnutrición aguda infantil se ubica en 15,5%. Ante esta emergencia, muchas familias comen lo que pueden y en las últimas semanas han muerto niños por consumir alimentos no aptos para el consumo humano, como la yuca amarga y otros han muerto simplemente por no resistir más. El jefe del programa de alimentos de Naciones Unidas ha dicho que la situación es catastrófica. Como mamá me desespera la situación de los niños y me pregunto en qué situación puede estar una madre para decidir dejar a su bebé en un bolso en un vagón del metro, o cómo puede sentirse hoy Julieta Escalona, que su bebé se murió por desnutrición en sus brazos. Como sociedad no podemos ser indiferentes a esto, juntos podemos buscar la manera de ayudar a quien más lo necesita.
La situación de salud también es alarmante, hay un 90% de escasez de medicinas, los quirófanos no funcionan y frecuentemente se puede ver a los pacientes oncológicos pediátricos protestando a las puertas de los hospitales para exigir tratamientos, como si estar enfermo de cáncer no fuese suficiente tragedia para un niño, o para su madre. Lo más grave es que el régimen se niega a aceptar la ayuda humanitaria que podría paliar la crisis.

87% de los hogares venezolanos se encuentran en condición de pobreza y en 80% ingieren dos o menos comidas al día

A falta de respuestas y queriendo ser parte de la solución en 2016, a pedido de Leopoldo lanzamos la iniciativa Rescate Venezuela, con la cual recaudamos más de 5 mil cajas de insumos médicos en 11 ciudades del mundo: Madrid, Miami, París, Panamá, Palo Alto, Bogotá, Ciudad de México, República Dominicana, San Francisco, Orlando y Nueva York. Al llegar a Venezuela entregamos esos insumos a quienes los necesitaban, pero al régimen no le gustó que fuésemos proactivos, nos prohibió la entrada a los hospitales y hasta llegó a apresar a un médico y al personal del hospital que recibió los insumos.

En 2017 iniciamos los Campamentos Humanitarios de Rescate Venezuela, que buscan brindar un plato de comida y atención médica a quien más lo necesita. Nos instalamos en 10 estados del país y atendimos a 16.500 mujeres, 7.500 hombres y 6.000 niños, este año queremos seguir con ese proyecto y nuestra meta es llegar a todos los estados del país, protegiendo y ayudando, en la medida de nuestras posibilidades a quien más lo necesita.

Este régimen, como bien dijo el presidente Macron de Francia, está dispuesto a quedarse en el poder aun a un altísimo costo humanitario, ante ello necesitamos de todo el apoyo de la comunidad internacional para que Venezuela pueda ser libre, para que podamos superar la emergencia humanitaria, para que irse del país no sea la única opción de muchos venezolanos, y es que en los últimos años han emigrado más de 4 millones de venezolanos según la encuesta de consultores 21. Colombia y Brasil se han convertido en los principales destinos de los venezolanos que buscan mejores condiciones de vida. Las imágenes son desgarradoras, familias enteras cruzando a pie o como puedan la frontera de Venezuela, profesionales trabajando en cualquier empleo que puedan conseguir para subsistir, miles de familias separadas por el éxodo.

Lo más grave es que el régimen se niega a aceptar la ayuda humanitaria que podría paliar la crisis

Es la hora de la resistencia, de la solidaridad y de la esperanza. No vamos a descansar hasta poder recuperar la libertad y vivir libres de hambre, libres de enfermedades, libres de miedo. Esta es una lucha por amor a nuestras familias, por mi esposo Leopoldo y por todos los presos políticos, por todos nuestros héroes caídos y sus familias, es una lucha para que los millones de venezolanos que están en la diáspora, puedan regresar a reencontrarse con sus familias y para que puedan contribuir desde sus espacios en la reconstrucción del país que tanto los extraña y necesita.

No vamos a descansar hasta poder recuperar la libertad y vivir libres de hambre, libres de enfermedades, libres de miedo

Es una lucha por Venezuela y por cada venezolano que está pasando trabajo, por cada madre que sufre al ver a su hijo con hambre, por cada enfermo que no puede acceder a su tratamiento, es una lucha por cada niño al que queremos proteger y devolverle la sonrisa.

Tengo fe que con nuestro trabajo y el de cada uno de los venezolanos vamos a lograr Rescatar a Venezuela. ¡Si se puede!