
300 días de resistencia se cumplen hoy en Ucrania. 300 días desde que el 24 de febrero último Vladimir Putin decidiera invadir el país vecino bajo la excusa de la “desnazificación”. Prometió una “operación especial” relámpago que en apenas tres días colapsaría Kiev y terminaría con el gobierno democrático de Volodimir Zelensky.
Sin embargo, los planes no marcharon como el ejército ruso y los mercenarios del Grupo Wagner le prometieron al jefe del Kremlin. Por el contrario, las humillaciones se concatenaron una a una para sorpresa de los popes rusos y del resto del mundo. Ahora, Rusia está a pocas horas de registrar 100 mil bajas -entre muertos y heridos- en el frente. Una cifra descomunal que nadie hubiera creído al inicio de la contienda.
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La sangrienta contabilidad corresponde a los datos que a diario informa el Ministerio de Defensa de Ucrania. A esas pérdidas humanas -que pareciera no importarle a Moscú- debe sumarle casi 3000 tanques, 6000 vehículos blindados, 2000 piezas de artillería, 400 lanzacohetes, 280 aviones cazas, 260 helicópteros, 1700 drones, 650 misiles crucero, 16 buques y lanchas, 4600 vehículos de suministro y 180 equipos especiales destruidos.
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Putin blandió la amenaza nuclear desde el inicio de la “operación especial”. Pero su palabra parece haber perdido tanto valor como el poder de fuego de sus tropas. Decía que si se contraatacaba sobre territorio ruso, la respuesta sería apocalíptica. A pesar de esa permanente conminación, el miedo no resultó. Fue efímero. En estos diez meses varios misiles cayeron a pocos kilómetros de la capital, en bases aéreas, y nada ocurrió. Un atentado en el corazón de Moscú terminó con la vida de Darya, hija del intelectual e ideólogo del Kremlin Aleksandr Dugin y no existió réplica nuclear. El puente que une Crimea con Rusia también fue volado y nada sucedió.
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Kherson, Kharkiv, territorios que había tomado Rusia y mostraba como trofeos, volvieron a la soberanía ucraniana tras feroces batallas y una superioridad absoluta. Esto luego de que Putin ejecutara un referéndum apócrifo para poseerlas como propias. Otra vez… nada.
Incluso, el régimen debió recurrir a 300 mil ciudadanos sin formación para poder contrarrestar la avanzada ucraniana. Hasta los mercenarios de Wagner, dirigidos por Yevgueni Prigozhin -conocido como “El Chef de Putin”-, buscaron carne de cañón en las penitenciarías a cambio de conmutar las penas por las que habían sido condenados. De esta forma asesinos, ladrones y demás personajes del submundo cambiaron celdas por trincheras sin más motivación de la de algún día volver enteros a sus hogares.
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A lo largo de los 300 días de invasión, Rusia cometió todo tipo de atrocidades y crímenes de guerra. Pero desde que descubrió que ya no puede tomar más territorio ajeno se enfocó en golpear sobre la infraestructura civil ucraniana. Quiere dejar sin gas, sin electricidad, sin agua y sin energía a toda la población. Otro crimen de guerra de acuerdo al Artículo 8 del estatuto de la Corte Penal Internacional. Algún día podrán ser sentados frente a un tribunal como el de Núremberg.
Putin sabe que durante el durísimo invierno que se cierne sobre Ucrania no podrá avanzar una sola pulgada. La nieve, el frío, el barro, serán obstáculos casi tan cruentos como los soldados que tendrá enfrente. Sus tropas, refugiados en tanques, construcciones precarias, carpas y trincheras se mostrarán cada vez más desmotivadas a medida que sufran más bajas. Sus depósitos y rutas de abastecimiento padecerán el asedio permanente que llueve desde los sistemas de misiles que Occidente le proporciona a Kiev.
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No parece avecinarse un un gran invierno para Putin.
Los últimos 300 días fueron los más largos y más humillantes de los 70 años de Putin. Cuánto más podrá soportarlo él, los oligarcas que lo rodean, los militares y sobre todo el pueblo ruso es un misterio.
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