Qué esperar de la endeble y extraña coalición que desplazó a Netanyahu tras 12 años en el poder de Israel

El centrista Yair Lapid formó un gobierno de ocho partidos que van desde la derecha a la izquierda e incluye hasta árabes islamistas. El nacionalista Naftali Bennett será el primer ministro

La foto difundida por las redes sociales que muestra el momento de la firma del acuerdo de gobierno entre Yair Lapid (izq.), Naftali Bennet (centro) y Manssour Abbas (derecha).
La foto difundida por las redes sociales que muestra el momento de la firma del acuerdo de gobierno entre Yair Lapid (izq.), Naftali Bennet (centro) y Manssour Abbas (derecha).

Faltaba menos de una hora para la medianoche en Jerusalén, el tiempo límite para presentar una coalición de gobierno que impidiera una quinta elección en dos años para los israelíes. Fue cuando Mansour Abbas, del partido islamista Ra’am, el primer representante del 21% de los israelíes árabes que llega a un gobierno, puso la firma. La extraña coalición, compuesta por partidos que van desde la extrema derecha hasta la izquierda, tiene los votos suficientes en el Knesset, el parlamento israelí, para formar gobierno y terminar con 12 años del primer ministro Benjamin Netanyahu en el poder. Los une más el espanto que el amor. Están juntos para terminar con el gobierno de “Bibi”, que es como todos conocen al premier. Eso es lo único que los amalgama. Y la pregunta que se hacían anoche por las callecitas de la Ciudad Antigua era si ese único objetivo es suficiente como para gobernar Israel.

Yair Lapid, el centrista que tuvo la tarea de formar el gobierno después de que Netanyahu no lo lograra tras las elecciones del 23 de marzo, informó oficialmente al presidente Reuven Rivlin de que tiene el respaldo suficiente para seguir adelante y hacer jurar a un nuevo Gabinete. El principal socio de Lapid es el nacionalista Naftali Bennett, que será el primer ministro en virtud de un acuerdo de rotación entre los dos en ese puesto. El frágil nuevo gobierno, que contará con una exigua mayoría en el Knesset, asumirá en unos 10 días, lo que le deja aún un pequeño margen para que la bancada que responde a Netanyahu en el parlamento pudiera intentar algún tipo de maniobra obstruccionista. Es una especialidad del premier y sus hombres.

La noticia de la creación del gobierno vino acompañada del nombramiento del nuevo presidente del país. El parlamento eligió a Isaac Herzog para reemplazar al popular Reuvin Rivlin, que procede del mismo partido que Netanyahu, aunque era considerado su enemigo político. La votación se puede ver como una prueba más del fin de la era Netanyahu y de la política que él definió. Herzog es lo más parecido a un “príncipe de la realeza” que el sistema político israelí puede concebir, parte de la antaño dominante élite asquenazí -en referencia a los judíos llegados de Europa- que dio forma al Estado israelí durante décadas de gobierno tras su fundación en 1948.

La nueva coalición es una sopa de letras. Está compuesta por los partidos Yesh Atid, Yamina, Kahol Lavan, New Hope, Laborista, Yisrael Beiteinu, Meretz y United Arab List. Mientras que algunos analistas la han aclamado por reflejar la amplitud y complejidad de la sociedad israelí, otros creen que sus miembros son demasiado incompatibles para que su pacto sea duradero, y la consideran la encarnación de la disfunción política de Israel.

El nacionalista ex ministro de Education Naftali Bennett y elcentrista Yair Lapid. Ambos se sucederán en el puesto de Primer Ministro. REUTERS/Ammar Awad/Amir Cohen
El nacionalista ex ministro de Education Naftali Bennett y elcentrista Yair Lapid. Ambos se sucederán en el puesto de Primer Ministro. REUTERS/Ammar Awad/Amir Cohen

La alianza estará dirigida hasta 2023 por Naftali Bennett, un antiguo líder de los colonos, religiosamente observante, que se opone a un Estado palestino y quiere que Israel se anexione la mayor parte de la Cisjordania ocupada. Es un ex aliado de Netanyahu que a menudo se describe como más de derechas que el primer ministro. Hijo de inmigrantes estadounidenses, Bennett, de 49 años, fue el creador de una exitosa empresa de software, comandante del ejército, jefe de gabinete de Netanyahu y ministro de Defensa. También fue director ejecutivo del Consejo de Yesha, un grupo que representa a los diversos asentamientos judíos en la Cisjordania ocupada. Hasta el último ciclo electoral, Bennett formaba parte de una alianza política con Bezalel Smotrich, un líder de extrema derecha.

Si el gobierno dura toda una legislatura, estaría dirigido entre 2023 y 2025 por Yair Lapid, un ex presentador de televisión centrista considerado un abanderado de los israelíes laicos. Lapid, de 57 años, es un periodista que se convirtió en político hace nueve años y fue ministro de Economía en una de las coaliciones de Netanyahu. Su partido quedó en segundo lugar en las elecciones generales de marzo, con 17 escaños. Era el indicado para ser el nuevo primer ministro, pero cedió el puesto por dos años en pos de su objetivo principal que era sacarse de encima a Netanyahu. Es el hijo, nacido en Tel Aviv, del ex ministro de Justicia Yosef “Tommy” Lapid, ferozmente laico, que también dejó el periodismo para entrar en política. Su madre, Shulamit Lapid, es una conocida novelista, dramaturga y poeta.

Para tener alguna idea de lo que podría ser el nuevo gobierno, se puede explorar en las posiciones de Lapid desde que fundó el partido Yesh Atid (Hay un Futuro) en 2012. Cuando ocupó el ministerio de Finanzas se centró en reorganizar el sistema que proporciona subsidios a la comunidad ultraortodoxa, a la que acusa de exprimir el dinero del Estado en lugar de buscar un empleo remunerado. La mayoría de sus cambios fueron revertidos por las siguientes administraciones. En cuanto al conflicto palestino-israelí, Lapid es partidario de una solución de dos Estados, pero se opone a cualquier división de Jerusalén, que los palestinos consideran su capital. En 2019, Yesh Atid se unió a Israel Resilience y Telem para formar la coalición centrista Azul y Blanco, formada bajo el liderazgo del ex jefe militar Benny Gantz. Azul y Blanco luchó entonces contra el derechista Likud de Netanyahu en tres elecciones en menos de un año. Lapid se separó de la alianza después de que Gantz se uniera a Netanyahu -para formar un frágil y efímero gobierno en marzo de 2020- y desde entonces se convirtió en la voz liberal de la clase media laica de Israel.

Benjamin Netanyahu tuvo en Donald Trump a su principal aliado quien lo apuntaló en el poder en los años en que el republicano estuvo en la Casa Blanca. REUTERS/Ronen Zvulun.
Benjamin Netanyahu tuvo en Donald Trump a su principal aliado quien lo apuntaló en el poder en los años en que el republicano estuvo en la Casa Blanca. REUTERS/Ronen Zvulun.

Netanyahu intentó en las últimas semanas pintar a Bennett como un vendido a la izquierda, y los partidarios del Likud hicieron circular en las redes sociales imágenes de él con una keffiyeh árabe. También organizaron piquetes y protestas frente a la casa de Ayelet Shaked, su mano derecha y controvertida ex ministra de Justicia. Bennett, Lapid, Shaked y varios periodistas y funcionarios judiciales que llevan el proceso por varios casos de corrupción contra Netanyahu tuvieron que recibir protección policial, en lo que el servicio de inteligencia nacional, Mossad, describió como una “atmósfera de incitación”, que compararon con la campaña de desprestigio que sufrió el ex premier Yitzhak Rabin, poco antes de ser asesinado en 1995 por un extremista religioso. Sólo los once días del conflicto de Gaza –que dejaron 250 muertos del lado palestino y 12 del israelí, incluidos decenas de niños- lograron una tregua política, pero la campaña sucia se reavivó inmediatamente después del acuerdo de cese al fuego del 20 de mayo.

Netanyahu enfrenta un juicio en su contra por fraude, cohecho y abuso de confianza en tres casos de corrupción. El horizonte más temido por el premier era éste que se creó tras el acuerdo de la oposición, el de transitar por los tribunales sin la protección de su cargo. Él y su esposa podrían ir a la cárcel si son encontrados culpables.

Sus partidarios enumeraban anoche en la televisión israelí los logros que, según ellos, había tenido Netanyahu. El primero y más importante es el haber logrado una alianza muy cercana con el ex presidente Donald Trump que lo premió con el reconocimiento por parte de Estados Unidos de Jerusalén como capital de Israel y la luz verde para formalizar la anexión de cerca de un tercio de la Cisjordania ocupada. También celebran que haya “normalizado” las relaciones diplomáticas con cuatro Estados árabes, especialmente a través de las alianzas en el Golfo contra Irán. Desde los sectores más centristas y democráticos se lo veía como un premier autoritario capaz de hacer cualquier cosa para mantenerse en el poder.

Ahora, Israel queda en manos de una coalición débil cuyo principal mandato es el de crear una cierta estabilidad política que termine con la creciente división entre los ciudadanos israelíes de origen árabe y judíos. La última guerra de Gaza provocó enfrentamientos violentos en los barrios y ciudades integradas. El resto, va ser desmontar el fuerte entramado político y social que sostuvo a Netanyahu por 12 años y la eterna asignatura pendiente de la paz con los palestinos.

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