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(Especial para Infobae América) La clase media global "está exprimida". Así lo asegura la OCDE, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. El club de los países más ricos del mundo presentó esta semana un exhaustivo estudio en el que muestra cómo este grupo social se va diluyendo entre los más pobres debido a que su nivel de vida se deteriora al tiempo que mejora el de los que más tienen. La extrema acumulación de riqueza en unas pocas manos está haciendo desaparecer a la clase media, que es la columna vertebral de toda economía desarrollada. El escritor Tomás Eloy Martínez ya advertía de este fenómeno en 1975 cuando publicó un suplemento especial en el diario La Opinión que dirigía Jacobo Timmerman en Buenos Aires con el título de "Réquiem para la clase media". Hablaba de lo que estaba sucediendo en ese entonces en Argentina. Ahora sabemos que esto es un fenómeno global y que no sólo afecta al país más igualitario, en ese momento, de América Latina.

Ser de clase media significa tener las necesidades básicas cubiertas con una casa confortable, un estilo de vida burgués, acceso a la educación y la cultura, trabajos estables y oportunidades para que la siguiente generación pueda ascender en la escala social. "Era una base desde la cual las familias aspiraban a un futuro mejor para sus hijos", dice el estudio.

Técnicamente, este segmento poblacional está compuesto por aquellos cuyos ingresos están entre el 75% y el 200% de la renta media nacional de cada país. La proporción de familias que se considera en ese grupo social en los 36 países de la OCDE se redujo en tres décadas del 64% al 61%.

En los últimos 30 años también se debilitó su influencia como "centro gravitacional" de la economía. En 1980 la renta conjunta de la clase media era cuatro veces más que la de los más ricos, pero ahora representa menos de tres veces. El 10% de las rentas superiores acumulan casi la mitad de la riqueza, mientras que el 40% de las más bajas obtienen apenas el 3%.

"La OCDE constata que en las últimas décadas la clase media vio cómo su nivel de vida se estancaba o disminuía, mientras que los grupos con rentas más altas continúan concentrando riqueza", dijo Gabriela Ramos, directora de la organización.

Uno de los problemas más graves a nivel mundial para los profesionales, empleados medios, pequeños comerciantes y trabajadores independientes es el acceso a una vivienda digna. El estancamiento de sus salarios no les permite mantener el ritmo de aumento de los costos de una casa familiar. "La vivienda representa un tercio del ingreso disponible, frente a un cuarto en los años noventa", explica el informe.

También señala que aumentó considerablemente el costo de la educación. Los colegios y universidades estatales pierden calidad educativa y obliga a los padres a enviar a sus hijos a institutos privados. Este rubro, después del de la vivienda, es el más costoso de afrontar, en este momento, por una familia de ingresos medios.

El ingreso de un hogar considerado de clase media varía de un país al otro. Si se ganan unos 23.000 dólares al año se consideraría de clase media en 25 de los 34 países examinados por la OCDE. En Estados Unidos, entrarían en esta categoría los que ganan entre 23.420 a 62.442 dólares al año. En Europa, el promedio de ingresos va de 12.910 a 34.430 dólares al año. Y en México, estaría entre 3.760 y 10.020 dólares. Esto, siempre para una sola persona. Si hablamos de familia hay que multiplicar estas cifras, al menos, por dos.

Lo grave es que estos ingresos están estancados o crecen a un ritmo muy lento comparado con décadas anteriores. En los ochenta y noventa, la renta media tenía un crecimiento de hasta 1,6% anual. Ahora, no supera el 0,3%. La crisis financiera de 2008 fue fatal para la clase media mundial. A partir de entonces, todas las variables se deterioran y en algunos países baja a niveles de mediados del siglo pasado. Algo que se expresa en el descontento de amplias capas de la sociedad en todo el mundo y que alimenta los movimientos populistas que surgen en diferentes países, desde el Brexit hasta los Chalecos Amarillos y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

Miguel Ángel Gurría, ex ministro de Economía mexicano y actual secretario general de la OCDE, dice que "los gobiernos tienen que escuchar las preocupaciones de la gente y proteger y promover el nivel de vida de la clase media. Esto ayudará a impulsar el crecimiento económico y a crear un tejido social más cohesionado y estable".

Un fenómeno que acompaña a este achicamiento de la clase media es la desesperación de sus integrantes por no caer en la pobreza. Los gastos crecen más rápido que los ingresos y la inflación pulveriza el ahorro. La respuesta es el endeudamiento. "Al menos un 50% de los hogares de clase media gasta más de lo que gana", dice la OCDE. Y esto puede crear en cualquier momento otra burbuja económica que estalle y provoque una nueva crisis global.

Todo está dado para que esto ocurra, según la advertencia de David Malpass, el nuevo director del Banco Mundial. Dijo que "se corre el riesgo de que se produzca una concentración aún mayor de la extrema pobreza en los países, particularmente de Africa subsahariana y América Latina, y eso impedirá cumplir el objetivo de eliminarla para el año 2030".

El organismo internacional informó que la economía mundial creció un 2,7% en el cuarto trimestre de 2018, frente a un 3,3% en el primer trimestre de ese año. Malpass asegura que la desaceleración en el crecimiento mundial tiene señales claras: "aminoran las reformas estructurales en las grandes economías, hay estrés financiero en algunas de ellas y una enorme incertidumbre política".

Más de 1.000 millones de personas salieron de la pobreza extrema en los últimos 25 años y la tasa mundial de pobreza es la más baja desde que hay registros confiables. Pero aún quedan, al menos, 700 millones de personas que no tienen ni siquiera un dólar al día para comer. El BM cree que "se necesitan más inversiones, sobre todo para fortalecer el capital humano, para promover un crecimiento inclusivo que llegue a los más pobres". El cambio climático y la revolución tecnológica son los mayores desafíos para los países más desfavorecidos.

Aunque el contexto no ayuda en nada. A la economía global le está faltando oxígeno; crece a niveles muy bajos. Según el último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) "el mundo, que hace solo dos años crecía a más velocidad que nunca, se enfrenta ahora a una desaceleración sincronizada". Christine Lagarde, la directora del FMI, dijo a principios de mes en una intervención en la Cámara de Comercio estadounidense que no prevé una recesión global a corto plazo, aunque advierte que "el crecimiento es vulnerable". "Si hace solo dos años el 75% de las economías se aceleraban, para este año se prevé que el 70% se frene", agregó la ex ministra francesa. Todo esto es la consecuencia de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la incertidumbre creada por el Brexit, la acumulación de extrema riqueza por parte de un puñado de empresas y la alta volatilidad de los capitales en todo el mundo. Un combo que golpea, particularmente, a la clase media global.

Una serie de cifras recopiladas por el ICRICT, la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional, revelan la gravedad de la situación y explican las crisis que están viviendo muchos países.

El FMI estima que las pérdidas de impuestos corporativos en las transferencias de utilidades ascienden a casi 600.000 millones de dólares por año, incluyendo 400.000 millones de dólares para los países de la OCDE y alrededor de 200.000 millones de dólares para los países de bajos ingresos.

Según la investigación de Gabriel Zucman, profesor de economía de la Universidad de Berkeley y miembro del ICRICT, 7,6 billones de dólares están ocultos en paraísos fiscales, en forma de depósitos, acciones, bonos y fondos de inversión. Esto equivale al 10% del PIB mundial. Y esta es una estimación conservadora, que varía mucho: en el norte de Europa, la riqueza oculta no supera el 5%, pero alcanza alrededor del 15% en Europa continental, y el 60% en Rusia, en algunos países del Golfo Pérsico y de América Latina.

La mayoría de las empresas creadas por la nueva economía de la alta tecnología realizan maniobras financieras para pagar pocos o ningún tributo a las arcas de los países donde funcionan. Facebook apenas pagó 7,4 millones de libras esterlinas (9,6 millones de dólares) de impuesto en Gran Bretaña en 2017, a pesar de unos ingresos de 1.300 millones de libras esterlinas (1.690 millones de dólares) en el país y unos beneficios globales antes de impuestos del 50%. Amazon no pagó impuestos en el 2018 en Estados Unidos por segundo año consecutivo. Vodafone, la primera gran multinacional que publica voluntariamente datos país por país en sus estados financieros de 2016/2017, revela que casi el 40% de sus beneficios van a parar a paraísos fiscales, incluidos 1.400 millones de euros registrados en Luxemburgo.

Todo esto revela la acumulación de la riqueza en unas pocas manos. Un pequeño grupo de multimillonarios –la cifra varía cada tanto-, apenas unas 80 o 100 personas, poseen la misma cantidad de dinero que la totalidad de la mitad más pobre del planeta. Y ahí, en el medio, como el jamón del sándwich, está esa clase que alguna vez significó el progreso de las sociedades; que Hollywood exaltó con el bello nombre de "sueño americano"; y que estaba basada en el principio de que si una persona trabaja intensamente puede ascender en la escala social. Hoy, muchos de estos peldaños están rotos y los líderes que luchan por la equidad en forma global llaman a reconstruirlos de otro material más estable y duradero. De otra manera, volveremos a un mundo como el que describía Dickens durante la Revolución Industrial. Y la clase media podría ser apenas el sueño de un boulevard perdido.