España e Italia: parecidos y diferencias de dos profundas crisis políticas

En un caso fue destituido el presidente en una moción de censura y lo reemplazó el líder de una oposición totalmente fragmentada. En el otro, asumió inesperadamente un nuevo primer ministro días después de que su postulación fuera rechazada. Ambos gobiernos parecen frágiles y nadie sabe cuánto van a durar

Pedro Sánchez, nuevo presidente del Gobierno español, salud a su sucesor, Mariano Rajoy. Sergio Mattarella, presidente italiano, saluda a Giuseppe Conte, flamante primer ministro
Pedro Sánchez, nuevo presidente del Gobierno español, salud a su sucesor, Mariano Rajoy. Sergio Mattarella, presidente italiano, saluda a Giuseppe Conte, flamante primer ministro

España e Italia culminaron este viernes 1 de junio semanas de altísimo voltaje político. El Congreso español aprobó por 180 votos afirmativos una moción de censura que significó la destitución de Mariano Rajoy, presidente del Gobierno desde 2011, y la investidura de Pedro Sánchez en su lugar. Casi al mismo tiempo, Sergio Mattarella, jefe del Estado italiano, le tomaba juramento a Giuseppe Conte como primer ministro, inaugurando la incierta experiencia de una alianza antisistema en el poder.

Los parecidos entre estos dos países son inocultables, y no sólo por sus cercanas raíces culturales. Italia es la cuarta economía de Europa, con un PIB de 1.9 billones de dólares, y es la cuarta nación más poblada, con 60.5 millones de personas. España está quinta en ambas categorías, con un PIB de 1.3 billones y 46.5 millones de habitantes. Pero cuando se mira el Índice de Desarrollo Humano, ninguno de los dos entra entre los primeros diez: uno está 13º y el otro 14º.

Políticamente, también hay similitudes importantes. Ambos están marcados por un pasado autoritario. Italia, por el fascismo de Benito Mussolini, que gobernó entre 1922 y 1945. España, por el franquismo, que duró bastante más, desde 1936 hasta la muerte del dictador Francisco Franco, en 1975.

Decir que la crisis de gobierno en Italia se limita al último período sería erróneo

Los dos consolidaron sus democracias con un sistema parlamentario, aunque los italianos erradicaron la corona y formaron una república, y los españoles optaron por una monarquía constitucional. Con sus matices, lograron mantener importantes niveles de prosperidad durante muchos años.

No obstante, ese tiempo parece haber quedado atrás para ambos. Italia hace ya décadas que atraviesa una profunda crisis en su sistema de partidos, que estalló a principios de los 90 con el fin de la era de la Democracia Cristiana y el inicio del ciclo que tuvo al excéntrico Silvio Berlusconi como protagonista. En España, cuya democracia es más joven, la crisis es también más reciente, y su comienzo podría situarse en la disrupción que implicó el movimiento de los indignados a partir del 15 de mayo de 2011.

Cuanto más se acerca la lupa a cada caso, más claramente se ven las diferencias. Pero muy probablemente coincidan en otra cosa: cuesta creer que el proceso que se abrió el 1 de junio sea capaz de terminar con cualquiera de estas profundas crisis políticas.

El momento de la jura de Pedro Sánchez (EFE)
El momento de la jura de Pedro Sánchez (EFE)

España, un país trabado desde 2015

Hasta las elecciones generales de 2011, España tenía un sistema político estable, con un bipartidismo que funcionaba. El Partido Socialista (PSOE) y el Partido Popular (PP) se repartían cerca de la totalidad de las bancas en el Parlamento, y el que obtenía la mayoría ponía al presidente y al gabinete.

Pero el sistema se desmoronó, arrastrado por la crisis económica, la corrupción y las promesas incumplidas. Como resultado, el juego que antes era de a dos pasó a ser de a cuatro, con el surgimiento de Podemos, que le robó muchos votos al PSOE, y de Ciudadanos, que le quitó al PP.

"Socialistas y populares son percibidos como culpables de no haber sabido gestionar adecuadamente los asuntos públicos y de haber tomado decisiones contraproducentes para el progreso del país, lastrando así la recuperación económica tras la crisis. La ley del suelo, que ha favorecido la especulación urbanística y la burbuja inmobiliaria; la reforma laboral, que ha abaratado el despido y fomentado la firma de contratos precarios; y los paquetes de ajuste, son responsabilidad compartida del PSOE y del PP", sostuvo Miguel Ángel Giménez Martínez, investigador del Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid, consultado por Infobae.

Giuseppe Conte, primer ministro de Italia (Reuters)
Giuseppe Conte, primer ministro de Italia (Reuters)

Rajoy, que había ganado cómodo en 2011, volvió a ser el más votado en 2015, pero muy lejos de la mayoría necesaria para gobernar. A pesar de sus intentos, no fue capaz de construir una alianza con el resto de las fuerzas políticas. Sánchez, que había salido segundo —aunque con la peor elección del PSOE desde 1976—, tampoco fue capaz de reunir los apoyos suficientes.

Ante la imposibilidad de formar gobierno, fue necesario repetir los comicios generales en 2016. Sirvió de poco. El PP salió nuevamente primero, pero siguió lejos del número necesario para seguir gobernando. Tras meses en los que continuó la misma sucesión de fallidos, el PSOE resolvió abstenerse, permitiendo la asunción de Rajoy a pesar de no alcanzar la mayoría de las bancas. En repudio a esa decisión, Sánchez presentó su renuncia a la secretaría general del partido.

"Rajoy fue investido en 2016 como presidente gracias al apoyo de Ciudadanos y, sobre todo, a la abstención forzada del PSOE. Con ello en mente, no es de extrañar que durante este tiempo hayan existido dificultades notables para aprobar leyes concretas impulsadas por el PP. Una moción de censura no era algo descabellado. Sobre todo, por dos razones: la grave crisis del modelo territorial que atraviesa España, donde el Gobierno central ha tenido que intervenir la autonomía de Cataluña; y los innumerables casos de corrupción que directamente salpican al PP", dijo a Infobae José Rama Caamaño, investigador del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid.

La reciente crisis económica profundizó la insatisfacción de los italianos con el sistema político y con los principales partidos

Tan frágil era la estructura que sostenía a Rajoy que un fallo judicial desencadenó su salida en unos pocos días. La histórica sentencia del caso Gürtel, una trama consistente en una red de empresas que de 1999 a 2005 sobornaron a altos mandos del PP para obtener contratos públicos en distintos puntos del país, creó la oportunidad para votar la destitución de Rajoy.

Sánchez, que había regresado a la dirección del PSOE tras ganar las primarias de 2017, lideró la iniciativa. Con el apoyo de Podemos, los independentistas catalanes y los nacionalistas vascos —que lo único que tenían en común era su deseo de sacar del poder al PP—, removió al presidente y asumió en su lugar. Su intención es gobernar hasta las próximas elecciones, pero la alianza en la que se sostiene es muy inestable.

Pablo Iglesias, líder de Podemos (Reuters)
Pablo Iglesias, líder de Podemos (Reuters)

Italia, el país de los gobiernos efímeros

La crisis en Italia es mucho más profunda, porque la fragilidad se convirtió en un rasgo estructural del Poder Ejecutivo. El dato más elocuente es que en los últimos diez años el país tuvo seis primer ministros diferentes: Berlusconi (2008 – 2011), Mario Monti (2011 – 2013), Enrico Letta (2013 – 2014), Matteo Renzi (2014 – 2016), Paolo Gentiloni (2016 – 2018) y ahora Giuseppe Conte. El mandato promedio no supera los dos años.

No ocurre nada parecido en ninguno de los otros países más grandes de Europa. En el mismo período, Alemania tuvo una sola canciller, Angela Merkel. Holanda y Suecia, dos primer ministros. Francia, Reino Unido, España y Austria, tres mandatarios. Los que más se le acercan son Bélgica y Polonia, con cuatro.

Pero lo de la última década no es tampoco algo nuevo. "Decir que la crisis de gobierno en Italia se limita al último período sería erróneo", dijo Massimiliano Andretta, profesor de ciencia política en la Universidad de Pisa, en diálogo con Infobae. "La llamada Primera República (1948-1992) se caracterizó por mandatos con un promedio de duración apenas superior a un año. Hubo una mejora entre 1994 y 2006 gracias a un sistema electoral más mayoritario, y por el viraje hacia un sistema de partidos bipolar, aunque seguía siendo fragmentado".

El líder del Movimiento Cinco Estrellas, Luigi Di Maio (Reuters)
El líder del Movimiento Cinco Estrellas, Luigi Di Maio (Reuters)

La crisis se agravó tras los comicios del 4 de marzo pasado, que terminaron de enterrar a lo que quedaba de los partidos tradicionales y consagraron a fuerzas nuevas, que cuestionan el orden político vigente de manera radical. Los resultados golpearon especialmente al Partido Democrático (PD) de Renzi y Gentiloni, último estandarte del statu quo institucional y de la integración europea, que sumó apenas 18.7% de los votos.

"Una de las razones es el fracaso del PD durante el gobierno de Renzi en aprovechar la oportunidad de emerger como una fuerza dominante. Estuvo muy dividido internamente entre aquellos que lo querían empujar hacia la izquierda y quienes, como Renzi, pretendían ir al centro. Como muchos otros partidos de izquierda en Europa, no está pudiendo convencer a los votantes de que tiene una respuesta ante los desafíos que supone tener una economía muy interdependiente del resto del continente y del mundo, y ante las consecuencias de la inmigración", dijo a Infobae Vincent Della Sala, profesor del Departamento de Sociología e Investigación Social de la Universidad de Trento.

Con un 32.7% de los votos, el gran ganador de las últimas elecciones fue el Movimiento 5 Estrellas (M5S), de Luigi Di Maio, una improvisada fuerza antisistema, ideológicamente inclasificable. El otro vencedor, con 17.4%, fue la Liga Norte, de Matteo Salvini. También es antisistema, pero de extrema derecha. Se había presentado en alianza con Forza Italia, de Berlusconi —que obtuvo un 14%—, pero al haberlo superado decidió romper y empezó a coquetear con la posibilidad de liderar un gobierno propio.

En ese espacio encontró un lugar el M5S, cuyo primer eslogan, ‘vaffanculo’, subraya el tipo de argumento que usa en la esfera pública

"La reciente crisis económica profundizó la insatisfacción de los italianos con el sistema político y con los principales partidos —dijo Andretta—. Las viejas ideologías y tradiciones políticas fueron reemplazadas por apelaciones antipartidarias y antipolíticas de líderes populistas como Berlusconi y Renzi. Pero, cuando esos líderes empezaron a ser vistos como parte del establishment, los votantes les dieron la espalda y buscaron populistas más creíbles. En ese espacio encontró un lugar el M5S, cuyo primer eslogan, 'vaffanculo', subraya el tipo de argumento que usa en la esfera pública".

Tras fracasar en sus intentos de conseguir apoyos parlamentarios para gobernar en soledad, Di Maio y Salvini se dieron cuenta de que la única alternativa que les quedaba para tomar el poder era formar una inesperada coalición. Su acuerdo está estructurado a partir del único eje en el que coinciden: el rechazo al establishment político y a la Unión Europea. Eso no impidió que el programa que pactaron contenga puntos totalmente contradictorios, como bajar los impuestos y crear una renta básica universal.

Albert Rivera, líder de Ciudadanos (Anabella Reggiani)
Albert Rivera, líder de Ciudadanos (Anabella Reggiani)

Como ninguno de los dos iba a aceptar que el otro fuera primer ministro, propusieron para el cargo a un tercero neutral, totalmente desconocido: Giuseppe Conte, un jurista sin experiencia política, con algunas mentiras flagrantes en su currículum.

La saga no terminó ahí. Mattarella, que en su calidad de presidente tiene la potestad de aprobar o rechazar una propuesta de gobierno, le bajó el pulgar al ministro de Economía, Paolo Savona, por ser un manifiesto opositor al euro. Ante la negativa de la coalición a ofrecer un ministro alternativo, Conte declinó su candidatura el 27 de mayo, y Mattarella le propuso al economista Carlo Cottarelli encabezar un gabinete técnico.

Pero el Parlamento no estaba dispuesto a aceptar a Cottarelli, así que la repetición de las elecciones parecía inevitable. Sin embargo, el M5S y la Liga dieron marcha atrás a último momento, y aceptaron ubicar a alguien más moderado en Economía. Así se destrabó el conflicto. El Presidente le tomó este viernes juramento a Conte como premier, y a Di Maio y Salvini como sus vices.

Matteo Salvini, jefe de la Liga Norte (REUTERS)
Matteo Salvini, jefe de la Liga Norte (REUTERS)

Parecidos, pero diferentes

"Las causas inmediatas de las crisis en los dos países son diferentes —dijo Della Sala—. En España la inmigración no es un tema que cause tantas divisiones como en Italia, que no tiene una cuestión regional como Cataluña. Por otro lado, si bien Italia no ha sido inmune a la corrupción, no fue uno de los factores que precipitaron la crisis. Aunque también hay similitudes en los dos casos, como el colapso del apoyo a los partidos tradicionales y el crecimiento de fuerzas postideológicas. Eso refleja la insatisfacción con la clase política en ambos países".

Tanto en España como en Italia surgieron nuevos movimientos políticos que desafían a los tradicionales, es cierto. Pero el PP y el PSOE conservan cerca de la mitad del respaldo popular, y de las dos fuerzas nacientes hay una como Ciudadanos, que es claramente moderada y pro establishment. En cambio, en el caso italiano las fuerzas antisistema llegaron al gobierno, con todo lo que eso implica. Al mismo tiempo, esto fue posible porque tienen una capacidad de llegar a acuerdos impensable en la política española.

"El multipartidismo y los gobiernos de coalición son habituales en el sistema político italiano, pero excepcionales en el español, acostumbrado al bipartidismo, a los gabinetes monocolores y a los apoyos parlamentarios puntuales. Lo advirtió hace poco Felipe González en una conferencia: 'Vamos hacia un Parlamento italiano, pero sin italianos que lo gestionen'. ¿Se acostumbrarán los partidos y líderes españoles a trabajar en un contexto de fragmentación del voto?", se preguntó Giménez Martínez.

El multipartidismo y los gobiernos de coalición son habituales en el sistema político italiano, pero excepcionales en el español

Como es muy difícil que se pueda recrear el bipartidismo perdido, la dirigencia española no tiene más remedio que desarrollar una cultura del pacto, si no quiere vivir en el bloqueo constante. "No será fácil y puede llevar tiempo, pero es perfectamente posible —continuó el historiador—. Parlamentos como el holandés o el sueco están tanto o más fragmentados, y sin embargo gozan de gobiernos estables. De hecho, 24 de los 28 estados miembros de la Unión Europea (UE) están gobernados por coaliciones de dos o más partidos".

De todos modos, como lo evidencia la historia italiana, tener capacidad de llegar a acuerdos no es garantía de estabilidad. Ni siquiera parece ser el resultado de los formatos institucionales o de las reglas del sistema político. En un mundo cambiante e imprevisible, en el que ya no es posible recrear los modelos de desarrollo que tantos dividendos repartieron durante buena parte del siglo XX, lo que prima es la incertidumbre.

"No creo que la forma de gobierno pueda ayudar hoy a crear más estabilidad, especialmente en países afectados por una crisis política, económica y cultural. La fragmentación del sistema de partidos, la confusión entre izquierda y derecha, el fortalecimiento del ánimo populista, hacen que esas sociedades sean cada vez más débiles e inestables. Sólo si los partidos políticos, tanto los nuevos como los viejos, encuentran la forma de recomponerse a partir de una renovada versión de la competición entre izquierda y derecha, las cosas pueden mejorar en el futuro", concluyó Andretta.

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