Dioses y malos presagios: cómo interpretaron los mayas y aztecas los eclipses

En la época prehispánica, las culturas maya y azteca, daban diferentes interpretaciones a los eclipses

Este viernes, durante la madrugada, hubo un eclipse que se pudo percibir en México. REUTERS/Eduardo Munoz
Este viernes, durante la madrugada, hubo un eclipse que se pudo percibir en México. REUTERS/Eduardo Munoz

La madrugada de este viernes, después de las 03:00 am, ocurrió el último eclipse lunar de este año, uno de los fenómenos naturales más atractivos de la astronomía por su duración total estimada de aproximadamente unas seis horas.

El evento astronómico únicamente pudo verse desde América, el Océano Pacífico y el extremo oriental de Asia. Tres horas después de que comenzara el eclipse, la alineación de los planetas llegó a su punto máximo, ocasionando la conocida como Luna de sangre.

Actualmente ya se sabe que los eclipses son fenómenos naturales, sin embargo, en la época prehispánica, las culturas ancestrales le daban diversas interpretaciones a los eclipses. En general, en el pasado, los eclipses eran los fenómenos más temidos, pues se les relacionaba con algún evento negativo.

La palabra eclipse viene del griego, y quiere decir abandono, y se refiere al abandono de la luz durante el día. En el México antiguo, los eclipses también eran eventos temidos. En las culturas azteca y maya, en donde su cosmovisión estaba basada en la lucha del sol al atravesar la noche para renacer al siguiente día, este fenómeno era un mal presagio, pero también un signo de renovación.

Los aztecas tenían ciertas teorías cuando ocurría un eclipse. (Foto: NeoMexicanismos)
Los aztecas tenían ciertas teorías cuando ocurría un eclipse. (Foto: NeoMexicanismos)

En la lengua náhuatl, el eclipse solar era llamado Tonatiuh Cualo que quiere decir “cuando el sol es comido”, mientras que el eclipse lunar era conocido como Miztli Cualo. Por otra parte, en la lengua maya Chi´ibal K´iin era el nombre que se le daba al fenómeno natural del sol y Chi´ibal Uj al de la luna.

Las dos civilizaciones más importantes y grandes del México prehispánico eran grandes observadores de la bóveda celeste, conocían bien sus movimientos y sabían cuando ocurriría un eclipse.

La importancia del fenómeno, para las culturas era tal que, inclusive la fecha de fundación de Tenochtitlan se remonta a un eclipse solar ocurrido el 13 de marzo de 1325, lo que provocó que los jerarcas mexicas hicieran oficial esta fecha como símbolo de la batalla entre el sol y la luna, representada en la leyenda como el enfrentamiento entre Huitzilopochtli y Coyolxauhqui.

De la misma manera, en la cosmovisión azteca existen varios mitos que giran en torno a esta constante batalla entre la luz y la oscuridad, como la creación del quinto sol, en la que Nanahuatzin se sacrifica en el fuego para crear el astro para iluminar a la humanidad en la época en la que vivimos.

Los aztecas pensaban que durante los eclipses, los niños se convertían en ratones.
Los aztecas pensaban que durante los eclipses, los niños se convertían en ratones.

También se creía que durante el eclipse aparecían las estrellas demonio tzitzimime, que eran mujeres esqueleto que volaban y se encargaban de devorar a los hombres cuando la luz del sol era eclipsada por la luna. Su presencia se relacionaba con las estrellas que aparecían alrededor del sol en un eclipse total, cuando se oculta por completo durante el día y la oscuridad reina durante algunos cuantos minutos.

Debido a esto, los aztecas, durante los eclipses, utilizaban un cuchillo de pedernal blanco, color asociado con la luna. También se sabe que recurrían a los sacrificios de albinos, a los que se les extraía el corazón para alimentar al sol.

Las personas más susceptibles durante el fenómeno eran los niños, quienes se pensaba se convertían en ratones, por lo que tapaban sus rostros con máscaras hechas con pencas de maguey para ocultar su identidad. Por otra parte, las mujeres que estaban embarazadas temían que sus hijos fueran devorados por la oscuridad y nacieran con malformaciones.

En la civilización maya veía en el eclipse la dualidad del dios jaguar Kinich Ahau, deidad del día y de la noche, de la vida y de la muerte. Las embarazadas colocaban un trozo de obsidiana sobre su vientre o en la boca, con lo que se buscaba que no se dañara a sus futuros hijos.

Esta civilización llevó un registro detallado de los fenómenos astronómicos en el Códice de Dresden, donde plasmaron la tabla sobre los eclipses. Los rituales que realizaban los mayas en un eclipse, eran danzas y rituales, creyendo que el ruido ayudaría al sol a despertar de su letargo y ahuyentaba el conflicto entre los astros.

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