El joven ingeniero eléctrico chino Ji Chaoqun
El joven ingeniero eléctrico chino Ji Chaoqun

Ji Chaoqun, un prometedor joven chino de 27 años, llegó a Chicago, Estados Unidos, en 2013 para estudiar ingeniería eléctrica con una visa de estudiante y una beca, una ya clásica historia de superación personal y peregrinación a las universidades de la primera economía global, que regularmente figuran al tope de los principales rankings académicos.

Completó su Maestría a tiempo en 2015 y logró obtener una prórroga de un año para quedarse a trabajar en el país. En 2016 accedió a un programa del ejército estadounidense orientado a extranjeros con conocimientos estratégicos, con el objetivo de ampliar aún más su estadía en el país.

Pero había algo más detrás de Ji. En septiembre de 2018 el joven fue arrestado por el FBI acusado de ayudar al gobierno de China en sus intentos de reclutar científicos e ingenieros como espías al servicio de Beijing. Desde entonces sigue detenido en un centro correccional en Chicago.

El departamento de Justicia de Estados Unidos lo acusó de actuar como “un agente ilegal de China” en el país y señaló que operaba bajo las directivas de un agente de inteligencia dentro del Ministerio de Seguridad del Estado chino en la provincia de Jiangsu, a quien había visto tres veces en Beijing. Específicamente se alegó que Ji proveía información biográfica sobre ocho individuos, algunos estadounidenses de ascendencia china otros chinos o taiwaneses con residencia permanente, y con empleos en áreas estratégicas a los que Beijing buscaba reclutar.

La planta de Boeing en Everett, Washington. La industria aeroespacial y de defensa estadounidense es el blanco principal del espionaje chino (REUTERS/Lindsey Wasson/archivo)
La planta de Boeing en Everett, Washington. La industria aeroespacial y de defensa estadounidense es el blanco principal del espionaje chino (REUTERS/Lindsey Wasson/archivo)

De acuerdo a una investigación del periódico Chicago Tribune publicada este jueves, la historia de Ji devela una campaña sofisticada y de largo alcance por parte de Beijing orientada a robar secretos especialmente en la industria aeroespacial y de defensa estadounidense, y que hace uso de los huecos en el sistema de becas y visas para estudiantes extranjeros, muchos de los cuales pasan luego a ser jóvenes profesionales empleados en las principales empresas a través del programa Optional Practical Training (OPT).

Tal es el alcance de estos esfuerzos que en agosto el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que ya se encuentra inmerso en una guerra comercial con China, anunció una nueva ronda de tarifas sobre productos del país asiático mencionando específicamente el problema de “robo de propiedad intelectual” por parte de Beijing.

Este nuevo cruce llega en un momento de escalada de tensiones entre Washington y Beijing, que además de la guerra tarifaria se encuentran en medio de un conflicto por el avance del gigante tecnológico chino Huawei y sus presuntas actividades de espionaje, así como también en el futuro de la empresa aeroespacial estadounidense Boeing, que tiene en China a uno de sus mayores compradores.

De acuerdo al periodista Todd Lighty, del Chicago Tribune, el caso de Ji ha motivado el lanzamiento de la “iniciativa China” por parte de Estados Unidos para combatir el robo de secretos y su perjuicio económico, especialmente evidenciado en la pérdida de dinero para los inversores y de empleos para los trabajadores.

Fachada de la Universidad Harvard en Cambridge, Estados Unidos, una de las más clásicas instituciones educativas en el país
Fachada de la Universidad Harvard en Cambridge, Estados Unidos, una de las más clásicas instituciones educativas en el país

De qué se trata la “iniciativa china”

Este programa se basa en tres pilares, según el reporte. En primer lugar implica identificar los casos de robo de secretos prioritarios y actuar sobre ellos. En segundo lugar, desarrollar una estrategia de aplicación de controles a los investigadores empleados en laboratorios, industrias de defensa y universidades que podrían ser incitados a transferir tecnología a China. Y finalmente busca capacitar e informar a las universidades sobre estas amenazas potenciales.

Las investigaciones que llevaron al arresto de Ji mostraron que el caso era más grande de lo que se pensaba y que involucraba una estafa al programa federal de intercambio estudiantil de ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) que permite a jóvenes extranjeros prometedores estudiar y luego trabajar en Estados Unidos a través del OPT, en áreas estratégicas como ciencia, tecnología matemática.

Ji era parte de un grupo de 2.600 estudiantes chinos (de un total de 363.000 que se encuentran en Estados Unidos en la actualidad) enrolados en el programa como empleados de dos grandes empresas de tecnología. El empleo formal en estas compañías no sólo les permitía acceder a los beneficios de residencia en Estados Unidos, también los alejaba inmediatamente de la atención de las autoridades.

Pero había un detalle. Esas dos empresas no existían.

Findream y Sinocontech aparecían regularmente en el top 25 de mayores empleadores de extranjeros de Estados Unidos, junto a Facebook y Bank of America.

El edificio de Google en Mountain View, California. Se trata de una localidad asociada a las startups tecnológicas y donde las dos falsas empresas chinas tenían también su sede (Bloomberg/Michael Short)
El edificio de Google en Mountain View, California. Se trata de una localidad asociada a las startups tecnológicas y donde las dos falsas empresas chinas tenían también su sede (Bloomberg/Michael Short)

Ji, por ejemplo, tenía un puesto de ingeniero de software en Findream, una presunta startup con sede en Mountain View, California. Otros jóvenes profesionales chinos también “trabajaban” allí, según sus perfiles de Linkedin, y también en Sinocontech.

Las dos compañías pertenecen a Weiyun “Kelly” Huang, una ciudadana china de 30 años, de acuerdo al Chicago Tribune. Pero no tienen oficinas ni tareas, como han descubierto las autoridades federales. Se trata de empresas fantasma cuya única actividad era proveer certificados de empleo falsos a los “estudiantes”, a cambio de unos 900 dólares.

Huang ha sido también arrestada y confesó ante los investigadores haber facturado unos dos millones de dólares con su estafa, que operaba desde Estados Unidos pero utilizando sitios web chinos y el popular servicio de mensajería WeChat para encontrar postulantes, jóvenes que buscaban emigrar.

Hasta el momento las autoridades no se han referido a posibles cambios dentro del programa de intercambio ni tampoco en el OPT, aunque sí han recordado que cualquier violación de los términos lleva inmediatamente al arresto y deportación de los estudiantes o jóvenes profesionales involucrados. La atención, ahora, está en encontrar a esos 2.600 empleados de Findream y Sinocontech.

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