El día que el Barcelona aplastó por 2-6 al Real Madrid en el Santiago Bernabéu y Lionel Messi se estrenó como goleador jugando como “falso nueve”

Aquel Clásico del 2 de mayo de 2009 definía buena parte de la Liga Española y Pep Guardiola sorprendió tácticamente al club blanco en su propia casa

Los goles del triunfo del FC Barcelona por 6-2 ante el Real Madrid en 2009

Fue un 2 de mayo de 2009 y ese Clásico definía buena parte de la Liga Española porque quedaban apenas cinco fechas y para el Real Madrid, que se había colocado a cuatro puntos del Barcelona, líder del torneo, era la gran oportunidad de ponerse a tiro después de ganar siete partidos seguidos, y además llegaba justo después de caer eliminado en la Champions League por el Liverpool, con la necesidad de cambiar su imagen.

“Juande” Ramos (Juan de la Cruz Ramos Cano), el entrenador del Real Madrid que había conseguido notables éxitos con el Sevilla, no podía contar con el suspendido Pepe, ni con los lesionados Guti y Sneijder. Para el Barcelona, ese partido representaba la gran ocasión para lanzarse definitivamente al título, aunque caía en un momento complicado: justo en el medio de sus dos enfrentamientos contra el Chelsea de José Mourinho por la Champions League.

Mientras el Real Madrid se encontraba terminando una transición como equipo, el Barcelona había comenzado la temporada 2008/09 con complicaciones. Josep Guardiola, con apenas un año de experiencia dirigiendo al Barcelona B no lograba manejar la relación con Lionel Messi, que apenas si lo saludaba y no le manifestaba lo que le ocurría mientras esperaba, en la pretemporada en Saint Andrews, Escocia, que el club lo dejara ir a los Juegos Olímpicos de Pekín del 8 al 24 de agosto pero justo en esas fechas, el equipo debía enfrentar al Wisla Cracovia por la previa de la Champions League.

Con el paso del tiempo, Guardiola reconoció que fue clave el presidente del Barcelona de entonces, Joan Laporta, cuando le recomendó que “sería un error que se quede cuando él quiere irse a los Juegos, hay que dejarlo ir” y lo mismo le recomendó su entonces mano derecha Manel Estiarte, considerado el mejor jugador de la historia del waterpolo. La ventaja es que el propio Guardiola había ganado la medalla dorada de fútbol en 1992 y sabía lo que significaba. Lo dejaron ir y Messi ganó la medalla y volvió de la mejor forma posible. Guardiola dice que en ese tiempo entendió cómo hay que tratarlo, que el choque de trenes con él no sirve y que hay que respetar sus encierros (Messi no quería hablar con él ni cuando le preguntaba qué le pasaba). Hasta las instrucciones para él eran indirectas en una charla técnica: “Hoy los delanteros van a presionar arriba, porque Leo lo va a hacer también y no podemos dejarlo solo”, como se cuenta en el libro “Messi”, de Guillem Balagué.

“Guardiola se fue ganando la confianza de todos. A medida que se iban sucediendo los partidos, que iban pasando las cosas, uno trabajaba más contento, con ganas. Veíamos que las cosas salían. Guardiola es una persona que sabe muchísimo de fútbol y nos dio su sabiduría para que a nosotros, dentro de la cancha, nos fuera todo más fácil”, dijo Messi al sitio web de la UEFA al terminar la temporada, en 2009.

El inicio de la Liga y el debut de Guardiola como DT de Primera División no fue el esperado. El Barcelona comenzó cayendo 1-0 ante el Numancia y luego no pudo pasar del empate en el Camp Nou ante el Racing de Santander. Recién en la semana siguiente, tras vencer por la Champions League 3-1 al Sporting Lisboa, llegó la tranquilidad con un rotundo 1-6 en Gijón ante el Sporting, aunque el equipo había jugado muy parecido a los dos partidos anteriores, sólo que con mayor contundencia.

El Clásico del Bernabeu tenía otro aditamento: el cuerpo técnico del Barcelona pidió en la semana a sus jugadores que no hicieran mención ante la prensa del “Pasillo de Honor” que habían tenido que hacerle al Real Madrid en la temporada anterior, en el mismo escenario, como ganador de la Liga 2007/08. Esa noche, además, los azulgranas cayeron por 4-1 aunque Messi reconoció que “lo más doloroso para nosotros fue lo del pasillo”.

Xavi Hernandez, dueño del mediocampo del Barcelona en aquel duelo ante el Real Madrid del 2 de mayo de 2009 (Shutterstock)
Xavi Hernandez, dueño del mediocampo del Barcelona en aquel duelo ante el Real Madrid del 2 de mayo de 2009 (Shutterstock)

Pocos días antes del Clásico ante el Real Madrid, cuando ya el andar del Barcelona era seguro en las tres competencias (Copa del Rey, Liga y Champions), Messi estaba almorzando con un colaborador suyo cuando recibió un llamado de Guardiola , que le quería comentar algo y le pidió que acudiera a la ciudad deportiva. Había estado estudiando cómo ganarle al Real Madrid. El DT le aseguró que iba al Bernabeu a ganar y tenía preparados unos videos para convencerlo de aplicar una variante táctica que confundiera a la defensa blanca. “Observamos –recordó Pep años más tarde- que si Leo se movía por el centro, podría recibir muchas pelotas. Eso era importante y siempre fue nuestro principal objetivo: que pudiera participar mucho del juego. Él miraba y se reía. Imagino que pensó “¡voy a estar solo en esa posición!”. Pero claro, esto es lo fácil. Luego queda la otra parte, lo más importante: “Tengo el espacio, pero ahora tengo que avanzar unos quince o veinte metros y meter goles, y eso, claro, no hay video ni imágenes que se lo resuelvan. Cuando hablamos de táctica, siempre hablamos de jugadores. Sin ellos, la táctica no tiene sentido. Al final, los entrenadores estamos aquí sólo para estar al servicio de los mejores futbolistas. Yo siempre he intentado hacer jugar a los mejores que tengo, cada uno en su lugar, y que toquen los mejores balones posibles”.

Piqué recuerda que en una charla, Guardiola les explicó cómo iba a jugar Leo, de “falso nueve”, y no recuerda ni una sola práctica con ese esquema “y con Samuel Eto’o en punta”, algo que ya habían hecho Nandor Hidekuti en la Hungría de los 50 o Adolfo Pedernera o Alfredo Di Stéfano en “La Maquina” de River, o Johan Cruyff con Rinus Michels en Holanda, o Michael Laudrup en el Barcelona del “Dream Team” en los ’90. En ese video, el DT le explicó a Messi que si se colocaba delante de los dos centrales, eso les iba a crear dudas. Si uno de ellos decidía salir de su zona defensiva y apretarlo, podía escaparse de él y buscar el “uno contra uno” contra el otro central, o podía servir para dejar a otro delantero azulgrana “uno contra uno” contra el central fijo.

“La jugada salió fantásticamente –reconoció Piqué-. El Madrid no contó con esa posibilidad y los centrales decidieron no salir, no sabían qué hacer y Leo tenía un espacio brutal para girar y encarar”.

Si bien el impetuoso Real Madrid se puso en ventaja muy pronto, con un gol de Gonzalo Higuaín a los 14 minutos, enseguida empató Thierry Henry a los 18, aumentó Carles Puyol a los 20 y Messi marcó el 3-1 a los 36. Tras el descanso, pareció acercarse en el marcador (aunque nunca en el juego) el Real Madrid con el descuento de Sergio Ramos a los 11 minutos pero Henry a los 14, Messi a los 30 y Gerard Piqué a los 38 terminaron con todas las dudas y ayudaron a un triunfo aplastante del Barcelona, que lo catapultó no sólo a ganar esa Liga sino también a la Champions League, a la Copa del Rey y al Mundial de Clubes.

Ese partido, además de la sorpresa del cambio posicional, significó para Messi estrenarse como goleador en el Santiago Bernabeu ante el Real Madrid, para llegar luego a los 15 tantos sobre los 26 totales que le convirtió hasta ahora a los blancos en 39 partidos.

Lionel Messi fue la gran figura del Barcelona en aquel 6-2 ante el Madrid (Shutterstock)
Lionel Messi fue la gran figura del Barcelona en aquel 6-2 ante el Madrid (Shutterstock)

El periodista Cayetano Ros, escribió luego en el diario El País de España que “Guardiola alejó a Messi de la punta para que midiera las veces que pudiera a los dos centrales madridistas, Metzelder y Cannavaro. Los masacró. No solamente a ellos sino también a los volantes centrales, puesto que Messi se dejaba caer al mediocampo para arrancar” y su colega Ramón Besa sostuvo que “la llave del Clásico se llama Messi. La clave estaba en mover a Messi desde su posición habitual de puntero derecho hasta la línea media como falso nueve o cuarto volante central. La Pulga se movió entre líneas para asociarse con Xavi e Iniesta hasta conseguir situaciones de superioridad de tres contra dos ante Gago y Lass y provocar la salida de los centrales madridistas, más adelantados que nunca, desbordados por la profundidad de Henry y Eto’o, siempre verticales”.

Mientras que en la conferencia de prensa, Guardiola decía “Hemos dado un paso grandioso, inmenso”, y afirmaba que “Messi, Xavi e Iniesta hacen buena cualquier idea que pueda tener”, Juande Ramos admitía la superioridad del rival. “Reconozco, aunque duela, que ellos están un escalón por encima nuestro y así como Liverpool nos superó el otro día, ahora pasó con el Barcelona. Si recuerdan, en la ida jugamos unos metros más atrás y nos criticaron por parecer un equipo chico. Hoy no tuvimos más remedio que jugar más adelantados y asumir riesgos porque sólo nos quedaba ganar para tener chances en la Liga y ellos aprovecharon los espacios, hicieron goles rápidos, nos fallaron en la definición y con el marcador arriba, son muy difíciles de parar”.

El arquero internacional del Real Madrid, Iker Casillas, tampoco ahorró elogios para el Barcelona: “Cuando juegas contra un rodillo, no puedes hacer nada”.

“El vestuario estaba como loco –recuerda el brasileño Sylvinho, suplente en aquel partido-. Festejé tanto como los que jugaron. Fue una satisfacción colectiva enorme. Lo que habíamos trabajado, estudiado, hablado, se había concretado en 90 minutos perfectos de fútbol”.

Hacía más de 50 años que el Real Madrid no recibía seis goles en un partido en el estadio Santiago Bernabéu. Había sido en la temporada 1950/51, con un 3-6 ante el Atlético Madrid y antes, otro 3-6 en 1946/47 contra el Athletic de Bilbao, que ya le había ganado 0-6 en la temporada 1930/31. Para el Barcelona, la máxima goleada en el Bernabeu la había concretado en el 0-5 de la temporada 1973/74 con Johan Cruyff.

Para el Real Madrid, la derrota significó un golpe duro que derivó en un importante cambio para la temporada siguiente, la última con Ramón Calderón como presidente, con la llegada del chileno Manuel Pellegrini como entrenador y de Cristiano Ronaldo como gran apuesta y la llegada de estrellas como Karim Benzema y el brasileño Kaká.

Sin embargo, Messi no seguiría como “falso nueve” en los partidos siguientes pese al resonante éxito. Volvería a la punta derecha y sólo recuperaría el centro ante el Manchester United en Roma, en la final de la Champions, cuando también su entrenador, sir Alex Ferguson, se encontró con la sorpresa táctica.

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