
Médicos sin Fronteras (MSF) ha denunciado que las milicias congoleñas del Movimiento 23 de Marzo (M23) impiden que las supervivientes de la violencia sexual reciban atención médica porque están dando orden de que solo sean atendidas las mujeres con "señales visibles de violación" en los territorios bajo su control en el este de República Democrática del Congo.
La ONG denuncia que esta situación se percibe claramente en la provincia de Kivu Norte, cuya capital, Goma, lleva meses bajo control de las milicias.
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"Entre estas medidas figura la restricción del reconocimiento de la violencia sexual únicamente a las personas que presentan signos visibles de lesiones, con el objetivo de reducir el número de víctimas y supervivientes reconocidas como tales", explica MSF.
La ONG también denuncia que las milicias "exigen exámenes físicos intrusivos y médicamente innecesarios para demostrar que ha habido violencia o una agresión; obligan a víctimas y supervivientes a denunciar ante la Policía antes de buscar atención; y restringir el acceso a la atención únicamente a quienes acudan dentro de las 72 horas posteriores a la agresión".
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En lo que atañe a MSF, el M23 ordena que usen formularios con "preguntas intrusivas, estigmatizantes y no esenciales", como los nombres y direcciones de las supervivientes, así como detalles sobre los presuntos agresores.
Médicos sin Fronteras recuerdan que esta clase de información "vulnera el secreto médico, expone a las supervivientes a riesgos adicionales y va en contra de las normas internacionales de ética médica". Además, tiene constancia de pacientes, especialmente mujeres, que han relatado haber sido interrogadas o amenazadas para disuadirlas de buscar atención en clínicas apoyadas por organizaciones humanitarias.
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Profesionales sanitarios han comunicado a MSF que han sido amenazados con suspensión e incluso con penas de prisión si no acatan las nuevas medidas; amenazas que ya están disuadiendo a parte del personal sanitario de prestar atención esencial a víctimas y supervivientes de violencia sexual y, en algunos casos, les están llevando a abandonar por completo su actividad por miedo a represalias.
DESCENSO DE LA ATENCIÓN
Como consecuencia, el análisis de los datos procedentes de algunos de los centros de salud apoyados por MSF en Kivu Norte muestra una caída del 41% en el número de personas que solicitaron esta atención en agosto de 2026 en comparación con enero de 2026.
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Otros centros apoyados por la organización en la provincia también han registrado descensos significativos, pasando de atender a unas 80 víctimas y supervivientes al mes en 2025 a solo nueve al mes en 2026. Las comunidades también informan de un temor creciente a acudir a estos servicios.
"Que la crisis sea menos visible no hace desaparecer la violencia subyacente", afirma la directora de Operaciones de MSF, Akke Boere. "Una bajada en el número de casos notificados no significa que la violencia sexual esté disminuyendo. Simplemente significa que las víctimas se enfrentan a obstáculos para acceder a una atención segura y confidencial", avisa.
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"La prioridad debe ser eliminar las barreras de acceso a la atención, reforzar la protección y el acceso a la justicia, y abordar las condiciones que permiten que la violencia sexual continúe. Las restricciones actuales no son la forma de lograrlo: solo causan más daño a las víctimas", añade.
En 2024, cerca de 45.000 víctimas y supervivientes recibieron atención en centros apoyados por MSF en RDC; esta cifra aumentó a 53.000 en 2025. En la primera mitad de 2026, los equipos de MSF atendieron a más de 19.400 personas por violencia sexual solo en Kivu Norte.
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