María Traspaderne
Jerusalén, 24 oct (EFE).- Un tipo normal. Así definen los israelíes a Gadi Eisenkot, el general de talante tranquilo que aspira a gobernar Israel tras las elecciones del próximo martes y echar del poder a Benjamín Netanyahu en pos de un gobierno de difícil mayoría que allanaría el camino hacia una legislatura alejada de los extremos.
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Eisenkot, militar de carrera de 66 años que llegó a liderar el Ejército israelí, una institución que vertebra su sociedad de arriba a abajo, se perfila como el candidato que obtendría más escaños con su partido de nueva creación, Yashar! (recto u honesto), una formación de centro derecha que aúna los votos de los israelíes que quieren cambio tras 19 años de gobiernos interrumpidos de Netanyahu.
Nacido en la zona norteña de Galilea, donde se mezclan ciudades árabes y judías, Eisenkot proviene de una familia humilde marroquí, lo que lo convierte en el primer candidato con posibilidad de liderar Israel de raíces mizrajíes: los judíos inmigrados de países árabes que tradicionalmente han sufrido discriminación y menos oportunidades.
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Frente a un Netanyahu de la élite askenazí (judíos de Europa del Este) de Jerusalén, Eisenkot pretende pescar en el caladero mizrají y el "mosaico israelí", apelando a recuperar la unidad y cohesión social.
Es 7 de septiembre y Yashar! presenta a sus candidatos en Rosh Haayin, una localidad de clase media del centro de Israel con una nutrida comunidad de judíos yemenitas.
Ante un auditorio de unas 300 personas, se suben al escenario los miembros de su lista, entre ellos una mujer de origen etíope, otro de la minoría drusa que se dirige a los presentes en árabe o una candidata de raíces rusas.
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Al final, aparece Eisenkot, arropado por sus compañeros de armas de la prestigiosa Brigada Golani de infantería. En el escenario, se mueve como un bloque, pausado, no hace aspavientos ni sube la voz.
"Es lo opuesto a Netanyahu. No tiene un buen dominio del inglés, no es alguien excesivamente refinado ni calculador; es una persona con los pies en la tierra, un tipo, en cierto modo, normal. Creo que eso resulta atractivo para muchos israelíes", resume a EFE Mairav Zonszein, analista del Grupo Internacional de Crisis (ICG, en inglés).
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Esa 'normalidad' y su origen militar, con 41 años de carrera castrense a las espaldas -dos de ellos, entre 2015 y 2019, como jefe del Estado Mayor-, ganan la confianza de los israelíes.
"Representa la perspectiva militar liberal tradicional. Encarna la idea de que el Ejército es la institución fundamental en Israel, la que garantiza la estabilidad y en la que se puede confiar", explica Zonszein.
Como contrapunto, la analista destaca su falta de soltura en política y manejo de los medios, ante un Netanyahu calculador experto en golpes de efecto para ganar votos.
Eisenkot vivió además en primera persona las consecuencias de la ofensiva en Gaza. Uno de sus cinco hijos, Gal, murió en combate en la Franja palestina en diciembre de 2023, y luego dos sobrinos más corrieron la misma suerte. Eso, abunda Zonszein, empatiza con las víctimas del 7 de octubre.
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Frente a los fallos de Netanyahu a la hora de prevenir el 7 de octubre, sus casos de corrupción, sus intentos de influir en la Justicia y la prolongación de la ofensiva en Gaza sin visos de final, Eisenkot propone crear una comisión independiente para investigar la masacre de Hamás, un gobierno profesional sin intereses partidistas y acabar con el grupo islamista palestino en 18 meses.
La cuestión palestina está prácticamente ausente de su campaña, centrada, como ocurre con todos los partidos sionistas, en la seguridad. En varias entrevistas, ha dejado claro que la solución de dos estados -israelí y palestino- es, para él, un error.
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"¿Se retiraría de Gaza mañana? No. ¿Se retiraría del Líbano mañana? No. ¿Cree en un proceso político con los palestinos a corto plazo? Probablemente no", dice Zonszein.
Según ha repetido una y otra vez, gobernaría en una coalición sin Netanyahu, con quien tuvo desavenencias siendo jefe del Ejército en el sonado caso Elor Azaria, un soldado que mató a bocajarro a un palestino herido al que Eisenkot se negó a indultar, y luego como parte del gabinete de guerra creado tras el 7 de octubre, del que dimitió por desacuerdos en cómo se manejaba la ofensiva en Gaza.
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Las encuestas, sin embargo, no dan la posibilidad de gobernar al bloque de centro, derechas e izquierdas que lideraría Eisenkot sin el apoyo de los partidos árabes, a los que ha rechazado reiteradamente como socios. Necesitaría, al menos, su abstención para permitir una investidura.
Una coalición con Eisenkot a la cabeza supondría un cambio de tono tras el gobierno más extremista que ha vivido Israel, que ha dejado más de 74.000 muertos en Gaza, una violencia colona descontrolada en Cisjordania y constantes ofensivas en Líbano, Siria e Irán.
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"Queremos la paz", dijo en una entrevista al Times Of Israel a principios de mes, tras lamentar que los dirigentes israelíes han dejado de hablar de ella. Su gobierno controlaría, ha afirmado durante la campaña, la violencia colona en Cisjordania e intentaría recomponer las dañadas relaciones con Europa y con el público estadounidense.
Y, sobre todo, destaca Zonszein, "trataría de calmar los ánimos" tras una legislatura de cuatro años teñida de sangre. EFE