Vetusta Morla regresa a los escenarios entre nuevas canciones e himnos atemporales

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Guillermo Cabellos

Barcelona, 2 oct (EFE).- Las giras de presentación de disco siempre son un riesgo, porque un artista nunca puede medir si esas nuevas canciones resonarán entre su gente con el pulso del pasado. Ya ni hablemos de la temeridad que supone regresar a los escenarios con un puñado de temas aún por estrenar.

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Pero para Vetusta Morla, punta de lanza del indie rock patrio que se subió el viernes a las tablas del Palau Sant Jordi de Barcelona tras dos años de silencio, ese salto al vacío no pareció más que una consecuencia lógica de su forma de ser.

Y así comenzó la velada, con una retahíla de material recién salido del estudio que solidificó en 'Mi colección de duelos', con recuerdo a "Robe y Jorge Ilegal", el diario de promesas que es 'Bailar en Beirut' y 'De alguna forma', decálogo de creencias de los de Tres Cantos, todas ellas sobretituladas para que los cerca de 18.000 fieles que llenaban el Sant Jordi empezaran a hacer los deberes con unas letras que aún no habían visto la luz.

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"En estos años de descanso hemos visto cómo el mundo se nos está yendo por el sumidero, cómo el desaliento y la apatía arrasaban todo, y decidimos volver con las mejores herramientas que tenemos para luchar contra el tedio y el sinsentido: las canciones", lanzó Pucho, vocalista de la banda, antes de ofrendar 'Si vuelves', el primer adelanto publicado del que será el nuevo disco.

Tras 20 minutos de novedades, 'La deriva', corte que da nombre al disco que Vetusta Morla publicó en 2014, impuso la ley de la nostalgia y levantó un inmenso suspiro, sostenido a lo largo de 'Golpe maestro' y de 'El hombre del saco'.

Fieles a su esencia, los madrileños quisieron hacer del escenario un "espacio de diálogo y de entendimiento" y así teatralizaron en el pabellón olímpico su local de ensayo, el lugar desde donde construyen canciones para "gritar ¡Viva Palestina libre!, exigir un Pacto de Estado real contra el cambio climático y clamar que ¡ni gente sin casas, ni casas sin gente!".

A la todavía precintada 'Todo lo que arde' la siguieron entre proclamas 'Maldita dulzura', faro del 'Mapas' de 2011 y 'Finisterre', éxito del 'Cable a Tierra' de 2021, dos piezas separadas por una década y unidas por la sensibilidad de Juanma Latorre, guitarrista, tecladista y compositor de la formación.

En unas coordenadas mucho más acústicas, Vetusta Morla enseñó en exclusiva 'Lo importante', tema que echó un velo de solemnidad encima del Palau Sant Jordi que terminó de aposentarse en 'Puñalada trapera'.

Y tras esto, la verbena. '23 de junio', evocación de una noche de San Juan del 'Mismo sitio, distinto lugar' de 2017 y 'La Virgen de la Humanidad' y su esqueleto de pasodoble pasado por una base de hip-hop, llevaron el jolgorio a Montjuïc, mantenido por 'Boca en la tierra'.

Sin embargo, una amargura contenida se instaló por imperativo, porque pocas canciones se han escrito en español más dolorosas que 'Cuarteles de invierno', presentada en Barcelona entre algunos desajustes instrumentales; un sonido sobrecargado que también afectó a los primeros acordes de 'La vieja escuela' y que obligó a retomar el inicio 'Te lo digo a ti', explosión de rabia musicalmente ya calibrada.

Poco tardaron en regresar los de Tres Cantos, con un pabellón estrellado de linternas de móvil, para ofrecer una visión minimalista de 'Si nos quedamos solos en el mundo', última de las novedades, y 'Consejo de sabios', inicio del "descenso del río".

Sin pasar ni un momento por 'Figurantes', trabajo de 2024 que guio sus últimos conciertos, Vetusta Morla puso el punto y final a esta primera aproximación a 'Gira de vuelta, canciones de ida' con dos himnos atemporales de su discografía, 'Copenhague' y 'Los días raros', para despedirse de Barcelona tras dos horas de música y fijar próximos objetivos en València, Pamplona, Málaga, A Coruña, Sevilla y Madrid.