La diferente realidad en las zonas hutíes del Yemen: alegría militar o lucha por el pan

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Jaled Abdalá

Saná, 23 sep (EFE).- La alegría se ha extendido por el noroeste del Yemen, controlado por los rebeldes chiíes hutíes, después de que los recientes avances de sus unidades ofrecieran un inusual momento de optimismo. Pero la ofensiva también ha generado una realidad diferente: la lucha por el pan diario y la huida de los hogares.

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"Logramos salir, pero no tenemos comida suficiente para mantenernos. Mendigamos a los habitantes de aquí", dice a EFE Muhammad Qasim, que huyó de los combates en la ciudad portuaria de Moca, a orillas del mar Rojo, y que ahora se encuentra en un campo de desplazados en el distrito de Al Maafir, en la provincia de Taiz, también foco de la violencia de los hutíes contra las fuerzas gubernamentales.

El pasado julio, se rompió la tregua de facto que había en el Yemen desde 2022 entre la coalición militar liderada por Arabia Saudí que apoya al Gobierno yemení reconocido internacionalmente y los hutíes -respaldados por Irán- tras un conflicto que comenzó a finales de 2014 y se intensificó en 2015.

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Este mes, los insurgentes tomaron Moca y avanzaron hacia el estrecho de Bab al Mandeb, que es la puerta de entrada a esa vía marítima crucial para el comercio internacional, mientras que también se hicieron varias islas.

De hecho, la costa occidental se ha convertido en el centro de la última escalada militar. Los hutíes han logrado avances en partes de Al Hudeida y Taiz, mientras las fuerzas alineadas con el Gobierno y respaldadas por Riad han respondido con ataques aéreos.

"Muchos familiares míos siguen atrapados dentro de Moca y no pudieron salir. Ni siquiera puedo llamarles por teléfono para saber cómo están", asegura a EFE Jamila Othman, otra mujer desplazada.

Los combates han provocado nuevos desplazamientos en comunidades que ya habían acogido sucesivas oleadas de personas expulsadas de sus hogares por la larga guerra del Yemen.

Un total de 129.438 personas se han visto obligadas a dejar sus hogares en siete provincias del oeste de Yemen por la ofensiva, informó este lunes la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU (OIM), a lo que se suma más de 3.100 personas que han cruzado el mar Rojo desde el Yemen hasta Yibuti como refugiados.

Además, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), desde el 6 de agosto la cifra de muertos por los combates en los múltiples frentes del país alcanza los 674 y 2.998 los heridos.

Pese a esta tragedia, para los hutíes sus avances son una prueba de que sus fuerzas pueden resistir a las tropas gubernamentales respaldadas por el país vecino.

"Estamos felices porque sentimos que nuestros muyahidines (combatientes) han logrado una victoria para el Yemen", afirma a EFE Hamza Abdul Kareem, de 42 años, un simpatizante del grupo en Saná.

"Estábamos esperando este momento y hoy se puede ver aquí la felicidad en los rostros de la gente", añade.

También Fatima al Marwani, de 34 años, indica que el ambiente es de alivio tras semanas de tensión.

"Hemos vivido tiempos difíciles, así que cuando escuchamos que nuestras fuerzas han avanzado, nos sentimos felices y esperanzados", dijo la maestra de primaria.

La ONU y las organizaciones de ayuda han advertido repetidamente sobre la falta de financiación y las restricciones a las operaciones humanitarias en las zonas controladas por los hutíes.

"El acceso a las poblaciones más afectadas, especialmente cerca de las zonas de primera línea del conflicto, es extremadamente difícil. Por eso, hacemos un llamamiento para acceder a la población más afectada para poder entregar ayuda a la gente" del Yemen, alertó la directora regional de Emergencias de la OMS para el Mediterráneo Oriental, Annette Heinzelmann, en una conferencia en El Cairo celebrada este martes.

El plan de respuesta humanitaria de la ONU para el Yemen ha recibido una financiación muy insuficiente, mientras las agencias se han visto obligadas a priorizar a las comunidades más vulnerables.

"No es solo que la gente tenga hambre", indica a EFE dijo Osama Abdullah, un voluntario comunitario que participa en iniciativas de ayuda.

"Es que están agotados económica y emocionalmente. Cuando llevas años tomando decisiones imposibles, cada nueva escasez se siente como una catástrofe", zanja. EFE