Cali (Colombia), 10 sep (EFE).- A las 7:34 de la mañana de este jueves, cuando se cumplía exactamente un mes del terremoto que sacudió al centro y suroeste de Colombia, las campanas de todas las iglesias en la ciudad de Cali comenzaron a sonar.
Durante 90 segundos, los templos repicaron sus campanarios en memoria de las 154 personas que murieron en la tragedia en esa ciudad, capital del departamento del Valle del Cauca, así como de las 331 en total que fallecieron en todo el país.
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El sonido se extendió por distintos barrios mientras, en las calles, los vehículos detuvieron por un instante su marcha y sus bocinas se sumaron al homenaje.
En la parroquia María Inmaculada, en el barrio Capri, las lágrimas aparecieron entre quienes acudieron a la ceremonia, que estuvo acompañada del vuelo de 154 globos blancos y rosas blancas como símbolo de memoria.
Entre los asistentes estaba Miryam Reyes, una adulta mayor que acudió a la parroquia para recordar a sus vecinos y amigos, y cuando miró a los lados, notó que varios faltaban.
"Eran amigos, eran personas con las que compartía día a día. Estar aquí y escuchar las campanas me genera nostalgia", relató Reyes a EFE quien recordó que el terremoto la sorprendió en el baño y que logró salir con vida. "Hoy puedo gozar de una segunda oportunidad", agregó.
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En Cali, el terremoto dejó más de 1.500 personas heridas, de las cuales 29 permanecen hospitalizadas y seis están en unidades de cuidados intensivos.
"Esto es una tragedia que ha golpeado lo más profundo de Cali y que nos va a tener en una maratón de trabajo y reconstrucción durante tres años, pero seguiremos adelante", dijo durante el homenaje el alcalde de la ciudad, Alejandro Eder.
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El mandatario local también recordó que la magnitud de la tragedia pudo haber sido mucho mayor. Según explicó, "si el terremoto hubiera durado diez segundos más, alrededor de 400 edificios adicionales podrían haber colapsado y la cifra de muertos y heridos se habría multiplicado".
Detrás de las cifras, insistió el alcalde, hay historias de familias que perdieron sus viviendas, sus ahorros y, en algunos casos, a varios de sus integrantes.
"Tenemos que darle gracias a Dios, pero tenemos que ser conscientes del reto que tenemos al frente. Esto no es un número y ya. Aquí hay vidas detrás", afirmó Eder, al recordar que hay adultos y mayores que hoy deben dormir fuera de sus hogares y familias que, después de perder a sus seres queridos, también perdieron el patrimonio construido durante toda una vida. EFE
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(foto)(vídeo)
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