La guerra de Irán expone los límites de un golfo Pérsico que busca diversificar alianzas

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Carles Grau Sivera

El Cairo, 26 ago (EFE).- En seis meses de guerra, los países árabes del golfo Pérsico han respondido de manera muy diferente a los ataques de Irán, han creado nuevas alianzas de seguridad regionales y han experimentado desafíos que han expuesto los límites estructurales de una de las zonas más ricas en petróleo del planeta.

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La unidad no define al Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), una alianza política y económica de las seis potencias árabes -Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Catar, Omán, Kuwait y Baréin- que mantiene discrepancias sobre Irán, intereses nacionales, percepciones de amenaza e incluso en conflictos en Oriente Medio.

"La guerra no ha creado estas divergencias; las ha sacado a la superficie de manera drástica, demostrando que es poco probable que su enfoque hacia Irán converja incluso después de que termine la guerra", asegura a EFE la investigadora del Centro de Estudios del Golfo de la Universidad de Catar, Sinem Cengiz.

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Incluso durante los ataques iraníes contra instalaciones militares, civiles y energéticas del CCG y el bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que circulaba la quinta parte de las exportaciones petroleras globales, los países árabes no forjaron una respuesta unificada ni aceleraron sus acuerdos de seguridad colectiva.

 El director del Institute for Gulf Affairs, Ali al Ahmed, recuerda a EFE que "los regímenes del CCG son históricamente inseguros y han dependido de una política de buscar protección estadounidense y occidental para sobrevivir", mientras que Washington "no hizo ningún esfuerzo por unir a sus aliados" árabes durante la guerra.

Esto se ha traducido en formas muy dispares a la hora de lidiar con Irán, explica a EFE el director ejecutivo de Gulf State Analytics, Giorgio Cafiero, especialmente en un contexto en el que dos de los países del CCG -Emiratos y Baréin- mantienen relaciones diplomáticas con Israel.

"Arabia Saudí, al igual que Catar y Omán, ha puesto mayor énfasis en el compromiso diplomático y la desescalada con Teherán, mientras que EAU se ha alineado más estrechamente con Washington e Israel, favoreciendo una postura belicista y agresiva contra la República Islámica", apunta el analista.

Omán, considerado un actor neutral, fue reticente a condenar los ataques iraníes contra el CCG y ha sido el país menos afectado por el conflicto, por lo que despertó "sospechas" entre las monarquías del Golfo al considerar que el sultanato anteponía su relación con Irán a los intereses de la región, defiende Cafiero.

Sin embargo, Mascate es un importante activo para el golfo Pérsico gracias a las negociaciones que mantiene con Teherán para establecer un mecanismo en Ormuz y, así, permitir la salida del petróleo que el CCG está tan desesperado por exportar desde el estallido de la guerra.

En un momento en el que el gran desafío del CCG es económico, al bloque no le queda otra que apoyar a Omán en este proceso crucial para poder vender crudo a gran escala. Si Irán mantiene el control sobre Ormuz, como dice Al Ahmed, "Kuwait podría perder su razón de ser si pierde su principal fuente de ingresos".

Pero esas conversaciones no han caído bien a Washington, que el pasado día 17 amenazó con bombardear Omán "sin piedad" si Mascate se interponía en su diálogo con Teherán sobre Ormuz, una advertencia a la que el sultanato no respondió.

Los mecanismos de defensa conjuntos del CCG tampoco se han activado, muestra de la desconfianza entre sus socios y de los nuevos desafíos que se presentan, como la escalada entre Arabia Saudí y los rebeldes chiíes hutíes del Yemen, respaldados por Irán.

En medio de la inestabilidad, Riad ha tratado de blindarse con dos coaliciones: la recién fundada Alianza de Defensa Marítima Multinacional, para hacer frente al bloqueo del movimiento yemení en el mar Rojo; y el pacto tripartito de defensa con Turquía y Pakistán, las dos otras potencias del islam suní.

Ese último, firmado el 7 de agosto bajo el nombre de Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca, vincula la seguridad de los tres países, pero los analistas afirman que se trata más de un marco que busca de independencia tanto política como de defensa de Estados Unidos y del mundo árabe.

Al Ahmed asegura que el pacto de La Meca es "una respuesta al fracaso" de Washington, que a los ojos de Arabia Saudí no logró proteger al reino de los ataques iraníes, y una medida tomada después de que los saudíes "se hayan dado cuenta de que el poder estadounidense no es lo suficientemente bueno".

Pero Cengiz asegura que estos acuerdos "no suponen un desafío" ni un mensaje contra el CCG, y recuerda que han sido apoyados por países como Catar y Kuwait: "Más bien, es una forma de complementar el marco de seguridad existente mediante la diversificación de opciones", sentencia Cengiz. EFE