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Entre grietas y réplicas, damnificados en Quibdó intentan seguir adelante tras terremoto

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Esneyder Negrete

Quibdó (Colombia), 13 ago (EFE).- Mientras las autoridades intentan completar el censo de damnificados por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el lunes, en Quibdó, capital del Chocó, las familias afectadas tienen un diagnóstico propio: casas inhabitables, paredes a punto de colapsar y un futuro lleno de incertidumbre.

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Nilson Hinestroza y Yerlin Perea viven a pocas calles de distancia en el barrio Jardín, sector Las Dalias, y, aunque nunca imaginaron que sus historias terminarían unidas por una catástrofe, hoy representan el drama de quienes, en cuestión de segundos, vieron desaparecer el patrimonio construido durante años.

Nilson recibe a EFE en una de las habitaciones de su casa, un espacio que conserva pocos rastros de la vida cotidiana que existía antes del terremoto y en el que ahora camina con cuidado entre los escombros mientras señala los puntos donde la estructura cedió y explica que los ingenieros que inspeccionaron la casa fueron categóricos.

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"La pérdida es total. No hay ningún muro que pueda recuperarse. Todos tienen que ser demolidos", asegura a EFE.

El suelo está cubierto por fragmentos de concreto, varios muros se vinieron abajo y las grietas se extienden desde el techo hasta el piso.

Cinco personas habitaban la vivienda, aunque en el momento del terremoto solo estaban él y su esposa, una circunstancia que, según reconoce, evitó una tragedia mayor porque ambos lograron salir antes de que algunos muros se desplomaran.

Los ingenieros calcularon que reconstruir su vivienda costará entre 60 y 70 millones de pesos (entre 19.000 y 22.000 dólares), una suma inalcanzable para la familia, que ahora necesita conseguir una casa en arriendo, encontrar un lugar donde almacenar los objetos que rescató y esperar a que los escombros sean retirados para intentar empezar de nuevo.

"He recibido un mercado y dos colchonetas, pero no sabemos qué va a pasar. Uno espera el apoyo del Estado, una información que le permita saber qué hacer, pero hasta el momento no hemos recibido ninguna respuesta", lamenta.

Minutos después de abandonar la vivienda, la tierra vuelve a sacudirse y, aunque el movimiento dura apenas unos segundos, es suficiente para interrumpir la conversación y recordar que la emergencia sigue presente en una ciudad que continúa registrando réplicas desde el lunes.

A pocas calles de allí, otro grupo de vecinos permanece reunido en un patio improvisado, donde las conversaciones giran alrededor de las mismas preguntas: dónde pasarán la noche, cuándo podrán regresar a sus viviendas y quién los ayudará a reconstruirlas.

En medio del grupo está Yerlin Perea, una mujer que habla con serenidad, aunque sus palabras describen un panorama devastador.

"La casa prácticamente está destruida. No hay nada que recuperar", afirma a EFE.

Su familia está conformada por tres hogares distintos: el de su madre y los de sus dos hermanos, una distribución habitual en muchos sectores populares de Quibdó, donde varias generaciones comparten un mismo terreno; sin embargo, las tres viviendas colapsaron.

Por esa razón, cuando enumera las necesidades de la comunidad, evita hablar de alimentos porque asegura que los vecinos han encontrado la manera de organizarse mediante ollas comunitarias y redes de apoyo que les han permitido sobrellevar los primeros días de la emergencia.

Lo que realmente necesitan, dice, son materiales de construcción: "Le pedimos al Gobierno que nos ayude con arena, cemento, varillas (de hierro) y bloques. La alimentación la resolvemos entre nosotros", sostiene.

En Quibdó las autoridades siguen intentando dimensionar el impacto del terremoto, aunque en este barrio la magnitud del desastre no se mide en los informes oficiales, sino en los espacios vacíos que dejaron las viviendas destruidas y en la incertidumbre de quienes, después de sobrevivir, intentan reconstruir sus vidas. EFE

(foto)(video)