Jairo Mejía
East Rutherford (EE. UU.), 19 jul (EFE).- El mundial de fútbol más largo de la historia volvió a dar momentos inolvidables, a servir de escenario para histerias y mitos nacionales, a invitar a introspecciones que trascienden el deporte y, en una final convertida en un escenario poliédrico, puso a España en lo más alto del mayor espectáculo del planeta.
PUBLICIDAD
"El fútbol es el espejo del mundo", dijo en 1995 el escritor uruguayo Eduardo Galeano. Y en este Mundial de 104 partidos el mundo ha tenido más tiempo que nunca para mirarse en su reflejo y descubrir algunas de sus virtudes y vergüenzas.
Los noruegos de Erling Haaland mostraron su orgullo vikingo; México, la esperanza del "Y si, sí", mientras que las eliminaciones de Países Bajos, Turquía, Corea del Sur o Alemania alimentaron crisis en las que muchos quisieron ver cualidades perdidas no solo en el once que salta al campo, sino en todo el colectivo nacional.
PUBLICIDAD
Cabo Verde, el país más pequeño en llegar a la fase de eliminación directa de un Mundial, se irguió como un David moderno contra varios Goliats mundialistas (España, Uruguay y Argentina).
Solo el fútbol puede hacer que 2.700 millones de personas (la audiencia global del Argentina-Cabo Verde, según la FIFA), dos de cada tres habitantes del planeta, griten al unísono por el gol del empate 2-2 de Sidney Lopes Cabral en el tiempo extra, algo que convierte ese momento en uno de los lances deportivos más seguidos de todos los tiempos.
PUBLICIDAD
El mundo también pudo verse en el mercantilismo de la FIFA. "El mundial del 1 %" lo llamaron por el precio de las entradas, la ingeniería de reventa diseñada por la propia organización y hasta por las pausas de hidratación, que lo aficionados -que las abucheaban- vieron como un intento de llenar los partidos de publicidad, pese a las justificaciones sobre la logística.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, fue criticado hasta en la final y fue difícil discernir si los abucheos cuando ingresó al campo para entregar las medallas eran contra él o contra el presidente estadounidense, Donald Trump.
En la final no faltó nadie: Trump quiso quedarse con el capitán español Rodri Hernández en el escenario tras entregar el trofeo, pero fue la familia real la que saltó con 'la Roja', que suma una segunda estrella a su uniforme.
PUBLICIDAD
Los líderes de México, Canadá y España, Claudia Sheinbaum, Mark Carney y Pedro Sánchez, respectivamente, dejaron por un momento de lado sus tensiones con Trump y compartieron palco, saludos y conversaciones.
Completaron el caleidoscópico plantel del estadio de Nueva Jersey Tom Cruise, BTS o Shakira, que actuaron para un estadio lleno de famosos y de aficionados dispuestos a pagar hasta 40.000 dólares.
Infantino dijo que la FIFA es el "proveedor de felicidad de la humanidad", pero en Irán, Egipto o Inglaterra no todos lo creyeron.
Fue el final de la carrera mundialista de leyendas como Lionel Messi, que sucumbió a la organización de España, del portugués Cristiano Ronaldo, el brasileño Neymar Jr. o del croata Luka Modric.
Para España fue un momento de éxtasis y como también dijo Galeano para el comienzo de "esa melancolía irremediable que todos sentimos después del amor y al fin del partido". EFE
(foto)
Últimas Noticias
México confía en que ausencia de Gilberto Mora no afectará a sus selecciones menores
Los Reyes y Pedro Sánchez reciben a los campeones del Mundo: "Sois un conjunto estelar y legendario"

Alrededor de 120.000 personas esperan en Cibeles la llegada de los campeones del Mundial
El domingo deja récord de temperaturas mínimas más altas en un mes de julio en A Coruña y Castelló-Almassora (Castellón)
