Los bancos europeos cuentan con una posición sólida para absorber el impacto de la guerra de Irán, según S&P

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Los bancos europeos cuentan con suficientes niveles de capital, liquidez y rentabilidad para afrontar el impacto y los riesgos del conflicto en Oriente Próximo, entre los que se incluyen un crecimiento económico moderado, una menor confianza de los consumidores y empresas, y tipos de interés e inflación elevados, según el último informe de las perspectivas del sistema bancario elaborado por la agencia S&P.

En esta línea, la agencia de rating ha concluido que las perspectivas sobre las calificaciones de las entidades financieras continúan estables, con algunas en terreno positivo, y que las sólidas ganancias registradas por los bancos van a permitir compensar de manera suficiente las pérdidas crediticias, que previsiblemente se incrementarán.

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"Los sólidos beneficios de los bancos son suficientes para compensar las mayores provisiones para créditos. Los efectos indirectos de las subidas de los tipos de interés y la inflación también podrían perjudicar al sector inmobiliario comercial y a los bienes de consumo discrecional", indica el informe.

Asimismo, S&P ha destacado las perspectivas de rentabilidad de BBVA, Santander, UniCredit e Intesa Sampaolo, que sitúan entre los objetivos más ambiciosos de todas la entidades analizadas.

"Si bien prevemos un menor crecimiento del crédito, posibles presiones sobre los costos y una calidad de los activos algo inferior, las tasas de interés más altas podrían mejorar los márgenes de la mayoría de los bancos", destaca el informe.

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Sin embargo, la presión de las tensiones geopolíticas dejan en el aire la evolución descritas las entidades que podrían variar en función de cómo ocurra la reapertura gradual del estrecho de Ormuz, así como la moderación de los precios de la energía y las materias primas y la reducción de las interrupciones en las cadenas de suministro.

De la misma manera, la agencia de rating ha advertido que el elevado déficit fiscal de países como Francia, España e Italia podrían suponer un riesgo estructural que podría elevar los costes de financiación bancaria en caso de deteriorarse la calidad crediticia soberana.

S&P estima que el producto interior bruto de la eurozona crezca en 2026 a un ritmo del 0,5%, mientras que sus perspectivas para la economía española determinan un crecimiento económico del 1,7%.