Viena, 26 jun (EFE).- El porcentaje de mujeres que consumen drogas es mucho menor que el de hombres, pero el impacto en su salud y en sus vidas es mucho mayor, debido al generalizado sexismo en la sociedad, por lo que tienen menos acceso a terapias y tratamientos, advierte un informe de la ONU publicado este viernes en Viena.
"Las mujeres consumen drogas menos que los hombres pero, cuando lo hacen, el impacto en sus vidas es mayor", resume esa situación el Informe Mundial sobre Drogas 2026 de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Onudd).
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Solo el 25 % de quienes consumen drogas en todo el mundo son mujeres, una brecha que depende mucho de la región y de la droga. Por ejemplo, la diferencia de consumo de cannabis en Asia es mucho mayor (11 a 1) que en Oceanía, donde la proporción es de 1,4 a 1.
Por tipo de drogas, las mujeres consumen más éxtasis (32 % del total de usuarios), otras anfetaminas (28 %), cocaína (25 %), cannabis (24 %) y opiáceos (14 %).
Los hombres comienzan a consumir drogas a más temprana edad y, habitualmente, bajo la presión social y buscando sensaciones, mientras que las mujeres lo hacen más por temas de salud mental o dolores, según el informe.
"Las mujeres son más propensas a iniciar el consumo de drogas como un comportamiento de interiorización para lidiar con emociones negativas, mientras que los hombres suelen hacerlo como un comportamiento de exteriorización que incluye la impulsividad y la asociación con pares conflictivos o entornos disfuncionales", explica el informe.
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De hecho, se mencionan estudios que señalan que las mujeres son víctimas del llamado "efecto telescopio", es decir, empiezan a consumir a más edad pero tienden a avanzar más rápidamente hacia la dependencia.
Esa diferencia se manifiesta también en que mientras los hombres tienden a drogarse más en espacios públicos y ambientes festivos, las mujeres lo hacen en el ámbito privado y doméstico.
La Onudd alerta de que aunque solo el 25 % de las personas que se inyectan drogas son mujeres, ellas sufren una carga social y sanitaria mucho más pesada.
Por ejemplo, las mujeres que se inyectan drogas tienen un 20 % más de probabilidades de tener VIH.
Esa mayor vulnerabilidad está relacionada, según el organismo de la ONU, con las estructuras y relaciones de poder entre sexos que pueden aumentar la susceptibilidad hacia conductas de riesgo tanto sexuales como de inyección.
En el informe se menciona que las mujeres suelen empezar a inyectarse drogas de la mano de una pareja masculina, un contexto en el que pueden generarse situaciones de violencia.
"Esto puede incluir violencia física, sexual y psicológica, agresiones o acoso, lo que a menudo provoca trastorno de estrés postraumático y secuelas o lesiones a largo plazo", advierte el informe.
Pero las mujeres no sólo sufren consecuencias sanitarias más duras, como mayores niveles de ansiedad y depresión, sino también un mayor estigma social, especialmente si tienen hijos.
Otro aspecto en el que las mujeres consumidoras sufren esa desigualdad es en el del acceso a los tratamientos por adicciones.
En 2024, sólo recibían tratamiento el 4 % de las mujeres que sufrían trastornos por el consumo de droga, en comparación con el 11 % de hombres.
La Onudd explica esa diferencia no sólo en que el estigma social dificulta buscar ayuda, sino también en la escasez de servicios específicos, como los dedicados a salud reproductiva o psiquiátrica, la falta de ayuda para el cuidado de los niños o el miedo a perder la custodia. EFE
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