Los herederos de Manolo: bombo y trompeta

Guardar
Google icon

Atlanta (EE.UU.), 21 jun (EFE).- ‘Manolo el del bombo’ sigue presente en los mundiales con España. Acompañó a la selección española desde la Eurocopa de 1980 y este Mundial 2026 será el primero desde su fallecimiento. Su bombo seguirá sonando, esta vez en manos de David Cebollada, presidente de Marea Roja. Junto a Sete Fernández y su trompeta lideran la música y el ánimo de la afición en busca de la segunda estrella.

"El testigo de Manolo no lo puede recoger nadie. Era una persona única. Un personaje irrepetible que creó algo muy suyo y que nadie podrá sustituir jamás", explica Cebollada a EFE.

Sin embargo, por circunstancias del viaje, este Mundial le ha colocado en un papel especial. "Me tocará llevar el bombo porque Mario -compañero suyo en Marea Roja-, que suele hacerlo, no ha podido viajar. Intentaré hacerlo lo mejor posible porque esa también es una de las semillas que dejó Manolo después de tantos años junto a nosotros. Pero sustituirle es imposible", asegura.

PUBLICIDAD

Cebollada es una de las caras más conocidas de la afición española. Presidente de Marea Roja, la mayor peña de seguidores de la selección, con cerca de mil socios, ha convertido los partidos de España en una forma de vida. El encuentro ante Arabia Saudí será el número 123 en el que animará en las gradas. Una cifra construida a lo largo de cinco Mundiales, varias Eurocopas y decenas de amistosos y partidos de clasificación.

El esfuerzo para seguir a la selección española es grande. Más aún en un Mundial repartido entre Estados Unidos, México y Canadá, el de mayor distancia entre sedes de la historia. "A veces no se piensa demasiado en el sacrificio que hacen los aficionados. Este Mundial se juega en tres países enormes y la logística es muy complicada. Los desplazamientos son constantes y el gasto económico es muy importante", explica.

PUBLICIDAD

Una reflexión que comparte Sete Fernández, malagueño de 43 años y figura reconocible por el sonido de su trompeta. Debutó siguiendo a España en Alemania 2006 y este verano cumple veinte años acompañando a la selección en las grandes citas internacionales.

"No soy un aficionado cualquiera. Tengo que estar animando, intentando poner buena cara y transmitir alegría a todo el mundo. Tengo un trabajo doble dentro de la afición española. Debo llevarme bien con todos y asegurar que la afición se comporte como siempre, siendo la mejor valorada y reconocida por todos", señala a EFE antes de entrar al estadio de Atlanta para el partido frente a Arabia Saudí.

El segundo de los partidos de España en un torneo en el que Sete quiere estar presente en todos. Ha convertido la selección en una forma de vida. Una pasión construida a base de kilómetros, vacaciones organizadas con meses de antelación y una planificación económica que empieza prácticamente cuando termina cada gran torneo.

"Cuando acaba una fase final intento ahorrar para la siguiente. Voy guardando dinero para poder vivir esta experiencia. Este Mundial será más caro de lo normal, pero si hace falta pedir dinero para quedarme unos días más, lo haré", asegura.

Y es que la magnitud del desafío también es diferente, representando el torneo más complejo de seguir de la historia reciente, por las distancias entre sedes que obligan a recurrir constantemente al avión y los altos precios de las entradas.

"Este será el Mundial más difícil de vivir. No sólo por la cantidad de partidos, sino porque lo voy a hacer completo. Antes asistía a uno o dos encuentros. Ahora vamos a recorrer todo el torneo”, apunta.

La aventura la tiene prácticamente diseñada en su cabeza. La fase de grupos cubierta y, a partir de entonces, opciones abiertas para las eliminatorias, con Los Ángeles, Dallas, Miami, México… apareciendo en el horizonte en base a los resultados de la selección española.

"Hasta que no termine el partido de Guadalajara no sabremos hacia dónde nos moveremos. Cruzar Estados Unidos es como atravesar media Europa. Aquí todo se hace en avión y con escalas. Es mucho más complicado que en Alemania 2006, donde prácticamente todo se podía hacer en tren", recuerda.

Para Cebollada, el coste económico es solo una parte de su historia con la selección, que pondera por encima de todo.

"Contra Cabo Verde cumplí 122 partidos siguiendo a la selección y, si me pongo a echar cuentas, probablemente podría tener una casa mejor o haber cambiado varias veces de coche, pero prefiero invertir en experiencias. Prefiero vivir momentos antes que acumular cosas materiales", contesta.

"Muchas veces gasto mis vacaciones en seguir a la selección y eso significa renunciar a hacer otras cosas con la familia. Pero forma parte de esta pasión", completa.

Dos instrumentos diferentes, bombo y trompeta, pero una misma forma de entender la selección: "Sólo quien comparte mi pasión comprende mi locura", asegura David Cebollada.

Mientras España persigue la segunda estrella, el bombo y la trompeta siguen marcando el ritmo en las gradas. Manolo ya no está, pero su legado continúa sonando en cada partido. EFE