La violencia sexual en Sudán, el arma de guerra para humillar y desplazar a las mujeres

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Al Nur al Zaki

Jartum, 18 jun (EFE).- La guerra civil en Sudán ha usado la violencia sexual como un arma estratégica para humillar a las mujeres y forzar su desplazamiento, en un contexto en el que el colapso sanitario deja a muchas víctimas sin atender, una realidad que marca el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos.

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Un informe de la Unidad de Lucha contra la Violencia contra la Mujer y los Niños (CVAW, en sus siglas en inglés), dependiente del Ministerio de Desarrollo Social sudanés, publicado esta semana, indica que la violencia sexual se convirtió en un arma de guerra sistemática impuesta por las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), en el conflicto con el Ejército sudanés desde el estallido de la guerra en Sudán el 15 de abril de 2023.

Mientras, organizaciones como Human Rights Watch (HRW) o Amnistía Internacional (AI) denunciaron en sus informes anuales de 2025 y 2026, respectivamente, que la violencia sexual se ha perpetrado sistemáticamente "por combatientes de ambos bandos del conflicto", no solo por las FAR, pero no aportan cifras concretas sobre las cometidas por las Fuerzas Armadas Sudanesas o sus fuerzas aliadas.

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La directora de CVAW, Amira Azhari, asegura a EFE que el departamento ha registrado 2.200 casos de violencia sexual desde el inicio de la guerra, y confirma que este recuento solo representa el 2 % de la realidad actual, en medio del colapso casi total de los servicios de sanidad y protección en las zonas afectadas.

Agrega que algunas mujeres vivieron en un "estado de esclavitud verdadera", con la privación de comida y bebida, mientras que fueron obligadas a consumir drogas, lo que duplica su necesidad de tratamiento físico y psicológico.

Azhari llama también a tomar medidas urgentes para ampliar servicios médicos para las víctimas, además de establecer refugios seguros para las mujeres y las niñas, y garantizar la persecución de los miembros de las FAR y los criminales para hacerles rendir cuentas a nivel internacional y local.

La fiscal general de Sudán y presidenta del Comité Nacional de Investigación para los Crímenes de Violaciones de la Ley Humanitaria Internacional en Sudán, Entisar Ahmed Abdelaal, denunció este lunes ante la ONU que las FAR cometen una violencia sexual amplia contra las mujeres "para humillarlas e imponer el control y desplazar a la población en todas las partes del país".

A esto se suma, añade por otro lado Azhari, la complejidad de abordar los casos de violaciones y violencia sexual en Sudán, algo sensible debido a las herencias sociales y complejidades legales y médicas, mientras "todavía hay debate sobre la legitimidad y la legalidad del aborto de las mujeres violadas".

Por su parte, el activista y asesor de la organización Amal (Esperanza, en español), Mohamed al Semani, señaló a EFE que la guerra en Sudán hizo brotar formas diferentes de violencia sexual, y que "los esfuerzos para luchar contra ella todavía son débiles y que no hay mecanismos eficaces".

Lamenta que las organizaciones de la sociedad civil que trabajan en este asunto no tienen potencial que le ayude a llevar a cabo su tarea, y afirma que se necesitan "refugios para acoger y cuidar a los niños nacidos de una violación para que no se dirijan hacia el crimen y la violencia".

Semani alerta de que se registraron casos de suicidio de víctimas de violación, mientras crece la desinformación sobre los casos de embarazo resultantes de la violencia sexual.

"Algunas madres lo ocultan", añade y, además, los niños que nacen como resultado de estos crímenes se convierten también en víctimas y sus historias se convierten en un "problema moral y ético humanitario abierto".

Resume que los retos más destacados que afrontan las organizaciones en este trabajo incluyen las pocas denuncias sobre los casos de violencia sexual, además de la debilidad de los servicios y la inexistencia del sistema sanitario en algunas zonas.

La formación y la disposición para recibir los casos no son suficientes, además de las complejidades legales y sociales relacionadas con la cultura y la difamación social, añade el activista.

Azhari, por su parte, concluye que "la protección de las mujeres es una condición principal para cualquier vía futura hacia la paz, la recuperación y la estabilidad en Sudán", país sumido en una guerra destructiva y sin un final a la vista. EFE