Ginebra, 28 may (EFE).- Suiza ha conmemorado hoy con distintos actos el primer año desde que un gigantesco alud sepultó el pueblo alpino de Blatten, donde gracias al equipamiento que permitió anticipar el desastre se evitó una tragedia que pudo costar muchas vidas, ya que el pueblo se evacuó días antes.
Una persona murió cuando el desprendimiento de lodo, rocas y hielo la sorprendió mientras se encontraba cuidando su rebaño, y sus restos tardaron un mes en ser encontrados.
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El resto de los 300 habitantes de la localidad sobrevivieron, pero sus vidas cambiaron definitivamente porque lo perdieron prácticamente todo y tuvieron que ser reubicados en otros lugares.
El alud se llevó por delante casas y chalets históricos, hoteles, comercios, una iglesia y un museo dedicado a Lötschental, el valle alpino más grande del cantón de Valais, el más visitado por sus cumbres alpinas y variada oferta turística de verano e invierno.
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En una de las catástrofes naturales más graves que se recuerden en Suiza, la avalancha destruyó más de un 90 % de Blatten, localidad que además hacia de puerta de entrada a los Alpes suizos Jungfrau-Aletsch, declarados Patrimonio Mundial por la Unesco.
Las compañías de seguros estimaron que las pérdidas económicas ascendieron a más de 340 millones de dólares.
Según un estudio científico en el que participaron expertos de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich y publicado poco después del alud, los glaciares son más vulnerables al cambio climático de lo que se pensaba hasta ahora.
Se teme que tres cuartas partes de su masa puedan desaparecer en los próximos siglos si nada cambia, un deshielo que provocaría que tragedias como la de Blatten se repitan.
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