Quito, 26 may (EFE).- Risas, ironía y una alta dosis de realidad se entretejen en la obra ecuatoriana de microteatro 'Con mis perrhijos no te metas', que analiza la tendencia de la sociedad actual a tener cada vez menos descendientes, pero que cría a mascotas como hijos.
¿Es un gesto de amor o una carencia emocional?, se pregunta el dramaturgo ecuatoriano Alfredo Espinosa quien lleva a escena la comedia escrita y dirigida por su compatriota Daniel Enríquez.
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Espejo incómodo y cuestionador de la sociedad contemporánea, la obra enfrenta la disyuntiva entre el amor a las mascotas, la responsabilidad hacia los humanos y la necesidad biológica de cuidar.
La obra sigue a un hombre y una mujer que viven en un condominio, ambos sin pareja, pero con perros.
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El formato escénico desencadena el conflicto prontamente, y en la primera escena, la mujer acusa al hombre de haber hecho algo contra su perro, él rechaza el señalamiento, y se enzarzan en una "guerra por los perrhijos, en donde lo que está en juego -desde la perspectiva del autor- es qué pasa cuando la gente pretende humanizar a un animal", explicó Espinosa a EFE.
Para Espinosa, que comparte tablas con la ecuatoriana Ana María Balarezo, "la tendencia actual es tener cada vez menos hijos por las dificultades económicas, sociales, pero también por el individualismo".
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A esto se suma la sociedad 'meritocrática' que exige más tiempo a la preparación académica en medio de economías afectadas por el desempleo, abundó.
"Hay un montón de factores que determinan que en este momento los hijos ya no sean una alternativa", a lo que se suman quienes "piensan que no vale la pena traer hijos a un mundo como este", añadió uno de los dramaturgos más incisivos en Ecuador.
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Todos estos factores se entrelazan en la obra que comenzará el 28 de mayo, en el 'Microteatro UIO', y que se centra en el fenómeno de "humanizar un animal, tratarlo como si fuera tu hijo sin la responsabilidad que tienes con otro ser humano cuando tienes que velar por él", observó.
Para Espinosa, al humanizar a los animales se podría dar "la sensación" de que el sujeto está "siendo extremadamente ético, bondadoso, amante del otro, sin tener que responsabilizarse realmente por el otro. Hay un desfase emocional", consideró.
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"Mi perro no es una mascota, es parte de mi familia", dijo tajante a EFE Samantha, una idea que se replica y que ha impuesto diversos cambios, como en el Registro Civil de Ecuador, que este mes instauró oficialmente las bodas 'Pet Friendly', permitiendo que las mascotas participen simbólicamente como testigos de la unión civil.
Reconocido por su mirada crítica, Espinosa defiende el buen trato a las mascotas, respeta la decisión de quienes no desean tener hijos, pero "el intentar convertir a una mascota (idealizar) en un ser humano para no sentirte solo, es un síntoma complejo de algún tipo de carencia emocional muy fuerte", apostilló.
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Actor y dramaturgo con más de tres décadas de trayectoria en teatro, cine y televisión, Espinosa remarcó en los posibles efectos de la situación para la sociedad: "Cuando no tienes ninguna responsabilidad con el otro, el otro deja de existir" y viceversa, pues "uno es humano en función de una condición de alteridad".
Esto, sumado al aislamiento social, redes familiares debilitadas, envejecimiento poblacional y problemas económicos, crea la tormenta perfecta que, en grandes capitales, se traduce en que "los viejos se mueren solos, infinitamente tristes, y los encuentran cuatro semanas después".
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"Y han vivido vidas de una soledad absoluta y una tristeza y un dolor absoluto. Ojalá no lleguemos a eso" en Ecuador, finalizó. EFE
(foto) (video)
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