Noemí Jabois
Tiro (Líbano), 30 abr (EFE).- Bajo la sombra de un alto el fuego violado a diario, las víctimas se siguen acumulando en el Líbano, donde esta misma semana Israel cometió una de sus mayores masacres desde el inicio de la tregua: nueve muertos en la meridional Majdal Zoun, tres de ellos paramédicos de servicio.
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Fue el peor ataque de toda la guerra contra la Defensa Civil Libanesa, que este jueves despidió a sus tres miembros con un funeral conjunto en Tiro, en el sur del país. Familiares, compañeros y rescatistas de otras organizaciones les dieron el último adiós entre alaridos y pétalos de rosa lanzados al paso de los féretros.
Son las víctimas número 101, 102 y 103 del sector sanitario libanés desde el estallido del conflicto hace dos meses, pues Israel ha atacado a decenas de ambulancias y paramédicos mientras llevaban a cabo labores de emergencia, como hacían este martes Hadi, Hussein Ghadbouni y Hussein al Sati.
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"Bajaron allí con permiso del Ejército libanés y del mecanismo", dice a EFE el también rescatista Mohamad Khalife, en referencia al comité de supervisión del alto el fuego establecido en 2024, encabezado por Estados Unidos y Francia.
Antes del funeral en la sede de la Defensa Civil en Tiro, Khalife explica que las víctimas acudieron al lugar de un ataque previo y cuando intentaron salvar a un superviviente que gritaba desde debajo de los escombros, Israel les lanzó una bomba de sonido como aviso.
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Según su versión, el Ejército libanés les dio entonces luz verde para seguir adelante con el rescate, pero fueron igualmente alcanzados por un dron que les atacó "específicamente a ellos".
"Nos sentíamos seguros porque había alto el fuego y, además, nosotros, como Dirección de la Defensa Civil, no salimos sin permiso del Ejército. Si no conseguimos la autorización del mecanismo, no podemos salir. Estaban trabajando legalmente y con la orden internacional que se supone que nos protege", sentencia el compañero.
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Los tres habían partido de este mismo centro donde hoy se celebró su funeral, el cuartel general de la organización para el distrito de Tiro. Aquí, asegura Khalife, todos son "como hermanos", aunque él tenía una conexión "muy fuerte" concretamente con Hussein al Sati.
Antes de ser contratado, su amigo trabajó mucho tiempo como voluntario sin cobrar un céntimo, aunque en verdad los tres destacaban por sus ansias de ayudar, siempre dispuestos a desplazarse para cualquier operación "grande", como la explosión de Beirut en 2020.
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El director general de la organización, Imad Khreiss, se pregunta en declaraciones a EFE si hay un alto el fuego "real" o no: "Era un área civil y el edificio era un edificio civil, y el herido que estaba entre los escombros era civil", defiende, sobre la operación de rescate del martes.
El alto mando, que viajó hasta Tiro para el funeral, corrobora que estaban en contacto con el Ejército libanés y con "el mecanismo".
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"Necesitamos una investigación sobre lo que ocurrió, porque tres de nuestros hijos murieron allí. Necesitamos una respuesta real a qué pasó, eso es lo que pedimos a toda la comunidad europea y toda la comunidad internacional que nos digan", reclama Khreiss.
De tanto en tanto, resuena alguna explosión en la distancia, prueba de los bombardeos y las detonaciones de viviendas que continúan en el sur del país. Solo hasta el mediodía de este jueves de pseudotregua, el Ministerio de Salud Pública había anunciado nueve muertos y 23 heridos en varios ataques israelíes.
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Pese a ello, un gran número de familiares y amigos de los tres rescatistas acudieron a Tiro con fotografías de sus seres queridos fallecidos. Entre ellos, la tía de uno de los jóvenes, que acompaña a su pequeña sobrina nieta.
"Creció huérfano y ahora ha dejado huérfanos a sus hijos. Me ha quemado el corazón", grita la mujer, parte de una larga hilera de mujeres vestidas de negro congregadas en el patio del cuartel.
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Dos de las víctimas serán enterradas en sus localidades de origen, Tiro y Samaiyeh, respectivamente, pero Hussein Ghadbouni tendrá que esperar al final de la guerra para ello.
Su primo explica a EFE que será enterrado en Tiro bajo un ritual conocido como 'wadiaa' o 'entierro provisional', permitido en el islam chií para circunstancias excepcionales que impiden dar sepultura definitiva a un cuerpo, como un conflicto armado.
La familia es de Naqoura, una localidad a escasos 20 kilómetros al sur de esta ciudad, pero que actualmente está ocupada por las tropas israelíes, al igual que muchas otras en la franja fronteriza del Líbano.
"No se puede ir allí", lamenta el hombre, que se quedó "en shock" al recibir la llamada que le comunicó el fallecimiento de su primo.
"Hussein era una persona virtuosa, una persona que se solidarizaba con todas las causas humanitarias. Era una persona querida no solo por su familia, sino por toda la gente que le conoce, y fue mártir por ser voluntario en la Defensa Civil para ayudar a la gente", concluye. EFE
(foto)(vídeo)