Premios del Patrimonio Europeo a iniciativas ucranianas que trabajan en medio de la guerra

Guardar

Rostyslav Averchuk

Leópolis (Ucrania).- Los ucranianos ganadores de los Premios Europeos del Patrimonio/Europa Nostra 2026 celebran la distinción y la ven como una oportunidad para atraer una mayor atención internacional a la cultura amenazada por la invasión rusa.

Dos iniciativas y una gestora cultural de Ucrania figuran entre los 30 ganadores seleccionados entre 261 candidaturas de 40 países por la Comisión Europea y Europa Nostra, una red paneuropea de organizaciones patrimoniales.

“Recibir un premio de este nivel es un gran honor para todo nuestro equipo. Al mismo tiempo, supone una gran responsabilidad para nosotros”, declaró Leonid Marushchak, director de la ONG “Museo Abierto a la Renovación”, una de las galardonadas.

Es importante presentar el patrimonio cultural ucraniano "no solo a través de estadísticas sobre pérdidas o la magnitud de las amenazas, sino sobre todo a través de las historias de objetos y personas concretas", señaló Marushchak en una rueda de prensa en línea a la que asistió EFE.

Antes de la invasión rusa a gran escala la iniciativa de Marushchak se centraba en la modernización de los museos ucranianos. Desde 2022 se ha orientado hacia la evacuación de objetos culturales de las zonas del frente, a menudo con gran riesgo personal.

El equipo desarrolló una metodología práctica para el embalaje y transporte de colecciones en condiciones de emergencia y ha rescatado iconos frágiles, cerámica, archivos y esculturas monumentales.

En una de las operaciones más complejas se rescató un león de piedra medieval de las ruinas del Museo de Historia Local de Bajmut mientras se libraban violentos combates callejeros en las inmediaciones.

En 2024 el equipo salvó la escultura "Ciervo de origami" de la artista contemporánea ucraniana Zhanna Kadirova de Pokrovsk, justo antes de que las fuerzas rusas entraran en la ciudad. La obra representará a Ucrania en la 61.ª Bienal de Venecia en 2026.

Otra ganadora, Marina Gritsenko, recibió el premio a título póstumo por haber salvado más de 17.000 obras del Museo de Arte Hryhorii Galagan en Cherníguiv.

Cuando la ciudad fue sitiada, en febrero de 2022, su conservadora principal se instaló en los edificios del museo con su hija de 12 años. Envolvió valiosas pinturas en ropa vieja y las trasladó a un almacén en el sótano en medio de los continuos ataques.

En 2023, Gritsenko se unió al ejército ucraniano como paramédica. Murió en el frente en 2025 mientras atendía a los heridos.

“Sus acciones ponen de manifiesto la vulnerabilidad de la memoria cultural en tiempos de guerra y son testimonio de su extraordinaria valentía”, señaló el jurado del premio.

Olena Afanasieva, líder de la ONG "Totem", con sede en Jersón, considera que el premio es un reconocimiento de que las iniciativas ucranianas ya se consideran una parte valiosa del panorama cultural europeo.

“Estoy muy contenta de tener la oportunidad de hablar desde un influyente escenario europeo sobre (la pintora) Polina Raiko y sobre el genocidio cultural perpetrado por Rusia”, subrayó Afanasieva, cuya ceremonia de entrega de premios se celebrará en Chipre el 28 de mayo.

Durante años, Afanasieva ha defendido la obra de Raiko (1928-2004), una artista autodidacta de la ciudad de Oleshki, actualmente ocupada, en la región de Jersón, que comenzó a pintar a los 69 años tras sufrir tragedias personales.

Sus vívidas pinturas, que representaban "pájaros, ángeles, plantas y símbolos extraídos de la memoria, la fe y la imaginación", convirtieron su modesta casa en una atracción para cientos de visitantes antes de la guerra.

Gran parte de su obra artística fue destruida por las catastróficas inundaciones que siguieron a la destrucción de la presa de Kajovka en 2023.

“Oleshki está prácticamente desierto y no nos atreveríamos a pedirle a nadie que inspeccionara el edificio debido a los riesgos que supone estar en la zona de combate”, declaró Afanasieva a EFE.

La iniciativa se centra ahora en preservar el legado de Raiko mediante la digitalización. Antiguos visitantes aportaron fotografías para crear un archivo de unas 2000 imágenes, y los libros con sus dibujos se distribuyen en bibliotecas y librerías.

“Su historia es tan relevante porque es la historia de una sencilla mujer ucraniana que aprendió a transformar su dolor y su pérdida en belleza, algo que nos da fuerza incluso después de tantos años”, señaló Afanasieva.

“No podemos perder nuestro patrimonio mientras sigamos sin estar dispuestos a renunciar a él”, añadió.EFE

 (foto)