La sombra de una intervención de EEUU se cierne sobre Cuba a 65 años de Bahía de Cochinos

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Juan Palop

La Habana, 17 abr (EFE).- La sombra de una intervención militar estadounidense contra Cuba se cierne este viernes sobre el 65 aniversario del fallido intento de invasión de Bahía de Cochinos, pero en un escenario político, económico y militar esencialmente distinto.

El 17 de abril de 1961, unos 1.500 exiliados cubanos -entrenados y financiados por EE.UU.- desembarcaron en Bahía de Cochinos con el objetivo de derrocar al incipiente Gobierno revolucionario de Fidel Castro, pero la iniciativa resultó un estrepitoso fracaso.

65 años después, el Pentágono está preparando planes para una posible operación militar en la isla, según medios estadounidenses, y el presidente de EE.UU., Donald Trump, avanzó esta semana que posiblemente se centrará en Cuba cuando concluya la guerra con Irán.

Por su parte, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ha instado a sus ciudadanos a estar "listos" ante una potencial "agresión militar". "No la queremos (la guerra), pero es nuestro deber prepararnos para evitarla y, si fuera inevitable, ganarla", aseguró este jueves vestido de militar en un acto público.

El profesor de Historia de la Universidad de La Habana Fabio Fernández considera que, pese a que el meollo de la cuestión permanece inamovible, la situación de Cuba y Estados Unidos entonces y ahora son sustancialmente diferentes.

"La lógica del conflicto es la misma", asegura Fernández, y describe el choque entre la "proyección expansionista e imperial" de EE.UU. y la decisión de un país de no plegarse a ese dominio "en su zona de ejercicio explícito de la hegemonía".

A partir de ahí, "buena parte de los otros factores que intervienen" y apunta a elementos sociales, políticos y militares "se mueven por caminos de clara diferenciación", señala.

Entonces, prosigue Fernández, la revolución gozaba de "un enorme apoyo popular", mientras que en la Cuba de hoy "los consensos políticos de ayer se han erosionado, primero, y fracturado después" en parte porque la isla vive en "un escenario de crisis muy agudo".

"Si en el 61 tenías claramente a un pueblo dispuesto a inmolarse para defender al país de una agresión", compara este historiador, en la actualidad hay "segmentos de la población" con una "distancia creciente respecto al Gobierno y su gestión" que podrían "asumir dinámicas menos beligerantes respecto a una agresión estadounidense".

"Ésta es una diferencia importantísima", recalca.

Fernández resalta también el fervor político de los primeros años de la revolución cubana, que había triunfado en 1959 e iniciado profundas transformaciones como la reforma agraria, la campaña de alfabetización o las nacionalizaciones en industrias clave.

"En el 61 Cuba estaba encabezada por ese líder carismático y con unas dotes también para el arte militar que era Fidel Castro. Hoy no tenemos un liderazgo equivalente", señala.

El contexto geopolítico también es claramente diferente, explica. La invasión de Bahía de Cochinos tuvo lugar en plena Guerra Fría y Washington moderó su apoyo a la iniciativa de los exiliados ante la posibilidad de una "represalia" por parte de la Unión Soviética ya que temía especialmente por Berlín occidental.

Esa "variable geopolítica", ese factor de contención para EE.UU., está hoy "mucho más limitado", considera Fernández, quien señala asimismo que el apoyo social de la actual administración estadounidense es menor que el que tenía hace 65 años el entonces presidente, John F. Kennedy.

En el aspecto militar, subraya que el sistema defensivo actual cubano es, al menos en el papel, "más sólido" que el de 1961, aunque afirma que parece que ya "no está tan bien aceitado como en los años 80".

Fernández recalca que, pese a ciertos factores adversos, Cuba mantiene un "ADN nacionalista" que, a su juicio, "sería capaz de sobreponerse a las propias dinámicas de erosión y fractura del consenso" a la interna y "de movilizarse más allá de la distancia de mucha gente con la praxis del Gobierno".

Ese "nacionalismo radical", argumenta Fernández, "entiende que la soberanía del país no puede ser puesta en discusión y que ese país mejor no nacería nunca de una agresión norteamericana". EFE

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