Noemí Jabois
Qlayaa (Líbano), 2 abr (EFE).- James Farah ya vivió varias ocupaciones israelíes del sur del Líbano, incluida la gran invasión de 1982 a 2000, y no pretende moverse de la región pese a las nuevas amenazas del Estado judío, al igual que cientos de otros vecinos aún aferrados a sus tierras tras un mes de conflicto.
Esta semana, el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, anunció su intención de controlar el sur del Líbano para establecer "una zona de seguridad" hasta el río Litani, confirmando los miedos surgidos en las últimas semanas sobre la ocupación de una franja que representa el 8 % del territorio libanés.
En este nuevo escenario, los vecinos de varias aldeas principalmente cristianas que se han resistido a marcharse en medio de la guerra afirman que mantendrán sus planes de permanecer pese a las amenazas de una nueva invasión a largo plazo.
"Hace cien años, nuestros padres, nuestros abuelos decidieron quedarse pese a todos los problemas que enfrentaron y nosotros estamos siguiendo el mismo camino", sentencia a EFE Farah, de 57 años y residente de Qlayaa, un pueblo cristiano a menos de 5 kilómetros de la frontera con Israel.
Explica que ni él ni su familia han abandonado jamás esta aldea, en la que ya vivía antes de que los israelíes pusieran fin en 2000 a su invasión más larga de los últimos tiempos.
Farah pertenece a una generación de libaneses que ha sido testigo de cinco ocupaciones de diferente envergadura, en 1978, 1982, 1985, 2006 y 2024. Y en ese último conflicto, finalizado hace menos de año y medio, permaneció también junto a buena parte de Qlayaa.
"Desde el inicio, durante los últimos dos años, decidimos permanecer en nuestra aldea y no irnos para evitar que personas foráneas vengan aquí a hacer la guerra", cuenta, mientras los bombardeos resuenan con cada vez más frecuencia a poca distancia.
Para este residente, el principal aliciente es evitar que sus hogares sean destruidos por la violencia si se quedan vacíos y el principal apoyo son el resto de vecinos, pues se ayudan unos a otros "en todo" y "siempre" están ahí para cualquiera que necesite una mano.
Pase lo que pase, defiende, se quedarán aquí y San Jorge los mantendrá a salvo.
El alcalde de Qlayaa, Hanna Daher, asevera a EFE que el 90 % de la población sigue en la localidad y que solo unas 300 personas se fueron a causa de la violencia, sobre todo familias con niños, mujeres embarazadas o ancianos que precisan atención médica.
Incluso con el anuncio realizado estos días por Israel, los ciudadanos no quieren irse y siguen aferrados a la decisión tomada durante el anterior conflicto, según el responsable local.
"Todos los días tenemos problemas, pero luchamos para pasarlos", reconoce.
"Ahora hace una hora que salieron unas cuantas bombas de allá, porque pasan por aquí para llegar a Israel. Cayeron una allá más cerca de las casas, una en la otra parte, el resto pasaron a Israel", apunta Daher, señalando al valle desde donde disparó sus cohetes el grupo chií libanés Hizbulá.
Justo al otro lado de la aldea está Khiam, una de las áreas donde se concentran los peores combates entre el Ejército israelí y Hizbulá, que trata de contener su avance en territorio libanés.
De acuerdo con el alcalde, Israel les habría comunicado que no tiene intención de atacar el pueblo mientras no suponga una amenaza para sus tropas, por lo que Qlayaa ha decidido vetar la entrada a personas de otras zonas para asegurarse de que no es "bombardeada".
Además, por la peligrosa y desierta carretera que entra al pueblo desde el norte aún les llegan con cierta frecuencia camiones de ayuda.
"El problema es cuando se cierre el camino y no pueda llegar. Nosotros estamos haciendo como depósitos para aguantar hasta que se arregle la cosa si se cierra todo", declara Daher.
En el cercano pueblo de Burj al Malouk permanecen otras 150 familias, bastantes más que durante la última guerra de 2024, cuando las tropas israelíes avanzaron hasta la entrada de la localidad como parte de otra operación terrestre.
El teniente de alcalde, Mousa Gerges Alhumsi, indica a EFE que los vecinos que se vieron desplazados durante aquel conflicto fueron "humillados en las calles" y por eso, esta vez, más familias han decidido quedarse en sus casas. Y, espera, permanecerán pese a la amenaza de ocupación a gran escala.
"Nosotros no vamos a irnos, no vamos a irnos de nuestras casas, porque si te vas, no vas a poder volver. Tu casa y tu fortuna y tu vida; todo lo que has acumulado a lo largo de toda la vida y tu trabajo aquí", argumenta el número dos de Burj al Malouk.
"Hemos visto lo que ha pasado con los otros, hay gente que se fue y no ha vuelto", concluye. EFE
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